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34 Internacional JUEVES 16 6 2005 ABC Los rasgos más duros de los candidatos han sido cuidadosamente suavizados en los carteles electorales Las clases más acomodadas de Teherán marcan la pauta de una continua emancipación de la Sharia La música occidental sigue estando prohibida, así como la industria de Hollywood. Con la llegada del reformismo jatamista, el Ministerio de la Guía Islámica- -el mismo que pretende cobrar estos días 1.000 euros a los periodistas occidentales por poder ejercer su trabajo- -ha incluido entre sus tareas la de censurar los DVD occidentales, o la de pintar con rotulador negro rodillas, brazos y escotes de las mujeres que aparecen en cada una (sic) de las revistas extranjeras ya autorizadas en Irán. A pesar de ello, el mercado negro de música y películas occidentales es imparable en los medios juveniles de Teherán. Los topmanta a la salida de las bocas de metro ofrecen a precios asequibles lo legal y lo ilegal, y en los cibercafés se puede navegar por internet a velocidad lenta debido a las barreras impuestas por las autoridades para filtrar los contenidos eróticos y las web políticas de la disidencia iraní en el extranjero. Jóvenes seguidoras del candidato favorito, Akbar Hashemi Rafsanjani, en un mitin celebrado ayer en Teherán EPA Las elecciones de mañana en Irán marcarán el final de ocho años de reformismo con la reconquista por parte del ala dura del régimen del último bastión de la resistencia, la presidencia del Gobierno... pero se han producido cambios sociales para los que ya no se vislumbra marcha atrás Si Jomeini levantara la cabeza POR FRANCISCO DE ANDRÉS. ENVIADO ESPECIAL Los jóvenes no se fían Tras la reconquista del principal bastión de los reformistas, el Parlamento, consumada el año pasado, el retorno de los integristas a la Cámara legislativa produjo un primer momento de pánico entre los jóvenes y la mayoría de las mujeres. Se habló de la vuelta de piquetes de basiyis vigilantes voluntarios de la práctica de la Sharia en las calles. La alarma resultó entonces falsa, y ahora el propio ayatolá Rafsanjani, que se siente ya presidente, ha asegurado en público que permitirá cierta relajación en el código de vestimenta femenina. No obstante, la desconfianza mueve a los jóvenes a no bajar la guardia, y a rechazar al mismo tiempo una religión trufada de normas externas e impuesta desde el poder político. Antes de la revolución- -dice Mustafá Manuchehri, profesor en la Universidad de Teherán- -la gente vivía la religión en casa y se divertía en la calle; ahora aparenta vivir la religión en la calle y se divierte en casa TEHERÁN. Un paseo por las calles de la capital iraní, decorada estos días con miles de carteles electorales, es, para el conocedor del Irán anterior a la llegada del ayatolá Jatamí a la presidencia del país, un divertido ejercicio de observación de la metamorfosis política. Los rostros de los ocho candidatos presidenciales- -seis integristas y dos reformistas- -han sido cuidadosamente tratados según las normas occidentales para trastocar el mensaje. El rostro duro del ex jefe de la Policía, Qalibaf, aparece por ejemplo suavizado y su calva oculta. Ali Larijani, otro duro del sistema jomeinista, aparece sublimado con el verso de un poeta disidente cuya reputación contribuyó a destruir el propio ex jefe de la televisión iraní. Los viejos oficiales de la Guardia Revolucionaria esconden sus credenciales militares y hacen gala, en cambio, de dudosas titulaciones académicas. Los turbantes de los clérigos son piadosamente recortados en las fotografías. Hasta el favorito, el ayatolá Rafsanjani, se ha plegado a las técnicas modernas, y centenares de chicos y chicas, ataviados con pañuelos de color, reparten sus folletos de propaganda en los medios estudiantiles de Teherán entre la indiferencia general. Renovación tutelada Para el favorito y sus comparsas- -seleccionados entre más de mil candidatos por el organismo censor que obedece al Líder Supremo, el ayatolá Jamenei- -las nuevas reglas responden a los nuevos tiempos. Los dos únicos ejercicios de democracia vigilada que permite el sistema jomeinista, las elecciones parlamentarias y las presidenciales, deben contar con un nivel de participación aceptable para demostrar al mundo que en Irán rige una Revolución Popular. Y eso pasa inevitablemente por la necesidad de atraer a una parte significativa del electorado joven (el 70 por ciento de los 68 millones de iraníes tiene menos de 25 años) Y por la aceptación de cambios en la aplicación de la Sharia- -el código islámico de conducta- -que parecen ya irreversibles. Entre las reformas más coloristas, la relajación en el uso del hijab el velo islámico de la mujer. En los barrios ricos del norte y en los pudientes del centro de Teherán, la norma común es el pañuelo de cabeza en sustitución del velo negro, el flequillo al aire y el uso provocativo del maquillaje. La televisión por satélite sigue siendo ilegal, pero hace mucho que la Policía no requisa ninguna antena parabólica.