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ABC MIÉRCOLES 15 6 2005 59 La Fura convierte a Don Quijote en un internauta enganchado a la red en el Festival de las Artes de Castilla y León El Nobel Dario Fo dirige la ópera La gazzetta de Rossini, en el Liceo de Barcelona Murcia da su nombre a un premio literario MURCIA. El premio de novela del Festival Murcia Tres Culturas se denominará a partir de ahora Jaime Campmany en memoria y reconocimiento a su figura. El alcalde de la ciudad, Miguel Ángel Cámara, quiere así mantener vivo el recuerdo de un hombre que, con su ejemplo vital y su labor profesional, contribuyó a engrandecer el nombre de Murcia, que de esta forma le rinde tributo permanente Y es que Jaime Campmany ejerció siempre con orgullo de murciano. Federico Trillo recordaba ayer que hoy descansa en tierra murciana, que era su último deseo Ramón Luis Valcárcel, presidente de la Comunidad, también tenía palabras cariñosas para el periodista: era un murciano que ejercía, pese a estar fuera de la región; se ha ido un hombre bueno con cualidades humanas extraordinarias y un maestro de articulistas Recordó también su murcianismo la Asociación de la Prensa local: Nunca su ciudad- -dijo un portavoz de esta institución- -se le quedó pequeña, pese a su proyección nacional y a sus éxitos literarios Rodolfo Martín Villa acudió al entierro JUANCHI LÓPEZ Ramón Luis Valcárcel y Federico Trillo Conchita y sus hijos, a jirones, se bebían la hiel amarga de este trance. Deshechos y llenos de gratitud Tuve como único consuelo la correspondencia con Cela y Campmany. Cuánto consuelo me dio afirma Eduardo Correa, ex presidiario, siete años en la cárcel negras, preñadas de llanto. Beatriz y Emilio sostenían apenas la entereza y la fatiga de su madre. Laura intentaba digerir, confortada entre abrazos, este guiño de farol, sin treinta y una, de la vida. Órdago tramposo e inapelable. Rostros conocidos, otros que no lo eran. Vecinos, gente más cercana. Admiradores. No se adivinaban curiosos en estado puro. Llegó el presidente de la Comunidad de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, quien coincidió con autoridades locales, representantes empresariales y con el presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la que Campmany pertenecía a ma- yor gloria de Dios y de las tallas sublimes de Salzillo. No sólo era cofrade de la columna, pese a la penitencia diaria. También asistieron a esta despedida el ex ministro y ex comisionado del Prestige Rodolfo Martín Villa, el magistrado Javier Gómez de Liaño, el presidente de Honor de ABC, Guillermo Luca de Tena; la presidenta- editora de nuestro diario, Catalina Luca de Tena; el director general de La Verdad Daniel Gidrón, y el columnista José Antonio Martínez Abarca. Tras oficiar el sacerdote, amigo de la familia, las palabras entrañables del compañero de estudios de Derecho, Pepe Mulero, terminaron quebradas por la emoción: Campmany no estaba gordo, su buche era un archivo de vocablos y su redondez, aérea. A su edad, ya lo decía él, se lo podía permitir todo. Catalina Luca de Tena consuela a Conchita, viuda de Campmany podía hacer por él. Lo único que podía hacer Conchita seguía luchando contra el sol, como Josué, y aún pudo articular unas palabras para las televisiones, unas frases de tributo a Murcia, aquí es donde quería descansar en un ejercicio de amor inabarcable por el esposo, más sólido e intenso aún que el de aquella habitación de realquilados de cuando recién casados con la que Jaime puso hace un par de meses unos pespuntes a los pisitos de la ministra Trujillo, con la gracia y la retranca de la memoria histórica. Las voces salmodiaron un Padre nuestro, después la Salve, mientras los operarios ponían el contrapunto de gritos y rutina en el descenso del féretro. Descenso o descanso. No se alcanzaba a ver la lápida, que en la espera había estado colocada en lo alto, de lado, ni a comprobar si se recogía en ella aquel epitafio socarrón que una vez propuso, en el que pretendía glosar al puñado de amigos que habían aprendido a escribir bien su apellido. Se va y se queda, querido y arropado, pese a algún ripio de cabo suelto de quienes sólo distinguen la excelencia entre los afines y paniaguados. Aún teníamos que aprender muchas, demasiadas cosas, del maestro del alma y compañero. Correspondencia desde la celda Imponente como un roble, nos aborda también un recién llegado, a trompicones, desde Granada. Con la frente perlada de sudor toma notas febriles y minuciosas en un cuaderno diminuto. Luego las arranca y nos las entrega. Las firma Eduardo Correa, ex presidiario. Estuvo siete años en la cárcel por cosa de drogas y, aplastado entre las paredes de su celda, tuve como único consuelo la correspondencia con Cela y con Campmany. Cuánto consuelo me dio, gracias a eso saqué fuerzas para rehacer mi vida. Venir es lo menos que