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60 Cultura EN LA MUERTE DE JAIME CAMPMANY MIÉRCOLES 15 6 2005 ABC La viuda de Campmany, Conchita, junto a María Fernanda D Ocón, muy emocionadas (a la izquierda) A la derecha, Javier Gómez de Liaño y María Dolores Márquez de Prado Flores del bien para el poeta. Lágrimas de rabia entre los dientes por su pérdida. Emoción en el adiós a Jaime Campmany en Madrid. No tenéis que llorar por haberle perdido, tenemos que agradecer por haberle tenido recuerda el sacerdote en la misa El cielo de Campmany es para siempre TEXTO: ANTONIO ASTORGA MADRID. Lo mejor que se puede hacer por Jaime Campmany es escribir para hoy- -nunca para la posteridad- con una rosa en el ojal de la solapa, en un papel que mañana se marchitará y dejarse el alma en cada artículo. Eso decía él de César o nada. Y apretar la piel de los dientes para que no broten lágrimas. Pero ayer la rabia por el traicionero arrebatamiento del maestro del Periodismo no detuvo esas lágrimas. Llovieron lágrimas sobre el ataúd del genio, llovieron lágrimas sobre el poeta y llovieron jaculatorias mientras contemplábamos cómo en el hisopo florecían ternísimas flores increíbles. de tus amigos de Época flores de tus amigos Isabel y Rafael, flores de Maripí y Rodolfo, flores de tus hermanos Isabel y Antonio, flores de tu familia López- Varela, flores del alcalde de Murcia, flores de Lina Morgan... Y así, flores para la eternidad del poeta, que colapsaron el Tanatorio de San Isidro. Flores para un hombre que no practicaba el odio ni la tirria con nadie. Mientras, en la Casa de Campmany, en su Casa de ABC, las banderas ondean a media asta doloridas por su pérdida. Las flores del bien Flores del bien para el maestro de la palabra que practicó el bien. Dos enormes y preciosas coronas de tus amigos de Vocento y de tus amigos de ABC. Flores de tu familia Bernal, flores de tus familiares de Tudela, flores de tu familia Gómez de Liaño- Márquez de Prado, flores de los registradores de Cámaras, flores de tus amigos de Laura (desde Bruselas) flores de tu amigo el ministro de Defensa, José Bono; Flores de tu amigo Mariano Rajoy; flores A las diez y media se celebró misa en San Isidro. Una hora más tarde partió Campmany a su última morada Sabemos que Jaime no volverá, pero sí que nos espera, donde hay amor y caridad señala el padre Javier en la misa A las diez y media en punto de una calurosa mañana madrileña comenzó el funeral por el eterno descanso del reinventor del barroco en la columna periodística. Lo oficia el padre Javier, familiar de don Jaime. Confiesa que es un momento difícil para él, pero lo vive en la esperanza de que la muerte es un hasta luego, es pasar a la Casa de Dios Padre. Y recuerda una escena que vivió días pasados en el colegio donde enseña: Un chiquillo de unos nueve años sale de clase y se encuentra a su madre que ha ido a buscarlo apresuradamente. ¿Qué ocurre, mamá? le pregunta. Ella responde: Hijo, el abuelo se ha ido al cielo ¡Para siempre! replica el niño. Y la ingenuidad de su hijo marca a la madre Ese para siempre, explica el padre Javier, es el cielo: Sabemos que Jaime no volverá, pero sí que nos espera. El cielo sí que es para siempre y ahí nos esperan los seres queridos. Ahí nos va a esperar Jaime. Donde hay amor y caridad El cielo de Campmany ya es para siempre. El sacerdote evoca una reciente celebración familiar con Jaime Campmany y su esposa, Conchita: Hacía años que no nos veíamos y Jaime me recibió como un hijo, porque eso es lo que siempre ha procurado. Jaime ha querido a todos, ha puesto su amor en toda la familia: mujer, hijos, nietos, toda la familia. Y siempre la broma acertada. Y el buen humor. Él estaba deseando poder celebrar las bodas de oro de su matrimonio. No tenéis que llorar por haberle perdido, tenemos que agradecer por haberle tenido. Hemos tenido la suerte de tenerle durante muchos años, vamos a aprender de él, que trabajó hasta el final con alegría. Me lo he pasado muy bien decía de su pasión periodística El corazón del poeta Decía Campmany de Neruda- -en la Tercera inolvidable con la que principió su colaboración de tres décadas en ABC, escribiendo todos los días y todas las noches, hasta su última madrugada- -que el corazón de los poetas es una interminable alcachofa donde no hay solamente hojas para amores verdaderos o sueños persistentes, sino para todas las tentaciones de la vida. Su gran corazón dio una hoja para la maldición y cien para la ternura El gran corazón de Campmany dio centenares