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64 LUNES 13 6 2005 ABC FIRMAS EN ABC AGAPITO MAESTRE ESCRITOR POPULISMO Y DESLEGITIMACIÓN DEMOCRÁTICA Muy pronto podemos entrar en una crisis de gobernabilidad sin precedentes en la España reciente, porque el Gobierno no sólo niega capacidad de negociación a su adversario político, sino que también lo estigmatiza... ALOS tiempos corren para el análisis. Peores para las propuestas. Y nefastos para introducir razones allí dónde sólo hay perversidad totalitaria. Nadie puede librarse de la ideología de los medios de comunicación y menos de los aparatos de propaganda del Gobierno. El PP está fuera de juego. Y el PSOE se beneficia de la catástrofe hasta el punto de aceptar la desaparición de la democracia antes que pactar, hacer política, con el partido de la Oposición. Después de un año en el Gobierno, el PSOE nos ha ofrecido todo tipo de acciones y discursos para justificarnos que la política ya no es fiabilidad en el adversario político, generación de confianza para solucionar problemas entre fuerzas políticas diferentes, en fin, consecución de acuerdos entre todos los actores implicados en la sociedad democrática, sino estigmatización del adversario hasta dejarlo reducido a enemigo. He ahí una de las peores consecuencias del 11- M. Esta contundente valoración significa que la democracia española está en peligro. Sin duda los déficits democráticos, que se derivan de esa actitud, son hoy el peligro más grave de nuestra democracia. Más aún, sin la superación de esa perversa actitud, que convierte al adversario en enemigo, diría que nos hallamos al borde de la absoluta deslegitimación del sistema democrático. Porque pensar es arriesgar, y por supuesto exagerar, mantengo que sólo si nos percatamos del riesgo de la estigmatización del adversario político, entenderemos la crisis de legitimidad y, sobre todo, de gobernabilidad que sufre la democracia española. Todos los actores políticos tienen la base de la movilización casi totalitaria llevada a cabo por el PSOE durante los últimos cuatro (sic) años. Para este partido la movilización fue, y sospecho que seguirá siendo, todo. En la Oposición y en el Gobierno lo decisivo para el PSOE ha sido siempre mantener movilizada a la población para después someterla a un proceso de sedación dulce. Todo muy apropiada para la sociedad lanar que representa a una parte importante de España. No importan los motivos. Todo vale, si la población está en tensión y dispuesta a culpar al otro de todos sus males. Lo decisivo es que la ciudadanía quede reducida a masa estabulada en dogmas y, naturalmente, seguidora de las consignas del Pérez Rubalcaba de turno. Castro y Chávez son aprendices al lado de la movilización total al que los socialistas españoles someten a la población. Ésta no puede entender su acción en la vida pública, si no es movilizada, naturalmente, contra alguien o algo. Primero, fue contra Aznar (responsable del hundimiento de un barco petrolero, de la caída de un avión que transportaba militares, del toro que mató a Manolete, etc. después, había que movilizar contra Bush y Aznar (por la guerra de Irak... y, ahora, contra el PP (por ser heredero de todas las perversiones de la humanidad) Antes, en la Oposición, el PSOE movilizaba para desalojar al Gobierno del poder sin imponerse ninguna autolimitación. Ahora, el Gobierno no se usa para gobernar, sino para movilizar y mantenerse en el poder. Y la técnica siempre es la misma: victimismo y resentimiento. La política del PSOE es la negación de la política y, por supuesto, de la democracia a través del resentimiento que culpa al otro de sus problemas. El día que se desenmascare, de verdad, todo lo que el victimismo oculta, nadie negará que el PSOE ha hecho regresar a su partido a una situación prepolítica, o sea de guerra civil permanente. Los ejemplos de victimismo prepolítico, por decirlo benévolamente, ocuparían esta colum- M responsabilidades en esta crisis, pero el Gobierno, por razones obvias, es el primer responsable del fiasco. Muy pronto podemos entrar en una crisis de gobernabilidad sin precedentes en la España reciente, porque el Gobierno no sólo niega capacidad de negociación a su adversario político, sino que también lo estigmatiza a través de una técnica perversa y populista: el victimismo. ¿Victimismo? Sí, no hallo otra palabra para reflejar la siempre intempestiva táctica del populismo más rancio, victimismo es la primera tarea del Gobierno de la Nación para ocultar su crisis de legitimación democrática. Victimismo magníficamente sintetizado en las palabras de Peces Barba en el homenaje a Santiago Carrillo: los buenos están con Carrillo o no son. El Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo no podía dejar más claro la política llevada a cabo por ZP desde que llegó al poder el PSOE. En España sólo hay buenos y malos. Los socialistas más Ibarreche son los buenos, mientras que los demócratas del PP son los malos. Naturalmente, los buenos no serían nada si no asumiesen el rol, diría algún sociólogo pedante, de ser las principales