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ABC MARTES 14 6 2005 Opinión 7 En la muerte de Jaime Campmany El actor Manuel Galiana protagonizó su adaptación de Cyrano de Bergerac Ana Botella calificó a Campmany de gran maestro de columnistas Isabel Tocino acudió por la tarde a darle su último adiós El alcalde Alberto Ruiz- Gallardón llega a la capilla ardiente DESPUÉS DE JAIME, NADIE UANDO murió Ruano, Campmany escribió su artículo del Cavia: César o nada En la perfección del remate, maestro, rotundo, decía: Muerto César, a mí los muertos se me dan como a nadie Nadie puede ahora escribir una frase así. Muerto Campmany, ya a nadie los muertos se le dan como a nadie. Taraceaba su prosa sobrada unas Escenas Políticas en las que derrochaba oficio, intuición, sabiduría, calidad de página. Pura literatura de periódicos. Campmany ANTONIO hizo época. AparBURGOS te de esa revista política que fundó, la hizo por su forma de construir el artículo. Había sido poeta antes que fraile del convento del periodismo y se le notaba. Prosa diaria con una grandeza que iba más allá del perecedero artículo. Hermano Mayor de la Cofradía de la Columna lo nombré un día. Como en los pasos de las cofradías andaluzas, hoy todos los artículos llevarán un crespón de luto en su delantera, por el hermano mayor muerto. Aquí mismo, como en un obituario procesional, me imagino que está su vara de hermano mayor, su pluma única, prendida con dos sedas negras al espacio que otros podrán llenar, pero nadie ocupar. Sede vacante en el periodismo literario español. Escribo este artículo hasta con un sentimiento tipográfico de esa orfandad. Llora la tinta de estas páginas por la firma que desde hoy le falta. De César o nada a Jaime o nadie Algo se ha muerto en el alma de ABC sin el artículo de Campmany. No me engaño si hago mío ese sentimiento de los lectores. El lector de Campmany tomaba cada mañana su artículo con el convencimiento de que lo había escrito precisamente para él. Ni les cuento el dolor de los que escribimos desde hoy sin sentir al lado su ejemplo de hermano mayor. Sólo queda la soledad de un papel sin su firma. Después de Jaime, nadie. C Esperanza Aguirre se acercó a primera hora al tanatorio de San Isidro FOTOS: ERNESTO AGUDO, JAIME GARCÍA Y DANIEL G. LÓPEZ Los hijos de Jaime Campmany, Laura y Emilio, se abrazan a la entrada del madrileño tanatorio de San Isidro Ángel Acebes destacó el lado humano de Jaime Campmany MI AMIGO JAIME GUILLERMO LUCA DE TENA L pasado 7 de junio cenamos en un restaurante de Madrid, invitados por Jaime y Conchita Campmany, Isabel y Antonio Mingote, Pili y Alfonso Ussía, mi hija Catalina y yo mismo. Jaime nos agradecía el que con motivo de su 80 cumpleaños le hubiésemos obsequiado con nuestro cariño y un modesto regalo. Yo cumplía aquel día 78 años y en los postres hubo tartas con sus velas para ambos. Planteé a Jaime el hecho de que con toda seguridad, nadie, absolutamente nadie en la historia de ABC, había escrito la enorme cantidad de artículos que con su firma han visto la luz en estas, para mí, entrañables páginas. Jaime sacó papel y lápiz y tras unos minutos de cálculos nos dijo: Pocos arriba o abajo unos 10.000 Quedamos en comprobar la cifra exacta y ayer, E aciago 13 de junio, me encuentro que a aquellos más o menos 10.000 solamente podemos añadir 6 más. Aunque es posible que la cifra no sea exacta, sí lo es que durante años y años, incluidos domingos, festivos, vacaciones, etc, Jaime ha escrito 362 artículos anuales, que son los días que se publica ABC. Fui yo, Director de ABC entonces, y a pesar de ciertas diferencias ideológicas que irían desapareciendo a lo largo de los años, y que todavía eran motivo de bromas entre nosotros, quien contrató a Jaime. Al principio, como cronista parlamentario de un Parlamento del que quiso formar parte y cuya candidatura fue afortunadamente rechazada (para bien del Periodismo español) por los sectarios de siempre. Yo empecé a leer y admirar a Jaime como cronista deportivo cuando aún no habíamos cumplido 30 años. Desde entonces eramos amigos. Un periodista no se mide, queridos lectores, por el género sobre el que escribe. Lo impor- tante son sus conocimientos y cómo nos cuenta la historia. Porque todo el contenido de un periódico, desde un mínimo suceso hasta unas trascendentes elecciones generales, constituye la historia de un día. De un día, como el de ayer, 13 de junio de 2005, marcado por el mazazo traicionero de la desaparición de Jaime Campmany y Díez de Revenga. Y para terminar hago mío parte del comentario de alcance publicado en la última edición de ABC de ayer: Ha muerto uno de los columnistas más brillantes, fecundos y leídos del periodismo español, una firma de la estirpe de Cavia y Ruano, un protagonista señero de la historia de oro del articulismo contemporáneo. También un escritor de primer orden, novelista excepcional y genial poeta satírico Al que, por cicatería, le negaron incluso un sillón en la Academia, tantas veces prometido. A todo esto yo sólo me permito añadir dos consideraciones más: era una extraordinaria persona... ¡y Conchita!