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58 Cultura NÉLIDA PIÑÓN, PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS JUEVES 16 6 2005 ABC (Viene de la página anterior) -A finales de marzo estuve en Cotobade: me honraban con la concesión del título de hija adoptiva de la localidad. Lo llevaré siempre en el corazón. Como a España, que es sagrada para mí. Y mítica. Y amorosa. -Fraga le ha enviado un telegrama en el que le transmite que toda Galicia celebra su premio. -Me quiere mucho y ha sido siempre muy generoso conmigo. Le encantó La República de los sueños ¿Existe el compromiso político del escritor? -A mí me interesa el compromiso de las ideas, no de lo ideológico. La ideología te compromete y no puedes renunciar a ella. Las ideologías son una prisión. Las grandes ideologías que hemos conocido aprisionaron las conciencias y no libertaron a los hombres. Habría que cambiar la sociedad y la praxis. Cuando uno se muere de hambre quiere soluciones, no quiere ideologías oportunistas. ¿Y cómo ve la utopía? -Sin las utopías no se puede vivir, pero también las utopías encarcelaron nuestros sueños. Por la omisión utópica uno deja de comprometerse con la realidad. Bajo el pretexto de la utopía, uno se queda durmiendo en su casa en vez de construir la casa. -Hay iluminados que quieren reconstruir naciones. -El político que tiene la pretensión de reconstruir un país está condenado al fracaso. En Brasil hay una gran sociedad, un gran pueblo, pero hay que mejorar las condiciones, repartir los beneficios, sacar a la gente de la miseria. Los políticos son muy distraídos, pero no se olvidan de sus proyectos. Todo es muy lento en relación a nuestros sueños. El sueño pertenece a la Fórmula 1 y la práctica es el carruaje del coche. -Se ha escrito de usted que es uno de esos seres extraordinarios y celestiales de los que cualquier persona inteligente se reclama cercana cada vez que puede -Quien escribió eso es un luchador. A él y a su esposa los adoro. La elegancia tiene una dimensión moral. -Paul Auster y Philip Roth han resultado finalistas. -Son grandísimos escritores. Por eso es un honor más acentuado ser reconocida con este premio de las Letras. Nélida Piñón, ayer en la terraza de su casa, con una impresionante vista de Río de Janeiro al fondo EFE UNA FUERTE VOLUNTAD DE ESTILO DANUBIO TORRES FIERRO H ija alerta y entusiasta de la literatura que concentra sus obsesiones en la interferencia entre la aprehensión de la realidad y las estructuras lingüísticas que críticamente contribuyen a ese empeño, Nélida Piñón escribe con continuidad sostenida desde 1961. Nélida Piñón también es, y por derivación de lo dicho, hija alerta y entusiasta, sin duda hija perspicaz, de Joâo Guimâraes Rosa y de Clarice Lispector, los nombres mágicamente reverberantes de las letras brasileñas de la segunda parte del siglo pasado. Al estar situada entre esas dos figuras tutelares, en sus numerosos cuentos, novelas y romances sobresalen con transcurrir espontáneo dos propósitos inextricables. Por un lado, el anhelo laborioso por desentrañar desde dentro, desde su más drástica intimidad dramática, un mundo exterior a la vez rotundo y escurridizo, un mundo implacable en sus manifestaciones concretas y al mismo tiempo marcado por una trama insidiosa de opacidades y ocultamientos que se superponen y acaban por recubrir de modo artero a la realidad. Tal trama se diseña, por cierto, en planos alternativos y superpuestos que llegan a incluir a la sociedad en un sentido vasto y abarcador, a las instituciones convencionales y legales y a las instituciones míticas de esa sociedad. Por otro lado, en la mayor parte de los libros de Nélida Piñón existe un notorio recurso del método que se multiplica en circulares reflejos exploradores: una suerte de maniática acumulación de pormenores que, renunciando a las aspiraciones quiméricas de una visión amplia y de conjunto, se adentra en universos afantasmados de contornos parciales y descripciones quebradizas que disuelven con premeditada deliberación literaria los argumentos y hasta los personajes de esos argumentos. Quizás, en esos engranajes trabajosos, aparezca aquí y allá cierta monotonía manierista, de evidente cuño nouveau- roman con mayor demostración de astucia renovadora cabe hallar, como amistad inesperada de esos afanes, un esfuerzo por volver un ejercicio de ficción sin confines y sin géneros rígidos tanto a la crónica como a la autobiografía. Hay un título, Fundador (1967, traducido al español por Ida Vitale con cómplice pericia) que reúne con fuerte voluntad de estilo y vigorosa ambición inteligente estas características enumeradas. Se trata de un título que en su momento, en aquel remoto 1967 (y que acaso todavía ahora conserve esa su singularidad) sorprendió porque, en efecto, en él las palabras, y el sistema que esas palabras materialmente articulaban, conformaban un solo destino intransferible con el cosmos que el libro hacía por recrear. Una adecuación feliz, logradísima, entre la forma y el fondo, una fusión del ser y el acto del ser; un ejemplo que ilustraba aquella interrelación única y sin fronteras entre el bailarín y su danza que Yeats celebra en uno de sus poemas más memorables.