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64 Cultura MARTES 14 6 2005 ABC Fallece Eugenio de Andrade, una de las grandes figuras literarias portuguesas del siglo XX Poeta de lo elemental, su obra fue traducida a más de veinte idiomas b El autor de Narciso -José Fontinhas era su verdadero nombre- -murió en la madrugada del lunes en Oporto, víctima de una prolongada dolencia BELÉN RODRIGO CORRESPONSAL LISBOA. El poeta portugués Eugenio de Andrade falleció la madrugada del lunes en Oporto a los 82 años, víctima de una dolencia prolongada. Considerado una de las principales figuras de la cultura lusa del siglo XX, su obra está traducida a veinte idiomas lo que le convierten en el poeta luso más traducido después de Fernando Pessoa. Poeta de lo elemental, imagen de la poesía, exactitud y rigor en sus palabras, son sólo algunas de las características que describen la larga trayectoria literaria de Eugenio de Andrade que comenzó a escribir en 1936 y su primer poema, Narciso se publicó tres años después, comenzando a firmar con su pseudónimo, Eugenio de Andrade, en lugar de su verdadero nombre, José Fontinhas. No sería hasta 1942 cuando se editase el primer libro, Adolescente y en 1948, con la publicación de Las manos y los frutos llegaría su reconocimiento profesional comenzando un periodo de gran creación literaria, incluyendo poemas, novelas y traducciones, entre ellas las de Lorca y Borges. Natural de una pequeña aldea de la zona de la Beira Baixa llamada Póvoa de Atalaia, el poeta portugués vivió un tiempo en Lisboa junto a su madre recién separada, quien será una figura muy presente en toda su vida y obra. Vivió después en Coimbra, coincidiendo con Miguel Torga y Eduardo Lourenço, y en 1950 se ubicó en Oporto, donde permanecería hasta su muerte. Combinó su carrera literaria con el trabajo de funcionario público como inspector administrativo en el Ministerio de Sanidad. figuras literarias de la segunda mitad del siglo XX del país, destacando que a pesar de no ser portuense de nacimiento se adaptó a la ciudad de Lisboa, intervino en ella en diversos niveles, cultural y político, era un hombre de la ciudad A pesar de las numerosas distinciones con las que fue premiada su obra, llevó una vida alejada de los actos sociales. Entre los premios atribuidos a su nombre se destaca el Premio de la Eugenio de Andrade, en una fotografía de enero de 2003 Asociación Internacional de Críticos Literarios (1986) Premio Don Dinos (1988) Gran Premio de Poesía de la Asociación Portuguesa de Escritores (1989) y Premio Camões (2001) En el EFE Poeta de lo elemental, imagen de la poesía, exactitud y rigor en sus palabras, así era su obra 2003 su obra Los surcos de la sed fue distinguida con el premio de poesía de Pen Club. El presidente de la Fundación Eugenio de Andrade (fundada en 1991) Arnaldo Saraiva, lamentó ayer la pérdida del escritor y amigo de cuyos poemas destacó porque eran antológicos y necesitan pocas palabras, pero se refieren a lo esencial de nuestra vida. Tienen una plenitud y una energía que sólo podemos designar como energía vital NATURALEZA ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO L Variedad en su obra literaria La obra de Eugenio de Andrade destaca tanto por su calidad como por la variedad de la misma. Escribió poesía, prosa, antologías, libros para niños y traducciones al portugués de los grandes poetas extranjeros (Lorca, Safo, Char, Reverdy, Ritsos, Borges) Su trabajo se ha publicado en 20 países como España, Alemania, Italia, Venezuela, China, México, Francia y los Estados Unidos. La ministra de Cultura portuguesa. Isabel Pires de Lima, se lamentó ayer por la pérdida de una de las grandes eer a Eugenio de Andrade es detenerse a escuchar el diálogo de la tierra con la tierra. Es la suya una escritura que no sigue la huella de los viejos maestros, sino que más bien busca lo mismo que ellos buscaron. Poeta desde la raíz, desde la vivencia más profunda de lo real, la única que ilumina la distancia que media entre la voz y las cosas. El acto poético, escribió: Es el empeño total del ser hacia su revelación La experiencia poética de Andrade es un ejercicio de indagación, una búsqueda intensa y continuada en la naturaleza, un diálogo con las cosas que verdaderamente reclaman una atención verdadera: la madre, la infancia, la tierra, el deseo, la fe y la luz del sur que funde el cuerpo y la memoria. Palabras que, libro a libro, desde Las manos y los frutos (1948) hasta Los surcos de la sed (2001) recobran su sentido primigenio. Palabras que son la casa, la sal de la lengua, palabras que nos revelan un mundo cada vez más fascinado por la sencillez, por la transparencia. Palabras que celebran el mundo hasta el silencio, un silencio al que aspira porque en él se nos devuelve la verdad que roza el decir. La poesía de Andrade crece desde el despojamiento, desde el rigor obstinado, desde la hondura elemental de la lengua que se condensa y depura hasta la fulguración.