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66 Tribuna MARTES 14 6 2005 ABC FIRMAS EN ABC ANA ROSA CARAZO CATEDRÁTICA DE LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS TABÚ ...Lengua y Literatura Españolas, pues, y no hay más cera que la que arde, lo diga Agamenón o su porquero. Lo de Lengua Castellana y Literatura no sólo produce cacofonía sino que es una falsedad... C ASTILLA y castellano son palabras hermosas y rotundas. Cuando las pronunciamos, con amor o con pasión, parece que se te llena la boca de un sabor antiguo y perdurable, los ojos de anchos y lejanos horizontes, la mente del recuerdo de su historia singular y heroica. Nombrar Castilla es evocar personajes y ciudades que nos habitan y nos hablan, desde la lejanía o la presencia, con las palabras de sus gestas y de sus piedras: Fernán González, Burgos, los Infantes de Lara, Madrigal de las Altas Torres, madriguera de re- cios hombres que cantara exaltadamente Unamuno, Carrión de los Condes, Valladolid, Alfonso VI, aquel Rey que hubiera podido ser buen señor para Rodrígo Díaz de Vivar, Carazo, mi segundo apellido, cerca de Silos y su monasterio, desde cuyo claustro se puede ascender vuelto en cristales, como su ciprés, al alto cielo; Medinaceli, Ciudad de Selim, dicen, pero también Ciudad del Cielo, donde el tiempo no fluye y el alma se serena y queda inmersa en una suerte de quietismo casi místico. Tú me levantas, tierra de Castilla en la rugosa palma de tu mano al cielo que te enciende y te refresca al cielo, tu amo, canta ahora, con idéntica pasión y fervor, don Miguel, vasco y salmantino, castellano pero, sobre todo, español. Y subrayo español al citar a Unamuno, que hablaba de Vasconia y de sus gentes con el amor y la autoridad que le con- RICARDO MANSO CASADO INGENIERO DE MINAS SOSTENIBILIDAD Y KYOTO OSTENIBILIDAD y Protocolo de Kyoto tienen un mismo origen y son fruto de la preocupación de la sociedad por el futuro, o quizá fuese más correcto decir que surgen como consecuencia de la zozobra del ser humano ante el vertiginoso desarrollo y por su miedo a asumir los avances que la ciencia y la tecnología pueda alcanzar. El concepto de Desarrollo Sostenible surge, a finales de los años 80, en respuesta a la necesidad de encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación de los ecosistemas. En el informe Brundtland se define como El proceso de mejora de la calidad de vida humana que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades Este desarrollo debe garantizar las condiciones necesarias para su propia continuación, controlando y suprimiendo sus efectos negativos e implicando, en particular, la preservación y mejora del estado y funcionamiento de los sistemas ecológicos. El Protocolo de Kyoto nace dentro de lo que se conoce como Conferencia de las Partes, en la tercera de las celebradas, en diciembre de 1997. En este acuerdo, ratificado por la naciones firmantes a finales de 2004 y puesto en marcha en febrero de 2005, se propone reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera con el fin primordial de evitar un cambio climático fruto de la actividad humana. S Ambos conceptos, Sostenibilidad y Protocolo de Kyoto, tienen su punto de encuentro más intenso en la energía, pues ella, la energía, es un servicio esencial para la economía y el desarrollo, contribuyendo a aumentar la estabilidad social mediante la mejora del nivel de vida. En las sociedades industriales, tanto la movilidad y bienestar de las personas como la producción de la mayor parte de la riqueza industrial y comercial, dependen de la disponibilidad de energía. Las actividades destinadas a su obtención y consumo son las principales responsables de la emisión antropogénica a la atmósfera, entre otros gases de efecto invernadero el dióxido de carbono. La reducción de emisiones de CO 2, para evitar que aumente su concentración en la atmósfera, puede lograrse disminuyendo la cantidad de energía utilizada, aumentando la eficiencia energética y empleando combustibles menos contaminantes o tecnologías que no conlleven emisiones. Todos y cada uno de estos factores han de ser aplicados. No obstante la integración de la dimensión medioambiental en la política energética depende de la producción y uso de energías que no emitan CO 2- -nuclear y renovables. El compromiso alcanzado con el Protocolo de Kyoto es un hecho muy encomiable y un acto de buena voluntad, pero su eficacia en la solución del problema que se pretende ha de ser puesto en duda, pues los países en vías de desarrollo, poseedores de prácticamente la mitad de la población