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32 Internacional CRISIS EN LA UNIÓN EUROPEA PERSPECTIVAS DE FUTURO VIERNES 17 6 2005 ABC ENEKO LANDÁBURU Director general de Política Exterior de la Comisión Europea Es inevitable una Europa a dos velocidades si queremos avanzar con ambición BRUSELAS. Eneko Landáburu, europeísta convencido, director general de la Comisión Europea desde 1986, se confiesa pesimista ante la crisis que atraviesa Europa, aunque asegura que dentro de un tiempo esta situación nos habrá fortalecido, ya que la necesidad de integrarnos más políticamente se impone ¿Qué opina sobre esta crisis? -La situación, desde luego, no es brillante porque hemos tenido una mala noticia para Europa con el doble rechazo a la Constitución, cuya consecuencia es la paralización del proceso. Esto es duro, y más si se tiene en cuenta que estos rechazos, expresados con tanta rotundidad, vienen de dos países fundadores. El resultado político es que el proceso de ratificación está muy tocado, aunque no muerto. Y también está tocado por la decisión de Tony Blair de congelar el propio proceso en Gran Bretaña. Pese a un golpe tan duro como este, la UE tiene la madurez y la profundidad suficiente para seguir funcionando. La Comisión y el Consejo siguen trabajando, lo que muestra que Europa funciona. ¿Cuáles son las posibilidades que se abren ahora? -La primera es que el proceso siga hasta el final y luego ver qué hacemos. La otra es congelarlo todo, porque no podemos entrar en una dinámica de noes que se sucederían en Gran Bretaña, República Checa y Luxemburgo, por ejemplo. En política hay que ser realistas y se puede entender que si en un cierto momento hay un peligro de este tipo, nuestros jefes de Estado y de Gobierno decidan no anular el proceso de ratificación, pero sí congelarlo como ha hecho Blair y utilizar ese tiempo para reflexionar en un plan B en caso de que no haya posibilidad de salvar esta Constitución. ¿Qué plan B puede haber? -Habría que trabajar en la dirección de recoger los principios políticos, morales y éticos y las reglas de juego para las instituciones europeas, es decir, las partes I y II del Tratado, que no plantean dificultades mayores para la ciudadanía y que son elementos fundamentales para mejorar las condiciones de gestión política de la Unión ampliada. ¿Cree que hay consenso para diseñar un plan B -Lo que no puede ser es Constitución o nada, ya que esto sería un fracaso. Todo el mundo está de acuerdo en que el Tratado de Niza, que está vigente en la actualidad, no era el adecuado para permitir el funcionamiento eficaz de una Europa ampliada, por eso se lanzó el Tratado constitucional, que después se llamó Constitución. Si la Constitución fracasa habrá que concluir que, en este momento, no podemos aspirar a un proceso demasiado ambicioso, sino rebajar nuestras pretensiones de avance político. Landáburu cree que la Unión es un gigante económico, pero un enano político porque no se ha conseguido una fórmula para renovarse e influir en el mundo TEXTO MARIBEL NÚÑEZ. CORRESPONSAL FOTO LUIS ÁNGEL GÓMEZ -Entre otras cosas porque los ciudadanos así lo quieren... -Efectivamente. Es imposible llevar a cabo un proceso de integración contra los ciudadanos y sería contradictorio con la esencia del proyecto europeo, cuando nació con los padres fundadores de Europa, ya que éste es profundamente democrático, y es el único que ha funcionado ya que todos los proyectos hegemónicos de la historia de Europa fracasaron, como los de Roma, Napoleón o Hitler. Lo importante ahora es seguir avanzando. -Está claro que la mayoría de los A medio plazo soy optimista sobre la posibilidad de unirnos más... a corto plazo, soy más pesimista Si la Constitución fracasa no podremos aspirar a un proceso ambicioso, sino rebajar nuestras pretensiones ciudadanos, sobre todo en Francia y Holanda, no están a favor de esta Europa. ¿Qué es lo que ha fallado? -Hay que llevar a cabo en nuestras políticas diarias unos objetivos que demuestren mejor que Europa aporta a la ciudadanía y a los problemas que tiene un valor añadido respecto a lo que hacen los Estados en materia económica, social o político. Por ejemplo, si hacemos una política de medio ambiente es porque estamos convencidos de que la contaminación no se para en las fronteras y de que hay que tratar el problema a un nivel más allá del Estado, y lo mismo ocurre en la política de inmigración o en la política monetaria y económica. ¿Habrá una Europa a dos velocidades, la que apuesta por la integración política y la que quiere un ritmo más lento? -Es inevitable si queremos profundizar con un nivel de ambición grande. Está claro que cuando estás en un club de 25 lo que se decide es el denominador común entre ellos o, lo que es lo mismo, el nivel de ambición más bajo. Hay países que aseguraban hace años que si queremos un mercado común de bienes y servicios hay que ir hacia una armonización de las legislaciones sobre fiscalidad directa o indirecta; muchos no quieren, y países como Gran Bretaña o Luxemburgo bloquean cualquier tipo de avance en esta materia. El nivel de ambición para la construcción europea es muy diferente entre los socios y los que acaban imponiendo sus tesis son los menos ambiciosos porque bloquean el proceso de los demás. Si se quiere avanzar hay que crear un núcleo de países que, manteniendo el grupo de los 25, 27 ó 30 del día de mañana, avancen. Es decir, Europa es un gigante económico, pero un enano político porque no hemos hecho avances. Y si queremos que Europa tenga impacto en los asuntos del mundo hay que pasar de la economía a la política, y como no se puede hacer entre 27, y además no hay voluntad, hay que tomar decisiones con los que quieran ir más lejos. ¿Quién lideraría ese grupo? -Habría que ver. Este tema es muy teórico. No es una oposición entre el eje franco- alemán y el Reino Unido, porque los primeros no han hecho propuestas en los últimos cinco años para presentar una profundización de la Unión para alcanzar una mayor unidad política. Hoy no tenemos a nadie que proponga un proyecto de profundización y de marcha hacia una unión política real. Si tuviésemos nuevos Miterrand o Kohl la situación sería otra, aunque también es verdad que ahora las cosas no están igual que entonces ya que ahora es más difícil profundizar en la integración porque, una vez creados el mercado interior y la moneda única, temas como defensa, política exterior o justicia afectan directamente a la soberanía nacional. Habrá que ver después de las elecciones en Alemania y en Francia si existen condiciones políticas con el eje franco- alemán presente, ya que son fundamentales y tienen la llave de la profundización política. Los británicos, menos, porque no comparten un proyecto continental político sino que desean un mercado abierto en el que no implicarse demasiado. La clave es avanzar hacia la unión política. ¿Es usted optimista o pesimista? -A medio plazo soy optimista, porque estoy convencido de la necesidad de unirnos más. Será una forma de sobrevivir y consolidar nuestro sistema de valores y el modelo de sociedad. La gente se dará cuenta de que no hay otra salida que unirnos más y compartir soberanía. A corto plazo, soy más pesimista. ¿Y cómo queda la ampliación en todo este proceso? -Los referéndum y las próximas elecciones en Alemania ponen a Turquía en una situación muy complicada. En los Balcanes estamos muy comprometidos. A la luz de los últimos acontecimientos, debemos replantearnos lo que queremos hacer antes de dar falsas esperanzas a nadie.