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66 Espectáculos MIÉRCOLES 15 6 2005 ABC Pink Floyd se reúne después de veinticuatro años de demandas y desencuentros Roger Waters vuelve a la disciplina del grupo para actuar en el festival benéfico Live 8 b La banda británica interpretará tres canciones de Dark Side Of The Moon el próximo 2 de julio en Hyde Park, escenario del concierto organizado por Bob Geldof J. LILLO MADRID. Cuando Bob Geldof puso en marcha Live Aid en 1985, los proyectos en solitario de Roger Waters y la decisión de ceder la marca de Pink Floyd a sus antiguos socios- -Dave Gilmour, Rick Wright y Nick Mason, a los que consideraba incapaces de mantener con vida un grupo que consideraba suyo- -abortaron la presencia en el festival del cuarteto. Gilmour se tuvo que conformar entonces con intervenir como guitarrista de Roxy Music. La banda llevaba varios años separada. Las tensiones generadas durante la producción de Animals se prolongaron hasta la grabación de The Wall cuya gira se convirtió en epílogo creativo de un cuarteto que había conseguido despachar 35 millones de copias de Dark Side Of The Moon El 17 de junio de 1981 fue la última vez que Waters y Gilmour subieron juntos a un escenario. A partir de entonces se declaró una de las batallas legales más complejas, rencorosas y prolongadas de la historia del rock. Tras abandonar la banda, el autor de The Wall trató de neutralizar en los tribunales la resurrección de Pink Floyd, un grupo que, sin su aliento, creyó definitivamente muerto en manos de sus antiguos socios. Sin embargo, Gilmour consiguió en 1987 que el viejo líder del cuarteto aceptara las nuevas y ventajosas condiciones de explotación de una de las marcas comerciales más rentables del mercado del pop. Hace ahora dos años, con motivo de la reedición de Dark Side Of The Mo- Juan Diego Flórez, en un recital RAÚL DOBLADO CLÁSICA Ciclo de lied Obras de Manuel García, Bellini, canciones peruanas, etcétera. Intérpretes: Juan Diego Flórez, tenor, Vincenzo Scalera, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Fecha: 13- VI MUSICOFILIA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE N Dave Gilmour y Roger Waters, talentos rivales de Pink Floyd ABC on Waters confirmó que nunca volvería a reunirse con el simulacro de Pink Floyd que Gilmour había abanderado hasta finales de los años noventa. Geldof, sin embargo, ha conseguido lo que parecía imposible. Quizá no convenza al G- 8 con su festival caritativo, pero ha logrado- -más difícil todavía- -que los cerdos inflables de Pink Floyd vuelvan a volar sobre el cielo de Londres. o tiene suerte Juan Diego Flórez con sus recitales madrileños. Cuando no es el aire es la luz. Hace ahora tres años que se presentó en el Teatro Real sufriendo en garganta propia la sequedad de nuestra contaminada atmósfera. Ya se sabe que lo extremo de este clima perjudica a muchos. Se quejaba de ello Felipe II como ahora lo manifiesta el tenor peruano, que algo debe tener de soberano cuando los espectadores proclaman, voz en grito, que estamos ante el rey Los incondicionales son así. Fieles, entusiastas y absolutistas. Sí señor. En estos tiempos de anodina corrección, su fidelidad es un bálsamo para el resto del respetable, un acicate para el héroe y una seguridad para la permanencia del teatro a la moda Hasta tal punto son parte sustancial del entramado que, por ellos, Flórez terminó este recital en el terreno más propicio. Cantó como primera propina una canción peruana. Bien, pero supo a po- co. Empezó a oírse el acompañamiento de la Furtiva lacrima y toda la sala fue recogerse en un suspiro. Llegó, por fin, Rossini, por partida doble, y aún La donna è mobile y todo fue un acabose. Aplausos y flores se unieron en un solo clamor. Con las propinas se pudo comprobar que la extraordinaria materia de Flórez permanece impoluta, radiante. De ahí el valor de esos regalos tras un recital que no acababa de rematarse. Las razones son varias, al margen de la anécdota del fallo en una de las acometidas eléctricas del teatro y el consiguiente encendido de la luz de emergencia. Flórez se presentaba con un programa esencialmente lírico y musicalmente pusilánime. La correcta gracia de las canciones de Manuel García, la melodiosa cadencia de las de Bellini, algunas peruanas y otras de Fauré, Massenet, Bizet o Tosti, estaban lejos de las profundidades musicales a las que acostumbra el Ciclo de Lied. Y a este repaso belcantista Flórez respondía con una voz poco engrasada en las medias voces, en el filado y en el remate de los finales. Sin negar otras cuestiones formales como el hacerse rogar en la entrada al escenario, prolongar en exceso las pausas entre bloques de obras, asomar a veces el rabillo del ojo a la chuleta o la monocorde gesticulación. Por supuesto que por el camino quedaron detalles de altura, pero fue el jaleo de musicófilos y melómanos lo que trajo el espectáculo.