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ABC VIERNES 17 6 2005 Espectáculos 67 Fugitivos Emmanuelle bélica E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Federico Luppi da sus primeros Pasos como director cinematográfico J. E. A. MADRID. Pasos es la puesta de largo en la dirección del actor de origen argentino Federico Luppi. Para esta significativa ocasión ha elegido como motivo una historia ambientada en la transición española, que en su momento escribió para el cine su propia mujer, Susana Hornos. En ella asistimos a la evolución de tres parejas a partir del golpe de estado del 23- F, y al desarrollo de sus sueños. La realidad, la Historia de España, ha sido motivo de interés del actor desde siempre, por que en aquellos días aquí se avecinaba una apertura y en Argentina estábamos inmersos en el punto culminante de un proceso de perversión fuera de lo normal. Recuerdo que comparaba incesantemente las trayectorias de ambos países explica el actor. Para el actual director, los personajes de Pasos se ven libres y dispuestos a trabajar por sus derechos Tras lo expuesto, saltan a la pantalla los temas que acomete la historia, como la doble moral, el maltrato doméstico, la ley del divorcio, los derechos de la mujer, la homosexualidad o las condiciones laborales. Todo con las interpretaciones de Ginés García Millán, Eva Cobo, Susana Hornos, Fabián Vena, Jordi Dauder, Ana Fernández y Alberto Jiménez. Ellos sirven a unos personajes que hablan de los cambios sociales Federico Luppi EFE Dirección: André Téchiné Intérpretes: Emmanuelle Béart, Garpard Ulliel, Grégoire Ringuet Nacionalidad: Francia. 2003 Duración: 95 minutos Calificación: Hace más de dos años que se presentó esta película en el Festival de Cannes, y la prisa que se han dado en estrenarla indica en cierto modo el calibre de su munición. Su mejor baza es ver a Emmanuelle Béart en el papel de madre protectora durante la segunda gran guerra, una viuda que huye de París con sus dos pequeños hijos y se refugia en el campo, en una casa abandonada, junto a un personaje extraño, un adolescente como caído de un guindo que adoba mínimamente un par de intrigas acerca de la naturaleza de su personaje y del tipo de función que acabará teniendo ahí. El director es André Téchiné, el de Los juncos salvajes Lejos o Los ladrones un cineasta francés de esos que cogen cuerpo en los festivales como el vino en la barrica; aunque luego hay que descorcharlos. En cierto modo, a Téchiné esta película se le queda algo sosa, sin fuerza, pues propone un cambio prometedor de una historia bélica a otra psicológica entre esos cuatro personajes supervivientes... Pero, la película pasa, y pasa, y pasa sin que aquello proporcione más que un par de momentos intensos, alguno apoyado directamente en la perplejidad y sin que rompa con decisión ni se muestre con claridad ante el espectador. Provoca ese lamentable ¿y qué? al final que resulta demoledor. Béart está bien en todos los sentidos, y el jovenzuelo Gaspard Ulliel resalta allí tan siniestro e intrigante que parece haberse equivocado de película. que les afectan y celebran el fracaso golpista de Tejero añade Luppi, quien estuvo en España días antes del 23- F. Sin embargo, pese a lo que pudiera parecer, de lo que quería hablar es de unos personajes que se plantean la asunción de su propia libertad. Para eso, Luppi nos plasma en la pantalla cómo es la vida de esos seres, que dejan al descubierto la compleja relación de pareja, la decisión de divorciarse o el descubrimiento individualizado de que nada es tan perfercto como se les había dicho. Cuando leí el guión sentí que de lo que estaba hablando era de mis propias expectativas- -recuerda- Esas tres parejas que habían nacido y crecido bajo el franquismo y que rechazan abiertamente la aventura militar se asoman, conjurado el golpe, a esta España que, ahora sí, veía libre el camino para una estrecha integración con Europa y el mundo. Ellos evolucionan ante nuestros ojos para bien o para mal puntualiza. Se ha rodado en Logroño, ciudad donde nació la guionista, y muestra lo hermoso y asfixiante de las pequeñas ciudades españolas de aquella época, donde los acontecimientos políticos no tenían la contundencia de las grandes ciudades y donde todo el mundo se conocía, donde la doble moral entre lo que se exhibe y lo que se vive, es lo mismo que la doble velocidad existente entre la España rural y la urbana asegurar Federico Luppi. Al principio de la gestación del proyecto no quería dirigirlo: Eran los temores clásicos de todos los que realizan una actividad nueva por primera vez. Me daba vértigo. El cine es un deporte muy caro concluye. Pasos Las razones de mis amigos ANTONIO WEINRICHTER Una de las mejores cosas de las películas que hace Federico Luppi, siempre, es que sale Federico Luppi. En este caso su nombre está por encima del título, como diría Frank Capra, porque la dirige él pero su presencia en la pantalla se reduce a un cameo, a una forma de signatura, como hacía Hitchcock, así que tendremos que conformarnos. El tema que ha elegido para su (tardío) debut tras la cámara es una historia de desencanto generacional bastante similar a la que contó Gerardo Herrero en Las razones de mis amigos si bien el guión de Belén Gopegui del que partía aquella era mejor que el que aquí firma Susana Hornos, que tiene también un papel en la película. Tenemos también un grupo de tres parejas de amigos, compañeros de militancia izquierdista, que viven la euforia de la transición, el susto del golpe del 23- F y la gradual disolución de su amistad con el paso del tiempo; pero si en la historia de Gopegui el desencadenante de la separación era un nimio asunto de dinero, porque era la forma de afrontar la vida misma, lo que marcaba las distancias, aquí se ha juzgado necesario cargar las tintas con malos tratos, chantajes y una homosexualidad mal asumida. Así, se desenfoca el Ginés García- Millán Director: Federico Luppi Intérpretes: Ana Fernández, Alberto Jiménez, Susana Hornos, Eva Cobo Nacionalidad: España. 2005 Duración: 1 h 50 min Calificación: retrato de grupo de los progres y la crónica del desencanto, en el momento histórico mismo en que se fraguó dicho concepto, para quedarse en el caso particular de unos personajes que no acaban de resultar creíbles del todo: a veces sus diálogos parecen empeñados en telegrafiarnos el lugar que ocupan en el esquema ideológico del filme (el arribista social, la sufrida víctima, el hosco maltratador) A retener, de todos modos, el trabajo de Ana Fernández (el pepitogrillo del grupo) y de la recuperada Eva Cobo (la burguesa con corazón) y las buenas intenciones que animan el proyecto aunque subsiste la sospecha de que al cine español le cuesta ofrecer una representación históricamente convincente de nuestro pasado.