víctimas- acusadoras de los malos, o sea de los horribles verdugos. Hurtar el papel de las genuinas víctimas es el principal afán del Gobierno socialista. Victimismo y resentimiento caminan unidos. Casi podría decirse que paz, ciudadanía y talante, la tríada utópica de ZP, no son plausibles sin sus tres contrarios reales: victimismo, movilización y propaganda. El victimismo de Zapatero en la Oposición y en el Gobierno es la esencia de su proceder antipolítico. Además, ha sido AGUSTÍN CEREZALES ESCRITOR ESPEJOS DE HUMO E miras en ellos, y desapareces. Otro tanto ocurre con las cosas, con todas las cosas, paso a paso, día a día: desaparecemos en ellas, o con ellas. Porque son las cosas, y las palabras que las nombran, las que dan tiempo y espacio, sentido a nuestros actos, a nuestra vida. Moisés Pascual, burgalés, ha escrito un libro así titulado, Espejos de humo, que nos adentra en Alhuma, pueblo T fantasma cuyas similitudes con el Comala de Juan Rulfo son evidentes, aunque no buscadas. Pascual atiende a las voces de otro páramo, de otros muertos cuyas voces, que nombraron las cosas, también resuenan, todavía, en el azogue picado de su desaparición. No están en México, sino aquí. Y cuando digo aquí, digo en lo hondo de nuestro barranco, en ese campo despoblado que duerme en el fondo de las conciencias, de las familias de tantos españoles. La historia que duerme bajo las piedras, entre las lombrices y los escorpiones, no es una historia histórica sino telúrica, seminal. Por eso los nombres que gimen y reptan entre los recuerdos no son nombres de registro civil sino rumias de una quimera, de una realidad que a la vez es una impostura, amasada en el hambre, en la miseria, en el dolor y también en el amor, en el heroísmo y en la poesía incesante y pura, cruel y gozosa de la naturaleza. Hablo de un libro importante, que quizás no esté en muchos escaparates, pero en cuyo espejo, donde crece la hierba, merece la pena correr el riesgo de mirarse. Para viajar adentro na, pero hay algunos en los últimos tiempos que producen espanto. Entre la celebración del cumpleaños de Carrillo y la retirada de la estatua ecuestre de Franco, por un lado, y los comentarios del representante del PSOE, Álvaro Cuesta, en la Comisión parlamentaria del 11- M, por otro lado, no sabría decir cuál de ellos es más extraño al proceder democrático. Mientras que el primer acto es más espectacular, el segundo es más grave, porque el Comisionado del PSOE ha llegado a decir que la Comisión se ha visto acosada por la colaboración entre la gentuza que trafica con explosivos y el PP. El Gobierno, los representantes socialistas y todos sus socios serían, pues, víctimas de los malvados dirigentes del PP. Por fortuna, según Álvarez Cuesta, la Comisión habría demostrado que el PP es un peligro. Es necesario aislarlo como si fuera un perro rabioso. Es necesario que el PSOE y los otros minoritarios (separatistas y comunistas) cierren filas contra el poderoso verdugo de los ciudadanos. Una vez que el PP ha sido descubierto como el poderoso opresor, hay que competir por presentarse como la más sufrida víctima. Es la forma más adecuada para destruir cualquier esfuerzo que tienda a construir un proyecto político común. Es la mejor fórmula para destruir la posibilidad de generar confianza y compromisos mutuos, o sea, de generar sentido común con el otro partido, que representa a casi la mitad de la población. Presentarse como víctima de todo (del pasado, el presente y el futuro) asegura al PSOE su mantenimiento en el poder. No le preocupa que le llamen mentiroso, si previamente ha conseguido que algún incauto lo considere víctima... Lo importante es negar el intercambio franco y sin tapujos entre fuerzas políticas en condiciones de igualdad. Sí, con esta simple técnica, el PSOE ha conseguido esterilizar cualquier debate público de carácter democrático. Reservarse para sí mismo el papel de victimaacusadora le ha reportado al PSOE importantes beneficios, pero ha dañado seriamente el frágil tejido democrático de nuestra escasa vida pública. Si el PSOE es la victima- acusadora y el PP, el opresor- acusado, jamás podrá haber comunicación entre iguales, sino un tráfico unidireccional, con un objetivo preciso: el acusado deberá terminar reconociendo su culpa. Más aún, y en esto el sumo sacerdote ZP es implacable, el PP deberá dar muestras de constricción e, incluso, tendría que ofrecer una reparación de daños. A la luz de esta técnica totalitaria para ocupar el espacio público no sólo comprendemos el indecente victimismo practicado por Peces Barba, como Alto Comisionado de las Víctimas del Terrorismo, sino que también podemos explicar que el talante de ZP no es nada más que una técnica para demonizar al otro haciéndose pasar por víctima. Trágico camino el iniciado por el PSOE. Primero, porque pone en cuestión el tejido democrático construido desde la muerte de Franco hasta hoy. Y, sobre todo, porque destruye la base de la democracia, que no es otra que la colaboración genuina de fuerzas políticas diferentes en el marco de una empresa común libre de víctimas y verdugos.