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62 Los domingos DOMINGO 19 6 2005 ABC LA GRACIA DE LAS PENAS (Viene de la página anterior) ri Carmen, la madre de la pequeña violada, que esta misma semana prendía fuego al agresor de su niña mientras éste disfrutaba en un bar de su jornada de asueto carcelario. Un dato revelador de la falta de comprensión por los legos, que somos casi todos, del intríngulis de la aritmética penal. Las matemáticas de la cárcel Está muy claro que el derecho no es una ciencia exacta- -apostilla a Los Domingos de ABC Julio Fernández, asesor del Gabinete de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias- La proporcionalidad y la intervención mínima rigen la aplicación del derecho penal. Todos los derechos penales del mundo, incluidos los de las dictaduras, establecen limitaciones absolutas en el cumplimiento de penas, y así lo vemos en el Código Penal franquista de 1944, que se revisó en 1973, y que es por el que están condenadas aún ciertas personas en España- -las que delinquieron antes del 96, cuando entra el nuevo Código- A veces resulta incomprensible que una persona que comete un asesinato se le condene a la pena máxima, 20- 25 años- -en el franquista a 30- y al que comete 28, también. ¿Por qué? Por razones de la acumulación jurídica con una limitación máxima absoluta. ¿Da igual matar a tres que a veinte? Pues sí. La comisión de un asesinato, veinte años, y un homicidio, quince años, no implican la acumulación material que sería la suma de las dos (35) sino la acumulación jurídica, que es de 25 años. Si uno de ellos es un asesinato cualificado, podríamos llegar a los 30 años. Y en caso de terrorismo o de varios asesinatos cualificados de los de 25 años, la jurídica sería de 40, a partir de la reforma de 2003 El arrepentido de la ETA Soares Gamboa, condenado a 1.500 años, obtuvo en ocho años el tercer grado penitenciario por colaborar con la justicia. A Valentín Tejero (abajo) que violó y asesinó en 1992 a la niña Olga Sangrador, se le sentenció a 50 años, logró en 2003, del juez de vigilancia penitenciaria, un segundo grado, que le podría facilitar permisos, y la Audiencia de Valladolid le anuló la gracia tética condena milenaria, según confirma el asesor de Interior. Y eso, sin contar con que celebren el setenta cumpleaños en el trullo y les provea el aniversario de algún regalito en forma de reducción. O sea, que por cada uno de los 192 muertos, 0,1 años de encerramiento, o como lo clava el pueblo lego que odia pelear con los decimales, un ratillo Más o menos lo que le sale al pistolero De Juana cada uno de sus 25 asesinatos (0,7 años por cadáver) al cumplir un total de 18 años de reclusión, paradójicamente el mismo tiempo que cumplió el grapo González Cambeiro por un solo delito de sangre. Si acaso doblares la vara de la justicia- -aconsejaba sabiamente nuestro Quijote- no sea con el peso de la dádiva, si no con el de la misericordia ¿Y qué compasión puede albergar el corazón de las víctimas de estos criminales? Julián Carnicero, superviviente de la atroz bomba de De Juana en la madrileña plaza de la República Dominicana, lo ha dicho con toda el alma: El atentado no me dolió tanto como su puesta en libertad. A mis doce compañeros muertos ya nadie les podrá dar otra oportunidad quila. Así, la cadena perpetua está descartada en nuestro sistema, aunque en otros países civilizados y democráticos como Alemania sí se permite. Se trata además de un castigo que no implica que vayas a estar toda la vida en prisión, sino que no hay unos límites máximos y que, según cómo vayas evolucionando, o te mueres entre rejas o sales en 30 años. El único sentido de dictar condenas que son inaplicables es la de mantener el simbolismo, que se vea que tenemos una ley estricta, que no perdona y que te hace ver que lo has merecido Otro problema en España, -añade el letrado- -es que el cumplimiento y ejecución de la pena nada tiene que ver con el tribunal que la dictó y enjuició al sujeto. Se desentiende a favor de la institución penitenciaria, que ahora tiene el control de los jueces de vigilancia, pero eso ya no es jurisdiccional sino penitenciario, regido por un criterio de flexibilidad y subjetivismo, que además se maneja con manos casi libres Autores del 11- M: 35 años Ahora bien, ¿qué ocurre con la ejecución de las sentencias? -inquiere el penalista Fernández- Si uno está condenado a cien años y la acumulación jurídica es de 40, 40 sería menos que la mitad de la pena, y este supuesto se corrige en el artículo 78 del Código, que establece que los beneficios penitenciarios de reducción de condena, la concesión del tercer grado y otros permisos, se computarán no conforme a los 40, sino a los cien, de tal suerte que, para obtener un permiso de salida, el tribunal sentenciador puede acordar que deberá cumplir la cuarta parte no de los 40, sino de los cien, lo que significa que hasta que no se hayan ejecutado 25 años efectivos no podrá salir de permiso. Pero cuando al condenado le quede por cumplir la quinta parte del límite, hablamos de los 40 años y, por tanto, haya cumplido 32, ya se le puede clasificar en tercer grado; y cuando le falte la octava parte- -haya estado 35- se le puede dar la libertad condicional Precisamente los 35 años que tendrán que cumplir los autores materiales del 11- M tras una hipo- Si llega la hora de excarcelar al mayor asesino, hay que hacerlo, aunque tenga los pensamientos criminales más perversos corrobora Instituciones Penitenciarias La única defensa, la vigilancia Pero ¿qué hacer con el psicópata que tiene veinte asesinatos? -reflexiona Fernández- Si al mayor criminal le llega la hora de que ha cumplido la pena impuesta, hay que excarcelarlo, aunque tenga el pensamiento criminal más perverso. Sólo nos podemos defender con la vigilancia, porque no se puede sancionar algo que no ha pasado. En derecho prevalece la razón jurí- dica, y no la razón de Estado Y en la ejecución de la pena lo que manda para saldarla cuanto antes es no crear problemas: camaradas de De Juana con un delito de sangre han pasado y pasarán más tiempo que él, con 25, entre rejas por protagonizar altercados en prisión. Al famoso Vaquilla sin ir más lejos, esa conflictividad le hizo, tras nuevas condenas, pasar toda su vida encerrado al transformar una primera pena de seis años en otra de cien. Antonio García Pablos, catedrático de derecho penal y criminólogo, habla directamente de penas ficticias, que son las que se imponen, y no de reales, y verdaderamente importantes, que son las que se cumplen e insiste en que todo esto emana de nuestra Constitución y de su espíritu de la resocialización de la pena, de manera que una condena de más de veinte años no resocializa sino que ani- El endurecimiento de 2003 Menos mal que con la reforma de 2003- -que establece el cumplimiento íntegro de las penas para terrorismo y a la que se opuso con su voto el actual ministro del Interior, José Antonio Alonso, cuando era vocal del CGPJ- -se ha pretendido, al menos, y aunque carezca de retroactividad, que la ejecución se aproxime a la condena real para que no haya esa distancia absurda, y por primera vez se exige que con penas de más de cinco años de cárcel no se pueda conceder el tercer grado si no se ha cumplido la mitad. También- -puntualiza Gar-