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52 Sociedad MANIFESTACIÓN CONTRA EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL SÁBADO 18 6 2005 ABC POR LOS DERECHOS DE TODOS JAVIER CREMADES Abogado OS organizadores de la manifestación en defensa de la familia piensan que la de hoy podría ser la mayor manifestación de la historia de España. Es posible que así sea. En cualquier caso, conviene escudriñar lo que de verdad se esconde bajo lo que hoy se espera: una masiva, al tanto que pacífica y respetuosa muestra de inquietud y preocupación cívica en torno a un asunto tan cercano y querido para todos como es la familia. Entiendo que los que como yo acudan hoy a la Plaza de Cibeles no lo harán para mostrar rechazo a un determinado colectivo. El servicio de orden de los organizadores deberá estar muy atento a que ninguna pancarta minoritaria y radical ponga en duda el sentir general de los manifestantes. Creo que la enorme mayoría de los que terminemos por acudir a la cita cívica sentimos un respeto hondo y verdadero por la dignidad de cada persona, con independencia de su orientación sexual. Estoy a favor de superar una clara discriminación sufrida por tantos homosexuales que en el pasado fueron injustamente perseguidos y castigados- -no sólo por la ley- Aquéllas prácticas, por fortuna, nada tienen que ver con las que mi generación ha conocido. En ella abunda un deseo de respeto y tolerancia al otro, también al homosexual. La oposición a las medidas legislativas que impulsa el Gobierno en relación con la regulación del pretendido matrimonio homosexual nada tiene de homofobia. Tampoco de confesional o partidista. La manifestación, aunque haya terminado por recoger el apoyo del Partido Popular, de la Iglesia Católica y de muchas otras confesiones religiosas y más de 25.000 ONGs del mundo entero, tiene su origen en una convocatoria de la sociedad civil. No se busca desgastar al Gobierno, sino mostrar a todos una preocupación grave por el futuro de la sociedad en que vivimos. Lo que se rechaza no es otra cosa que una medida legislativa de enorme radicalidad. Pese a lo que en ocasiones se propaga- -creando confusión- -no tiene precedente alguno. En Bélgica y en Holanda se han equiparado en plenitud de derechos las uniones homosexuales y los matrimonios. Pero unas y otros son cada uno lo que son. Ni hoy, ni ayer, ni a lo largo de la historia, el matrimonio ha sido otra cosa que la unión sexual comprometida y estable entre hombre y mujer. Sabemos, por ejemplo, que las uniones homosexuales eran toleradas abiertamente en las civilizaciones precristianas de Grecia y Roma. Incluso, según cuenta Tácito en sus Anales, el emperador Nerón, se casó en ceremonia solemne con uno que se llamaba Pitágoras durante la famosa orgía que le ofreció Tigelino. Pero, a lo largo de los siglos, nunca se confundió el matrimonio con las uniones entre personas del mismo sexo. L La enorme mayoría de los que terminemos por acudir a la cita cívica sentimos un respeto hondo y verdadero por la dignidad de cada persona Ni ayer, ni hoy, ni a lo largo de la historia, el matrimonio ha sido otra cosa que la unión sexual comprometida y estable entre hombre y mujer Otorgar estatuto jurídico propio a las uniones homosexuales, nada tiene que ver con alterar lo que siempre y en toda circunstancia se ha considerado como matrimonio, que es el origen de la familia. Consumar la alteración del código civil- -y entiendo que materialmente también de la Constitución- -en la dirección planteada supondría dar un salto hasta las etapas prejurídicas de la existencia humana. Los problemas se multiplicarían potencialmente, por doquier. Enseñar, por ejemplo, en un colegio el concepto de matrimonio como unión de hombre y mujer sería contrario a la ley. ¿Qué sucederá con la evolución psicológica de los niños entregados en adopción? No hay aún estudios científicos que corroboren la afirmación de que un niño puede crecer en equilibrio con dos papás o dos mamás; algo muy distinto de tener sólo un padre o una madre) Se trataría en definitiva, cuando menos, de una gigantesca e innecesaria operación de ingeniería social con resultados muy inciertos. Muchos creemos que, probablemente, se produciría mucho dolor y sufrimiento a un buen número de personas. Nada de eso tiene algo que ver con lo que hace unos días se aprobó, por ejemplo, en Suiza por referéndum. Se trataba de dotar de un estatuto jurídico a las uniones homosexuales, sin llamarlas matrimonios- -porque no lo son- sin alterar el concepto legal del matrimonio mismo y sin otorgar derechos de adopción a las parejas homosexuales. Con una legislación como la suiza, el Gobierno se habría ahorrado esta manifestación y, al tiempo, habría alcanzado los objetivos principales de lo que fue su compromiso electoral. Parece que es un empeño personal del presidente del Gobierno mantener la propuesta tal y como está. Y ello a pesar de tantas y variadas voces- -la última la de la senadora socialista Mer- Manifestación celebrada en Barcelona el pasado domingo cedes Aroz, la más votada de la Izquierda catalana- -que aconsejan otras formas de proceder. A pesar de las advertencias al Gobierno de todas las instituciones públicas que han terciado en esta cuestión (Consejo de Estado, Consejo General del Poder Judicial, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación; Real Academia de la Lengua) no hay signos de que éste recapacite y abra un debate en profundidad, dando una oportunidad al diálogo social. Muy distinta ha sido, en cambio, la ELENA CARRERAS A pesar de las advertencias al Gobierno de todas las instituciones públicas, no hay signos de que éste recapacite El Gobierno debería haberse afanado, quizá, en llevara la práctica su espíritu utilizando medios adecuados postura de los socialistas franceses. Lionel Jospin, padre del Pacto Civil de Solidaridad, una de las primeras formulas jurídicas en el mundo a las que pudieron acogerse las uniones homosexuales. Jospin ha pedido siempre un debate abierto y sincero, jugando limpio en el que no se tache de homófobo a los que, de entrada, no están a favor de todos los postulados del colectivo homosexual. También Ségolène Royal, ex- ministra socialista de la familia, ha defendido que no es ser homófobo ni reaccionario creer que son respetables y legítimas las opiniones de quienes mantienen reservas sobre el matrimonio homosexual El ex primer ministro socialista francés también ha recordado que el matrimonio es, en su principio y como institución, la unión de un hombre y una mujer y ha afirmado que se puede respetar la preferencia amorosa de cada uno sin institucionalizar automáticamente las costumbres Precisamente por ser un compromiso electoral del Partido Socialista la regulación de las uniones homosexuales, el Gobierno debiera haberse afanado, quizá, en llevar a la práctica su espíritu utilizando medios adecuados, que no hubiesen suscitado un rechazo tan fundado, precisamente porque respetaran los derechos de todos.