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ABC DOMINGO 19 6 2005 53 Un rebrote de la gripe aviar en Vietnam hace saltar las alarmas en la OMS Monseñor Rouco Varela ayer, al frente de la manifestación. A su izquierda, el obispo auxiliar de Madrid, César Franco pancartas, los gritos. No al desmadre, queremos padre y madre jaleaba un grupo de mujeres recién llegado de Baeza. Altavoces a todo volumen repetían las consignas, pero también música. Incluso hubo quien, a pesar del calor, se animó a echar un baile... Resultaron sorprendentes dos cosas: la gran cantidad de niños que acudieron junto a sus padres y la absoluta falta de insultos o descalificaciones. En contra de nadie. A favor del matrimonio Homosexuales sí, aberraciones no vociferaba el altavoz que dirigía a un gran grupo de andaluces. Entre los obispos, de los primeros en llegar fue el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, que se mezcló de inmediato con los asistentes, que no dejaban de saludarle y estrecharle las manos La Iglesia no está sola. Obispos, estamos con vosotros agitaba una anciana a su paso. decenas de metros por detrás, y tras la leyenda por el derecho a un padre y una madre los políticos hicieron lo propio. Y, finalmente, y tras el letrero Por la libertad de la familia las asociaciones y el resto de los manifestantes. Precediendo el cortejo, otra auténtica manifestación, la de los cientos de informadores (cámaras, redactores y fotógrafos) que cubrieron el acto y a los que la organización pedía continuamente que, por favor, avanzaran. Y en el cielo otra marcha más, esta vez de globos de colores, muchos de ellos con mensajes atados a sus cuerdas. No hubo incidentes. Apenas alguna lipotimia aislada y algún niño extraviado que fue inmediatamente restituido a los padres. No hubo insultos ni descalificaciones, a pesar de quienes CHEMA BARROSO Serpiente humana A las seis en punto de la tarde, la gran serpiente humana en que se había convertido la calle Alcalá se puso lentamente en marcha. Al mismo tiempo, una gigantesca pancarta azul, de ochenta metros de largo por quince de alto, desplegada frente al edificio de Correos, empezó a elevarse gracias a cientos de globos de helio atados a suborde superior. En enormes letras blancas, el eslogan de la manifestación: La familia sí que importa En primera fila, tras otra pancarta con idéntica inscripción, los líderes religiosos se pusieron en marcha. Unas insisten en convertir esta protesta en un ataque contra los derechos de los homosexuales. La cabecera de la manifestación alcanzó la Puerta del Sol a las siete, una hora antes de lo previsto. Allí, miles de personas que habían llegado por su cuenta ya esperaban al cortejo. Mientras la periodista Cristina López Schlichting leía un manifiesto de cinco puntos preparado por los convocantes, decenas de miles de personas no habían salido aún de Cibeles y muchas otras seguían llegando desde todas partes, abarrotando las aceras a ambos lados del recorrido. Y aplaudían. Y cantaban. Y transmitían al Gobierno, en paz y por tercera vez en menos de veinte días, que no está haciendo las cosas bien.