mundial, no están obligados a su cumplimiento y los que se comprometieron disponen de la posibilidad de pagar para seguir contaminando. Por otra parte, es igualmente sabido que al menos durante los próximos treinta años no se podrá prescindir de las actuales fuentes de energía primaria y, en consecuencia, la generación de CO 2 es inevitable, lo que significa que suprimir su dispersión en la atmósfera pasa por la captura y no por la prohibición de producción, todo ello en el supuesto de seguir manteniendo el actual grado de desarrollo. El Protocolo de Kyoto parece claro que no es la piedra filosofal para el caso que nos ocupa, pero si se podría considerar el primer hito de lo que ha de ser una legislación universal que vigile la salubridad del Planeta, a la vez que, adecuadamente enfocado, el motor que estimule e incentive la búsqueda de tecnologías eficaces y respetuosas con el medio, pues solo con el progreso científico y tecnológico se compatibilizará el desarrollo y el bienestar. Nuestra civilización ha sido lograda por sucesivas generaciones que a lo largo de miles de años han ido ganando cotas de desarrollo, bienestar y libertad con el concurso de los descubrimientos científicos y técnicos en el seno de sociedades que asumían en sus estructuras y organización estas materias como esenciales. La permanencia de lo alcanzado, de la civilización en si, depende de que seamos capaces de seguir caminando por esta línea de trabajo y de organización, lo que implica necesariamente defender la ciencia y la tecnología como los elementos esenciales de la sostenibilidad, el progreso y la calidad de vida. cedían sus ancestros, pero que se sentía español por encima de todo. Ya escribí, hace un par de años, sobre el castellano y traté de establecer las diferencias entre este término y el de español. Y aunque, de entonces a esta parte, voces más autorizadas que la mía también lo han hecho, el uso de castellano ha suplantado casi totalmente al de español (Y, por supuesto, el de este país o cualquier otra fórmula más o menos gráfica con tal de eludir el nombre de España. El término castellano representa, pues, para mí, la gesta y la leyenda, la mística y la singularidad. Frente a los demás dialectos peninsulares, tan conservadores y arcaicos, el castellano surgió con tal fuerza renovadora y revolucionaria que, a lo largo de la Reconquista, y desde sus primeros balbuceos los arrinconó al noroeste y al noreste- -gallego y catalán- -con el bastión del vascuence en el norte, y había absorbido en su expansión al astur- leonés y al navarro- aragonés, de los que hoy sólo quedan menguados vestigios que, artificialmente, algunos pretenden linguas o llinguas Esta es la gloria del castellano que, habiendo sido el dialecto de un mínimo territorio, como nos cuenta el poema de Fernán González- -Entonç era Castiella un pequeño rincón era de castellanos Montesdeoca mojón- -lograría en unos cuantos siglos, como una prodigiosa levadura, convertirse en la lengua peninsular, y un poco más adelante en lengua transatlántica. Pero no en todos los países de su extenso dominio se habla castellano. Ya lo confesó Octavio Paz: Hablo español, porque el castellano no lo sé pronunciar y aquel campesino palmero, ya citado en otras ocasiones, que a la pregunta de ¿usted habla castellano? contesta con casi idénticas palabras que las del escritor mejicano: No señor, aquí hablamos español porque el castellano no lo sabemos pronunciar Conciencia lingüística se llama esta figura. Pero abandonemos ya este largo preámbulo y vengamos a lo actual. La lengua española tiene una literatura que naturalmente está escrita en español, aunque sus autores sean castellanos o aragoneses, andaluces o murcianos, canarios o hispanoamericanos (y permítaseme que no utilice el término latinoamericano) Tanto Miguel Delibes como García Márquez, Umbral como Vargas Llosa, escriben en español, su lengua, que en Delibes es puro español de Castilla y en Umbral nos sorprende con sus perfiles originalísimos, siempre eficaces; y en los hispanoamericanos, se viste con giros sintácticos y léxicos propios de su país pero que no sólo no oscurecen la luz de nuestra lengua sino que la realzan y la enriquecen. De ahí que me irrite y hasta me indigne que se le llame Lengua Castellana y Literatura tanto en el nivel de la enseñanza como en las denominaciones oficiales a nuestra Lengua y Literatura Españolas Lengua y Literatura Españolas, pues, y no hay más cera que la que arde, lo diga Agamenón o su porquero. Lo de Lengua Castellana y Literatura no sólo produce cacofonía sino que es una falsedad.