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ABC VIERNES 17 6 2005 59 Cultura y espectáculos Art Basel, entre la excelencia y la vanidad Se dan cita en el prestigioso certamen suizo 270 galerías (seis españolas) y más de 2.000 artistas b La Feria de Arte de Basilea es un enjambre de miles de abejas inversoras que acuden golosas a su panel de rica miel: este año la visitan 50.000 coleccionistas LAURA REVUELTA ENVIADA ESPECIAL BASILEA. Art Basel despliega la mayor oferta que cualquiera pueda soñar: dos mil artistas, cuyo arco cronológico cubre un amplísimo espectro que va de principios del siglo XX hasta nuestros días. No es extraño que hasta aquí acudan los más importantes inversores del momento y los especialistas más exquisitos que este mundo ha dado. Como no sólo de arte vive el hombre, en Art Basel se puede optar por la frivolidad más absoluta (aquí todo se mide por parámetros absolutos) Mientras se saluda a Rosario Nadal- -mujer de Kiryl de Bulgaria- porque entre sus divinidades entra la de haberse metido a especialista en arte contemporáneo, también se puede calcular la proporción de modelos de Chanel que hay por metro cuadrado. Ya que hemos entrado a dar nombres, no sería elegante eludir que por Basilea hemos visto a la plana mayor del arte patrio. Y se puede suponer cuál era la comidilla: que si el Reina Sofía por aquí, que si el Reina Sofía por allá, pero al final, nada por aquí y nada por allá, tal cual se dice en los trucos de magia. Nadie suelta prenda, no sea que el mar se revuelva y no haya ganancia de pescadores. Ana Martínez de Aguilar ha hecho su periplo por la feria, tal vez para tapar algunos agujeros que dicen tiene la colección del museo; tal vez para cerrar otras grietas de cara a la galería. María Corral, desde Venecia, como tantos otros, pasea sus buenas críticas a la Bienal y da una conferencia en las prestigiosas Art Conversations paralelas a la Feria. Broker de Gianni Motti, una de las piezas más llamativas de Art Basel ha hecho que se dupliquen sus ventas, al igual que las de Orozco, Wallinger o Balka, entre otros artistas. A tenor de su abundante presencia, el mercado sigue demandando, un año tras otro, a Picasso. También a los grandes maestros del arte norteamericano de la segunda mitad del siglo XX: digamos Warhol, Rauschenberg, Alex Katz, Oldenburg, Rosenquist o Lichstenstein. Todos ellos protagonistas de la primera planta de la feria, la más clásica o histórica, donde expone, como única galería española, Elvira González, quien ofrece, como pieza más llamativa, una inmensa vasija, de cerca de dos metros, de Keith Haring. No resulta sencillo fijar tendencias: si hay más fotografía que pintura o que vídeo. Aquí se vende de todo, de todos los tamaños y de todos los colores, quieto y en movimiento. Art Basel es una feria joven: el 27 por ciento de los artistas presentes tienen entre 30 y 39 años, y el 29 por ciento, entre 40 y 49. Sam Keller se siente muy vinculado con este espectro más palpitante de la creación, cuyo escenario más representativo se encuentra en la segunda planta de la feria. Si hubiera que destacar un espacio de esta zona sería, sin duda, la galería londinense White Cube, donde están a la venta desde una pieza rara de Warhol a un cuadro de Lucian Freud, sin olvidar a Sam Taylor- Wood, con su serie de hombres célebres llorando, de la que ha editado un libro, a Andreas Gursky o Gilbert George. El amplio espectro que exhibe este stand es un nítido reflejo de lo que Art Basel presenta en sociedad. No debemos obviar la presencia de las galerías españolas Soledad Lorenzo, Helga de Alvear, Juana de Aizpuru, Tomás March y Pepe Cobo. Nadie viene a reseñar de viva voz, ni españoles ni extranjeros, que les ha EPA ¿Quién compra qué? Más allá de ver y ser vistos, Basilea es la feria de las ferias, de las vanidades y de las excelencias. Es el negocio. Como señala Sam Keller, su director, Basilea presenta dos mil artistas y por el mismo precio uno puede obtener obras muy diferentes. Por ejemplo, aquí se pueden comparar los precios de Duchamp y de Maurizio Cattelan Dos extremos de la baraja. ¿Quién compra qué? ¿Qué se puede comprar? Sobre lo primero, en este mundillo tan reservado, difícil aportar datos, dadas las cifras multimillonarias que se barajan. Sobre la segunda cuestión, como ya dejaba entrever Sam Keller, aquí se puede comprar de todo, desde las fotografías del histórico Robert Fenton, con la pátina sepia que da un siglo largo (están fechadas en 1860) a imágenes de Thomas Ruff, salidas de fábrica el año pasado, y cuya presencia en la Bienal de Venecia ido muy bien esta edición de Art Basel. Pero hay quien nos cuenta (en el mercado artístico la discreción es norma, como en confesionario) que los siete minutos iniciales de este año fueron de antología. A las 11 (puntualidad suiza) del pasado martes se dio el pistoletazo de salida y los coleccionistas corrían para ver quién llegaba el primero. Un inversor de Texas vio, extendió un cheque y venció. Otra galería neoyorquina comenta que en el segundo día lo ha vendido todo: lo que tenía en el stand y en su sede de Nueva York. La grasa de Berlusconi, a la venta En Art Basel se pueden comparar los precios de Duchamp y de Maurizio Cattelan, dos extremos de la baraja Elvira González ofrece, como pieza más llamativa, una inmensa vasija, de cerca de dos metros, de Keith Haring ¿Qué precio le pondría a un jabón cuyo artista asegura que está hecho con grasa de Berlusconi, salida de sus liposucciones? Esta pieza, del suizo Gianni Motti, una suerte de nuevo Manzoni, como creen tantos otros ilusos, está tasada en 22.000 euros y ha sido una de las obras más fotografiadas, junto con su broker enjaulado expuesto en el espacio Art Unlimited, otra dimensión del espectro de Art Basel, si tenemos en cuenta que, junto a esta pieza tan fotogénica, se presentan trabajos de Bill Viola y de James Turrell. Basilea es así: una feria en el más amplio sentido de la palabra.