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ABC DOMINGO 12 6 2005 41 Una pelea de perros en Puente de Vallecas termina con dos personas heridas y dos detenidas Socialistas de Madrid prevén un verano muy caliente en su partido, con movimientos internos Medio millar de personas despidieron ayer al joyero de Móstoles. Entre ellos, 200 compañeros que viven esa tragedia como propia. Nos puede pasar a cualquiera decían. Un aplauso cerrado despidió el entierro, junto a miles de pares de ojos arrasados por el llanto Tenemos mucho miedo a estar detrás del mostrador TEXTO: M. J. ÁLVAREZ FOTO: JULIÁN DE DOMINGO FOTOS: JORDI ROMEU Principales reivindicaciones Modificación del Código Penal. Reclaman que se cambie para que se aplique la prisión preventiva a los delitos contra el patrimonio y a los atracadores reincidentes. La situación actual genera impunidad. Además, exigen un endurecimiento de las penas. Control de la inmigración. Afirman que la última regularización ha permitido la entrada en nuestro país de delincuentes que han falseado sus antecedentes. La legislación española es la más flexible de Europa y los malos están más protegidos que los buenos Medidas. Reclaman soluciones eficaces y reales a la inseguridad del comercio en general y de los ciudadanos. Se quejan de que las medidas que prevé aplicar la delegación del Gobierno aún no se han concretado y subrayan que la seguridad la tiene que pagar el Estado, no ellos de forma privada. MADRID. Hoy, todos somos Antonio Esta frase y la emoción contenida, atrapada en el estómago, fueron la tónica ayer, al mediodía, entre todos cuantos acudieron a despedir a la última víctima de la violencia: un comerciante que se ha pasado toda su vida- -tres décadas- -al frente de su negocio, una joyería situada en el populoso municipio de Móstoles, y que la perdió durante un atraco. Medio millar de personas acudió al cementerio de Alcorcón para arropar a su gran y numerosa familia, además de la propia- -su esposa, sus tres hijos y sus siete hermanos- Y es que sus numerosos vecinos, amigos, y hasta los dos centenares de compañeros del gremio que le acompañaron, se sentían miembros de ella. Antonio se había ganado a pulso una merecida fama de trabajador infatigable que, con su esfuerzo, había logrado montar sus dos negocios- -el que fue escenario de su triste final, y otro situado en Alcorcón- -a los que mimaba porque amaba su profesión por encima de todas las cosas decía su apesadumbrado amigo José. Prueba de lo popular y querido que fue eran las coronas de flores, agolpadas al lado de la que ya es su última morada. Los 70 comercios mostoleños del ramo no abrieron en señal de luto por lo sucedido. Querían rendirle homenaje y a la vez, expresar un clamor: Que tomen las medidas que sean necesarias para evitar más muertes afirmaba Francisco. Cuando el féretro recibió sepultura- -sus familiares cambiaron de opinión y desecharon la incineración- un largo y sentido aplauso rompió el silencio que presidió el sepelio, dando paso a los sollozos y a la rabia. ¡Hijos de puta! gritó uno de los herma- Los 70 negocios de joyería de Móstoles estuvieron de luto. Ayer no abrieron Hoy todos somos Antonio decían los compañeros del gremio en el cementerio de Alcorcón nos de la víctima visiblemente alterado. Su mujer no resistió tanto dolor y fue sacada de allí, mientras los más allegados se abrazaban. Esto es muy duro, siento impotencia e indignación. Nos hemos quedado vacíos. Mi hermano no tenía nada suyo, era tremendamente cariñoso. Ejerció de padre con nosotros- -era el mayor- explicó Priscila. Perdieron a su progenitor en un accidente cuando eran niños. Hemos luchado mucho y ¡mira qué precio ha pagado! -añadió- ¿Qué si tenía miedo? Ninguno. Él decía que todo el mundo era bueno, que ironía... Conchita, prima del fallecido, recalcó que son justas las movilizaciones de los comerciantes. Lo último es matar En el exterior, sus compañeros se apiñaban en corrillos. Ahora voy a tener miedo, pánico, a estar detrás del mostrador. ¿Qué hago, cierro? Sólo llevo dos años, yo ya no puedo estar así cada vez que vea entrar a alguien, con el temor a que saque un arma. Sólo queremos que las autoridades nos hagan caso. Nos estamos jugando la vida recalcó Josefa. Y como ella José Luis. Y Goyo. Y Manuel. Yo no puedo pagarme seguridad privada como hacen las grandes superficies. Que cambien las leyes, que hagan algo por favor concluyó Matías.