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ABC JUEVES 16 6 2005 Internacional 37 El ex presidente de México Echevarría será juzgado por genocidio M. M. CASCANTE. CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. La Suprema Corte de Justicia de la Nación de México resolvió anoche, por tres votos contra dos, que no ha prescrito el delito de genocidio relativo a la matanza de estudiantes ocurrida el 10 de junio de 1971 en la Ciudad de México. Centenares de universitarios fueron entonces baleados por un grupo paramilitar organizado, entrenado y financiado por las fuerzas de seguridad, conocido como Los Halcones Con esta decisión, el entonces presidente, Luis Echeverría Álvarez, y su secretario de Gobernación, Mario Moya y Palencia, pueden ser encausados. De hecho, el máximo estamento judicial ha ordenado al quinto Tribunal Unitario en materia penal que decida si gira o no orden de aprehensión contra Echeverría y Moya por las muertes del halconazo Aunque los delitos de genocidio conculcan a los treinta años, la Corte establece que dicho plazo de prescripción comenzó a contar el 1 de diciembre de 1976, cuando los dos políticos perdieron el fuero del que gozaban por desempeñar cargos públicos. La Suprema Corte también dictaminó que el delito de genocidio ya prescribió en las otras nueve personas que fueron acusadas por la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado. Hace ahora 34 años, durante una marcha en apoyo a los estudiantes de Nuevo León, un grupo de jóvenes fue atacado con varas, cuchillos y rifles, dejando un saldo de varias decenas de muertos. El atroz secuestro de los Poblete, base del fallo que anula las leyes del perdón Su trágica historia, principio del fin de la impunidad en la dictadura argentina de ruedas vacía, una madre desaparecida, un bebé secuestrado, una hija que descubre su identidad tras 22 años... son los ingredientes de este drama CARMEN DE CARLOS. CORRESPONSAL BUENOS AIRES. Ellos no lo saben. No lo pueden saber. Están desaparecidos. Pero, por ellos, la Corte Suprema de Justicia argentina arrojó al cesto de la basura las dos leyes que dejaron a cientos de torturadores y asesinos en libertad: la de Punto Final y la de Obediencia Debida. Son, o eran, los Poblete: José, Gertrudis y su hija Claudia, la única sobreviviente. La historia trágica de José comienza a escribirse en 1971. A los 16 años, en la Estación Central de Santiago, en su Chile natal, un tren le arrolló como a una hoja. Sus piernas, separadas del tronco, quedaron esparcidas sobre los raíles. Al año siguiente viajó a Buenos Aires para rehabilitar un cuerpo amputado que debía aprender a moverse. En el Instituto del Lisiado fundó, con otros pacientes, el Frente de Lisiados Peronistas y poco tiempo después, a través de una compañera de filas, conoció a Gertrudis, Trudy El 25 de marzo de 1978, en pleno apogeo de la dictadura, nació Claudia. Apenas disfrutaron del bebé ocho meses, el tiempo que necesitaron los militares para echarles el guante. El terror se había apoderado de Argentina y la familia entera fue llevada a uno de los centros emblemáticos de tortura con b Una silla Buscarita Roa, abuela de Plaza de Mayo y madre de José Poblete Roa el sarcástico nombre de El Olimpo. En este paraíso de los suplicios a José le llamaban, por su físico, el cortito Lo hacían, antes, durante y después de meterle picana (descargas eléctricas) o someterle a cualquier martirio, según relatan los que pudieron contarlo. Un día, su silla de ruedas, vacía, apareció en la puerta de la calle, junto a la reja. José no volvió nunca más. Tampoco se volvió a ver a Gertrudis. La niña estuvo poco tiempo con ellos. El teniente coronel Ceferino Landa y su mujer, Mercedes Moreira, tenían prisa por ser padres. Con ellos estaba hace cinco años, cuando su tío Fernando, con la ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo, descubrió su rastro después de más de dos décadas. Hoy tie- AFP ne 27 años, es ingeniero de sistemas, rubia y mide 1,70. Sin querer entrar en detalles sobre la gente que la adoptó y con su verdadero nombre, Claudia Victoria Poblete, le dijo al diario Página 12: Cada uno es responsable de sus actos, me siento más completa, más tranquila, ahora no soy parte de una mentira Los que más se ensañaban en El Olimpo eran dos policías, El Turco Julián y Juan Antonio del Cerro, alias Colores Impunes, el primero presumió en televisión de su pericia en la tortura con puños, cables y bolsas, entre otras herramientas. A los dos se les aplicará la ley a la que venían dando la espalda, como declaró su tío Fernando: No es revancha, es justicia