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ABC DOMINGO 19 6 2005 Internacional 39 Lucha encarnizada en una cita crucial J. C. BEIRUT. Del resultado de las elecciones en el norte depende el futuro del país, dependen las reformas políticas y económicas imprescindibles o seguir anclados en un régimen policial tutelado por Siria Palabras de Saad Hariri en su cuartel general de Trípoli, el hotel Quality Inn. El líder suní, aliado con el druso Yumblatt, ha logrado 46 escaños en las 3 primeras vueltas electorales. Le faltan 19 para la mayoría absoluta, frente a los 33 que le restan a Hizbolá y Amal y los 21 del general cristiano Michel Aoun. Conseguir la cifra mágica de 65 escaños, o no. Ése es el dilema de la oposición antisiria. De lo contrario, se entraría en una componenda de alianzas de resultado tan incierto que haría muy difícil afrontar los retos más urgentes (elección de primer ministro, de presidente del parlamento, de jefe del Estado) de un país tan imposible como su sistema electoral. Las calles de Trípoli, en el norte del Líbano, aparecen cubiertas de carteles electorales AFP Los libaneses cierran hoy su maratón electoral más divididos que nunca en clanes familiares y excluyentes comunidades sectarias, enfrentados como siempre en su particular confesionalismo político. Y con Siria vigilando de cerca los votos de su vecino occidental Urnas damasquinas para el atormentado país del Cedro POR JUAN CIERCO. ENVIADO ESPECIAL BEIRUT. Los que se van ya volverán. Los que se fueron no lo hicieron jamás. Siria y el Líbano están demasiado cerca para separarse del todo. Damasco y Beirut tienen tantos intereses comunes que la ausencia de soldados sirios en las calles de la capital no significa que las fuerzas de seguridad locales no estén controladas por el régimen de Bashar al- Assad a través del fax, el teléfono, el correo electrónico o los agentes secretos que por aquí aún campan a sus anchas. Las últimas horas de campaña electoral en el norte del país del Cedro, en Trípoli y el valle de la Bekaa, han estado marcadas por las acusaciones cruzadas de una oposición que ya nadie sabe a quién pertenece y de un poder saliente o entrante que sigue mirando de reojo a Damasco. Desconfianza mutua Acusaciones sobre compra de votos, corrupción de conciencias, malas artes y amenazas protagonizadas por dos bandos, casi bandas, que reúnen a lo mejor de cada casa libanesa de las últimas décadas de guerra civil y régimen policial. El musulmán suní, Saad Hariri, y el druso, Walid Yumblatt, hijos de notables, influyentes, poderosos y millonarios padres asesinados, según ellos, por órdenes sirias, encabezan el frente de una oposición dema- siado imbricada en el poder. Michel Aoun, general cristiano maronita exiliado los últimos 15 años en Francia y triunfador indiscutible de unos comicios que le han permitido renacer de sus cenizas, lidera el otro bando, o banda, acompañado, para asombro de unos y resignación de otros, de notables personalidades libanesas siempre dispuestas a obedecer a Damasco. Nombres propios como los de Omar Karame, Suleimán Frangie, Michel Murr o Selim Hoss a última hora, pretenden mantener la cuota de poder siria en el nuevo Parlamento de Beirut, en una clara afrenta indirecta a la injerencia de Estados Unidos y Francia en la política nacional. Los unos se unen con los otros, a quienes odiaban antes pero con quienes se acuestan ahora, en un clima de enfrentamiento radical que no presagia nada bueno, y que tiene en la dis- tancia a los chiíes de Hizbolá y Amal con la caña preparada para recoger peces muertos en un mar tan turbio y agitado. Y de fondo, o en primer plano, como denuncia por ejemplo el diputado suní Gattas Joury, cerebro de la campaña de Saad Hariri, las interferencias sirias en el proceso electoral, sobre todo en esta última fase del norte que debe dilucidar los últimos 28 escaños del parlamento. La mano de Occidente Joury acusa a los agentes sirios de telefonear a los electores y amenazarles hasta con el recuerdo del atentado sufrido por el periodista Samir Kassir, para que voten por el bloque de Michel Aoun y sus sorprendentes aliados partidarios de mantener, por ejemplo, a Emile Lahoud en la presidencia de la República. La misma denuncia ha salido de la boca de diplomáticos occidentales o de George W. Bush y Kofi Annan, quienes acusan a Damasco de no haberse retirado completamente del país del Cedro. Aoun se defiende como mejor sabe hacerlo, al ataque: No tengo nada contra los sirios ahora que se han ido; lo tenía antes, cuando estaban en el Líbano. Quienes nos acusan de contar con el respaldo de Damasco son los mismos que se han beneficiado de ese apoyo en los últimos años De este desgaste interno se beneficia en la distancia corta el régimen de un Bashar al- Assad, que pese a plegarse a las exigencias de la resolución 1.559 de la ONU, controlará un bloque muy influyente en el nuevo Parlamento libanés. Y el espíritu de la revolución del cedro del 14 de marzo que se marchita junto a la tumba florida de Rafic al- Hariri.