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32 DOMINGO 19 6 2005 ABC Internacional Europa entra en crisis, a la espera de que las elecciones alemanas señalen el rumbo Blair cuenta con el debilitamiento del eje franco- alemán para imponer su visión b El papel de los nuevos países miembros del Este de Europa será decisivo en la presidencia británica que empieza el 1 de julio con un traspaso poco amistoso ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. Hace hoy 190 años, prácticamente día por día, se produjo la batalla de Waterloo, a unos 20 kilómetros al sur de Bruselas. Igual que hoy, entonces se enfrentaban dos concepciones de Europa, la del emperador francés Napoleón Bonaparte y la que defendía con la bandera británica el duque de Wellington. Entonces vencieron los británicos, hoy lo único que se puede decir es que Europa ha entrado en una de sus peores crisis. Les dirán que Europa no está en crisis. Pues bien, se encuentra en una crisis profunda advertía al final del maratoniano Consejo Europeo el luxemburgués JeanClaude Juncker. La única ventaja respecto a lo que sucedió en 1815 es que hoy la batalla de Waterloo la reproducen aficionados de toda Europa con vestidos de época e inofensivos mosquetones, mientras que las puñaladas se las dan por debajo de la mesa los mismos líderes políticos que se sonríen y se dan la mano afectuosamente en las fotos de familia. Nos hemos pasado diez años hablando con grandilocuencia de los objetivos de la ampliación y de las refor- mas para la competitividad de la economía europea y en cuanto hemos llegado al momento decisivo de ponerlos en práctica, resulta que no somos capaces de tomar las decisiones correctas Ese era ayer el diagnóstico del ex primer ministro belga, uno de los autores de la Constitución, Jean Luc Dehaene. La constatación de que todos los dedos señalan al británico Tony Blair como el culpable del fracaso de la cumbre no ciega a todos los observadores, a la hora de reconocer que el hecho de haber logrado un acuerdo sobre las perspectivas financieras tampoco habría servido para resolver los problemas estructurales que atenazan la economía europea, y que son la causa de ese malestar que han expresado los electores franceses con su rechazo a la Constitución. No sirve de gran cosa pasar de llamar al presidente francés Jacques Chirac el enfermo de Europa como titulaba a toda página el diario parisino Liberation la víspera de la cumbre de Bruselas, para pasar seguidamente a envolverse en la bandera tricolor y satanizar el supuesto egoísmo británico. José Luis Rodríguez Zapatero, durante la rueda de Prensa en el Consejo Europeo Relevo traumático Las perspectivas inmediatas pasan por un relevo de presidencia muy traumático, porque las relaciones entre Juncker y Blair han quedado seriamente dañadas. El luxemburgués ya ha advertido de que no asistirá personalmente a la ceremonia del traspaso Jacques Chirac exponía ayer sus conclusiones tras la cumbre AFP UNA SUERTE DE ATASCO FERNANDO FERNÁNDEZ a falta de acuerdo es preferible a un mal acuerdo. Sobre todo si se refiere a un presupuesto que se va aplicar durante siete años. Por eso el resultado de la Cumbre de Bruselas no ha sido malo, ni para España ni para Europa. Se ha evidenciado que hay dos europas, que aquella división tan aznariana como castellana ella, entre la vieja y la nueva, no era una ilusión, sino una profunda realidad. El Reino Unido se ha aliado con sus viejos socios de la EFTA, más Holanda, para demandar una Europa más li- L beral en lo económico y menos federal en lo político. El eje franco- alemán de Chirac y Schröder ha perdido la primera gran batalla europea desde su fundación. Y lo ha hecho no sólo por las limitaciones de sus líderes, que no es poca cosa en el escenario internacional, sino también por sus magros resultados económicos. Unos países estancados, envejecidos, con desempleo creciente y consumidores en crisis no pueden aspirar a liderar el futuro. La Política Agrícola Común (PAC) está tocada, tanto que los diez países de la ampliación estaban dispuestos a aceptar pájaro en mano, aunque no fuese perdiz. España ha perdido los fondos de cohesión. Y deberíamos aceptarlo como una realidad, sacar pecho y hacer patria explicando lo bien que hemos sabido aprovechar la oportunidad que se nos brindó. La misma que nosotros estamos ahora dispuestos a darle a nuestros socios más pobres. Pero eso requeriría reconocer que algo se ha hecho bien desde la adhesión española, incluido el periodo negro del ejecutivo anterior. Y eso es casi tan imposible como aceptar que la Pérfida Albión pueda tener razón en su idea de Europa. Pero tenemos una gran oportunidad. Tenemos casi dos años sin elecciones internas, período que coincide aproximadamente con el tiempo de reflexión que se ha impuesto Europa para superar su crisis institucional y financiera. Periodo más que suficiente para forjar un consenso nacional en política europea; un consenso para definir la nueva estructura de gasto comunitario en función de la Agenda de Lisboa y no de las inercias de la posguerra. Una verdadera revolución interna que nos obligaría a tener una política de Estado y a defenderla en Europa, y no una política europea como arma electoral. No hay muchas alternativas si queremos que el presidente español no siga aburriéndose en las cumbres europeas porque nadie le pide opinión. Y si queremos que prospere una Unión a veinticinco y más.