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66 Los domingos DOMINGO 12 6 2005 ABC CONFLICTOS DE INTEGRACIÓN Perpiñán La herida sigue abierta entre gitanos y magrebíes Una semana después de los graves disturbios registrados en Perpiñán tras la muerte de dos personas de origen magrebí, una de ellas a manos de un grupo de gitanos, todavía se percibe el miedo en los barrios donde conviven ambas comunidades TEXTO: MARÍA JESÚS CAÑIZARES FOTOS: ELENA CARRERAS amed Bey- Bachir acaba de regresar de Argelia, el país de sus antepasados, donde ha enterrado a su hermano Mohamed, de 28 años, muerto tras la paliza que le propinó un grupo de jóvenes gitanos el pasado 22 de mayo. Nadie le ayudó. Había mucha gente en la calle porque era día de mercado. Pero nadie le ayudó se lamenta. Perpiñán, municipio de más de 100.000 habitantes situado al sur de Francia, ciudad considerada como el centro del mundo lugar de acogida de inmigrantes y exiliados, destino de peregrinación de decenas de españoles ávidos de cine erótico en la transición y ejemplo de integración cultural sólo comparable con Marsella, es ahora noticia por la muerte de dos ciudadanos de origen magrebí en apenas una semana y por los consiguientes actos vandálicos, con un saldo de cuarenta detenciones, varios heridos, un centenar de comercios destrozados y cincuenta coches quemados. La administración niega el enfrentamiento racial entre magrebíes y gitanos, que conviven en los barrios de Saint Mathieu y Saint Jacques desde hace cuatro décadas. Incluso se han celebrado matrimonios mixtos. Pero lo cierto es H que, tras lo ocurrido, ambas comunidades se miran con miedo y nadie sabe qué ocurrirá cuando se retire el espectacular dispositivo policial que ahora vigila esas zonas. Si quiere saber el origen de los crímenes, mire a los políticos asegura el dueño del bar situado en la calle Llucia, en el barrio de Sant Jacques, donde Mohamed intentó refugiarse antes de ser apaleado. Se llama Aziz, es de origen marroquí y está convencido, al igual que muchos compatriotas, de que en materia de asistencia el Ayuntamiento favorece al colectivo gitano, instalado en Perpiñán desde el siglo XV, para captar su voto en las elecciones. Algo que, por supuesto, niega el Consistorio (Mairie) Si un gitano roba, la Policía gira la cara. Pero si lo hace un árabe, lo mete en la cárcel dice Aziz, testigo directo de la muerte de Mohamed junto a su mujer y su hija de cuatro años. Mi mujer está traumatizada todavía porque sostuvo en sus brazos al joven que murió explica. Todo comenzó en la plaza Cassanyes, donde la víctima aparcó su coche y se percató de que un joven de etnia gitana intentaba robarlo. Fuentes policiales aseguran que Mohamed sacó un cutter y le cortó la cara al supuesto ladrón. A continuación, una veintena de gitanos acudió en su ayuda, persiguieron al franco- ar- Uno de los autores de la muerte de Bey- Bachir es un gitano de 15 años apodado Ketchup detenido 50 veces y que de niño era obligado por su padre a ver películas porno gelino hasta el citado bar y le golpearon con bates de béisbol y barras de hierro. Mi hermano estaba a punto de casarse. Trabajaba en el campo y había viajado por medio mundo dice Hamed con evidente admiración. Él fue quien organizó la marcha silenciosa el 29 de mayo, en la que participaron unas 8.000 personas. Rechazamos todo tipo de violencia insiste Hamed. En Perpiñán viven unas 12.000 personas de ascendente musulmán. Grupos de agitadores que no residen en Perpiñán fueron los responsables de la batalla campal que tuvo lugar en la calle du Marechal Foch, una de las arterias comerciales de Perpiñán, mientras se disparaban falsos rumores de nuevas muertes entre el colectivo musulmán. Al día siguiente, se produjo el segundo crimen, el de Driss Ghaib, de 42 años y origen marroquí, a quien un hombre disparó cinco veces en la puerta de su casa, situada en la calle Dugommier. No se ha de- mostrado que el autor fuera gitano. En el barrio aseguran que el fallecido vestía de forma demasiado elegante insinuando así que este hombre, separado y padre de dos hijas que viven en París, podría estar implicado en algún turbio negocio. Se sabe que regentaba un bar llamado Le Pyramide Era un chico muy gentil. Me llamaba mami porque estaba solo Habla Juanita, que vive en una de las barracas urbanas que proliferan en Saint Mathieu. La mujer contempla los ramos de flores depositados sobre una silla rota que ella misma colocó en el lugar donde murió Driss Ghaib. En la pared, fotos de las dos víctimas. Patrullas policiales La Policía patrulla por las calles, pide la documentación y hace preguntas tanto al colectivo magrebí como el gitano. Cuando el agente se da la vuelta, un musulmán escupe en el suelo. Que hay tensión,