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42 Madrid MIÉRCOLES 15 6 2005 ABC DIMES Y DIRETES EN DEFENSA DE LA PARTICIPACIÓN CÍVICA U cambiando en España y ése debe no de los mejores indicaser para todos un motivo de celedores de la salud de una bración. Desde hace unos años democracia es el grado venimos comprobando que, por de participación ciudadana. La fin, algo se mueve y que la partitradición asociativa y participacipación ciudadana ha dejado la tiva del mundo anglosajón es, retórica para pasar a los hechos. sin duda, una de las razones que explican la longevidad y fortaleza CONCEPCIÓN Un ejemplo de ello es el papel DANCAUSA protagonista que, después de mude la democracia de estos países. cho tiempo, han adquirido las organiEspaña carece de esa tradición. La zaciones cívicas nacidas para combanuestra no es sólo una democracia retir el terrorismo etarra y defender la ciente sino que durante muchos años lo aplicación estricta de los mecanismos que suele llamarse sociedad civil no que ofrece el Estado de derecho. La mase ha organizado con la naturalidad y esyoría de ellas salió el pasado 4 de junio pontaneidad con la que florecen las asoa la calle para decir, pacíficamente y ciaciones de todo tipo en países como de manera muy clara, que una hipotéGran Bretaña o Estados Unidos, por tica negociación con la banda terrorismás que, en este último, el asociacionista no contará nunca con su apoyo, que mo haya entrado en declive desde la déno aceptarán injusticias irreparables cada de los ochenta. y que harán oír su voz siempre y cuanLas cosas, sin embargo, parecen estar do lo consideren oportuno y necesario. El éxito de su convocatoria supone un reconocimiento a todas estas asociaciones que, con dedicación y esfuerzo, superando mil dificultades, vienen años desempeñando un papel crucial en la historia de nuestro país. Su sanísima rebeldía cívica, su resistencia pacífica, exenta de radicalismos, constituyen un síntoma de la salud de nuestro sistema democrático y las debe hacer merecedoras de nuestro aplauso. Las iniciativas y las protestas cívicas deben mover siempre a la reflexión. En particular a los políticos, que tenemos la obligación de estar en todo momento atentos a las llamadas de atención de los ciudadanos y atender sus verdaderas preocupaciones. Los movimientos cívicos son probablemente la mejor manifestación de la pluralidad de voces y formas de sentir de nuestra sociedad. De ahí la importancia de contar con su estímulo y reconocer su valioso trabajo en la consolidación de nuestra democracia. Concepción Dancausa es presidenta de la Asamblea MADRID AL DÍA EL ROALICO MANUEL MARÍA MESEGUER ste verano nos vamos a hartar de azul velazqueño. Ni siquiera los dos festejos que los madrileños vienen utilizando como señuelo para que descarguen las nubes- los taurinos de San Isidro y la Feria del Libro- han provocado este año suficientes maldiciones entre el personal. Una corrida de toros y una jornada librera pasadas por agua han sido los únicos momentos en que la panza de burro de alguna nube se ha abierto sobre Madrid. El peculiar color del cielo madrileño va a calcinar las calles este verano, cuando se han acabado los festejos que puedan servir de rogativa para las lluvias. A las escarchas que helaron el Mediterráneo este invierno, y con ellas las habas, las bajocas, los alcauciles o los pésoles de la huerta murciana, han seguido los calores blancos de chirrido de cigarras, sombrero de paja y ensoñaciones de agua en las secas torrenteras del litoral. Vicente Medina fue un poeta murciano a caballo del siglo XIX y del XX que emigró a la Argentina donde publicó unos idílicos poemarios que recogió después en sus obras completas, Aires murcianos con fotografías en blanco y negro y color de una Murcia morisca y empobrecida, pendiente del cielo y las cosechas. Escribió sobre la cansera, una especie de depresión causada por la ruina de las heladas, y sobre la sequía; también de las mozas y las fuentes, que en aquella época debían de ser como las discotecas de ahora. Medina escribía desde la lejanía y la nostalgia y su poesía aparecía sobrada en exceso de melancolía y sentimentalismo. Muchos creímos, sin confesarlo, que un poeta como Salvador Jiménez o un prosista- poeta como Jaime Campmany, amigos del alma y murcianos afincados en Madrid, podrían haber escrito una versión actualizada de la tierra que llevaban en el corazón. Pero Salvador se fue hace ya rato, como con prisa, y Jaime debió quizás decirle lo que escribió Medina en uno de sus versos: pa cuando, en mi horica, me llame la tierra, ¡guárdame un roalico! Y sin esperar a que la sequía calcine las calles y a que la muerte blanca arrase más cosechas, Jaime se ha ido a su roalico en este verano en el que nos vamos a hartar de azul velazqueño. E