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108 LUNES 13 6 2005 ABC Gente Bosé, solidario contra la leucemia. Miguel Bosé donará a la Fundación Leucemia y Linfoma un euro por cada entrada del concierto que ofrecerá el 30 de junio en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Además, se ha reservado una fila 0 para los que quieran colaborar (www. leucemiaylinfoma. com) Kelly Rowland, Beyoncé Knowles y Michelle Williams, en un momento de la actuación que ofrecieron anteanoche en el Palau Sant Jordi de Barcelona El ombligo de Destiny s Child El trío actuó el sábado en Barcelona, dejando un poco más claro que la razón de ser del grupo tiene nombre propio: Beyoncé TEXTO: DAVID MORÁN FOTO: EFE p de ébano al cubo, coreografías libidinosas, exhibiciones vocales al límite, un nutrido cuerpo de bailarines sobre el escenario, un show al borde del delirio conceptual... Con todo su aparato es- Po cénico y sus movimientos de cadera, el desembarco de Destiny s Child anteanoche en el Palau Sant Jordi de Barcelona fue la excusa ideal para confirmar lo que ya se venía sospechando desde que la banda plegó velas hace tres años: por mucha camaradería que desplieguen sobre el escenario, todo está concebido por y para Beyoncé Knowles. Ella es la encargada de ocupar el centro del escenario, de capitalizar los planos que disparan las pantallas gigantes e incluso de lucir los escotes más generosos. Ella es el ombligo del espectáculo y la razón de ser de una banda cuyo reflote parece responder a un único objetivo: perpetuar el éxito de la responsable de Dangerously In Love dotándola de un repertorio más sólido que su corta carrera como solista. Ante poco más de 11.000 personas y respaldado por una espectacular artillería escenográfica, el trío más popular del R B salió a escena como un ciclón descorchando Say My Name y entregándose a la convulsión rítmica. A los dos minutos, Beyoncé ya había ocupado el centro. Sinto- mático. A su lado, Kelly Rowland y Michelle Williams se esforzaban por sacar brillo a Bug a boo Bootylicious o No, no, no pero la suerte ya estaba echada. Ni los sucesivos cambios de vestuario, ni las supuestas proclamas de poderío femenino ni sus tímidas apariciones a solas restaron protagonismo a la diva Beyoncé: su Crazy In Love fue, de largo, lo más celebrado de la noche. Lo que sigue sin entenderse es que, con tres cantantes entrando y saliendo del escenario, la gira de presentación de Destiny Fulfilled se muestre tan generosa en voces grabadas, coros sintéticos y elementos pregrabados. De hecho, y obviando el frenesí sensual de los primeros veinte minutos, el concierto perdió fuelle poco a poco, se quedó encallado en el soul moderno más tibio y cedió todo el prota- gonismo a un espectáculo a medio camino entre Noche de fiesta y la estética MTV: túnicas gospel atuendos militares, deslumbrantes vestidos de noche, escenas de toreo con baile previo en Survivor plumas y lentejuelas por doquier... Una rimbombante apuesta por el ingenio coreográfico y el armazón audiovisual que, sin embargo, deja cualquier tipo de contenido en un pasmoso segundo plano. Y es que, igual que ocurre con esos sofisticados anuncios en los que uno no sabe muy bien qué le están vendiendo, con Destiny s Child uno sabe a qué atenerse. ¿Es música? ¿Es baile? ¿Es teatro especiado con cimbreantes movimientos de cadera y banda sonora de raíz picante? Sea lo que sea, la única respuesta razonable tendría que formularse en singular y no en plural. Sí, es Beyoncé.