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26 Internacional CUMBRE DE BRUSELAS EL DESACUERDO AHONDA LA CRISIS EUROPEA SÁBADO 18 6 2005 ABC Una docena de países aplazan sin fecha la ratificación de la Constitución europea Luxemburgo cede al efecto del no francés y encadena el retraso de las consultas pendientes ofIcial ha sido que el proceso de ratificaciones continúa, porque nadie ha querido pronunciar el último responso por la Constitución europea ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. Aunque Luxemburgo es uno de los países más pequeños de la Unión Europea, ejerce una influencia muy superior a sus dimensiones físicas. Sin embargo, nunca como en esta ocasión el destino de Europa ha estado vinculado al de este minúsculo Gran Ducado y no solamente porque ejerce la presidencia semestral, sino porque las circunstancias históricas han vinculado la suerte de la Constitución con los ánimos de sus habitantes (menos de medio millón de personas) y muy especialmente por los claros síntomas de que los votantes luxemburgueses se habían contagiado irremediablemente del mal del no francés. La discusión duró varias horas el jueves por la noche, pero según han relatado fuentes bien informadas no fue muy difícil que los que preferían mantener a toda costa el proceso de ratificaciones se convenciesen de que tal vez les convenía más entrar en este periodo de reflexión En cuanto Juncker puso sobre la mesa las últimas encuestas de opinión del Gran Ducado, que ya no se pueden hacer públicas, señalando que los partidarios de rechazar el b La consigna tratado aparecen claramente en cabeza, se disiparon muchas de las dudas, puesto que si Luxemburgo hubiera tenido más claro que le interesaba mantener el referéndum ya convocado para el 10 de julio, entonces los demás países se habrían sentido alentados a mantener los suyos sin aplazamiento. Y al mismo tiempo, la perspectiva de que el Consejo Europeo reconoce que los países pueden optar por adormecer el proceso a su conveniencia, siguiendo las indicaciones del Consejo Europeo, Luxemburgo se dispone a anular el suyo, aunque el Parlamento tenga que hacer juegos malabares con el reglamento para detener una convocatoria que ya estaba en marcha. El primer ministro Juncker había puesto su cargo en juego y a última hora le ha visto también las orejas al lobo. Blair pasa tras Schröder después de servirse un té, ayer en la cumbre de Bruselas la ratificación por vía parlamentaria. El primero en ser oficialmente aplazado ha sido el referéndum danés, previsto para el próximo 27 de septiembre. El primer ministro, Anders Fogh Rasmussen, no ha querido que las premuras del calendario le pudiesen tener hipotecado y al salir de la reunión ya anunció que ha decidido aplazarlo porque las bases de la consulta no están suficientemente claras Su vecino, el sueco Göran Persson, también ha dicho que por ahora no llevará el texto al Parlamento en diciembre, a la espera de profundizar en el debate como ha dicho también su colega finlandés, Matti Vanhanen. El portugués José Sócrates, que era uno de los más fervientes partidarios de que siguiesen los referéndum tal como estaban previstos, también se impresionó con las perspectivas de que los luxemburgueses, que son los más ricos de la UE y no se les conocen problemas socio- laborales, pudiesen ser el tercer país en dar un portazo a la Constitución europea, y de momento El proceso continúa La consigna ha sido que el proceso de ratificaciones continúa, porque nadie ha querido pronunciar el último responso por la Constitución europea, pero todos comprenderán que no haya mayores prisas para llevarlo a cabo, esperando que este proceso de reflexión sirva para que a las opiniones públicas se les pase la efervescencia negativista que han desencadenado los franceses. Ayer ya se sabía que al menos media docena de países han anunciado que se tomarán un tiempo para pensarlo, incluyendo algunos que han optado por Juncker había puesto su cargo en juego si se celebraba el referéndum en Luxemburgo y lo hubiera perdido HACIA UNA NUEVA EUROPA JOSÉ MANUEL COSTA arón? ¿Tiempo para que nos los pensemos mejor? ¿Para que nos eduquen? Francamente, esta cumbre de Bruselas ha acabado con otra tomadura de pelo a la vieja usanza. Nuestros líderes, pobrecillos, siguen con sus costumbres y no acaban de entender que ha llegado otro tiempo, el de una refundación de la Unión Europea. Lo que venimos arrastrando desde hace medio siglo y que el Proyecto de Constitución consagraba en sus confusos 350 folios, son unas cuantas líneas maestras que han permitido grandes avances en lo económico; algunas in- ¿P tuiciones, expresadas en un lenguaje torturado, sobre hacia donde debemos ir políticamente y una selva de irracionalidades sectoriales donde lo incomprensible bascula entre lo surrealista y lo estúpido. Marcada por estas clamorosas carencias, la Constitución ha servido como catalizador para que una larvada oposición al actual modelo de acuerdos haya hecho eclosión. Hasta ahora los ciudadanos han ido tolerando unos compromisos a veces demenciales simplemente porque había riqueza para todos y todos sacábamos una buena porción del pastel. Ya no. La ampliación de la UE por un lado y la mundialización por otro, han descorrido el telón de los apaños y han hecho ver que el rey, si no completamente desnudo, dista mucho de tener buen aspecto. Los ciudadanos se han dado cuenta de que el pobre rey va ataviado de retales, alguno de ellos costosísimos, otros directamente ridículos. De hecho, el rey apenas puede moverse entre tanta costura y tanto remiendo y los europeos, del norte al sur y del este al oeste, nos hemos dado cuenta de que tal indumentaria, no sirve. No ya para afrontar bien pertrechados los retos del futuro, sino incluso para andar por nuestra recién ampliada casa. Blair tiene razón cuando exige poner encima de la mesa el irracional presupuesto de la Unión, pero olvida otros aspectos también en pleno déficit como la participación política, la inmigración, la estructura de la Unión y la definición del estado social. Ha pasado el momento de las componendas y ha llegado el de la visión. Todo lo reflexiva y sensata que se desee, pero visión. El futuro de Europa no puede ya construirse sobre equilibrios entre países, sino superando egoísmos nacionales en busca de un bien común. Pero ¿quién nos presenta hoy esa visión? ¿A que asistimos? ¿A una reunión donde en vez de los grandes temas se sigue discutiendo sobre pimientos húngaros y calzoncillos chinos? Nuestros dirigentes, democráticamente elegidos, no pueden ya centrarse en defender unas trincheras internas que están siendo superadas por la mundialización, sino de defender a sus respectivos ciudadanos preparando al continente frente a retos que ya tenemos ante nosotros. Seguir perdiendo el tiempo es dejarnos ir... ¿hacia el sumidero de la Historia?