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38 Internacional DOMINGO 12 6 2005 ABC Filas de paramilitares y rebeldes entregando sus armas en Colombia. Esta imagen inmortalizará al gobierno, que dice haber desmovilizado a más de diez mil. La población está ahora atemorizada porque muchos viven en la ciudad y causan problemas La reinserción, una bomba de tiempo TEXTO: ALEJANDRA DE VENGOECHEA CORRESPONSAL BOGOTÁ. La primera muerta apareció en una casa con tejas de barro cocido. Bárbara Coca, una mujer regordeta y jovial que a sus 76 años se ganaba la vida vendiendo helados en un pueblo clavado entre las montañas colombianas, fue degollada el 8 de noviembre de 2004 por un menor de edad y dos jóvenes de 18 y 19 años. Que haya muerto porque sí en un país donde cada año pierden la vida más de 30.000 personas, no causó estupor. Lo paradójico es que fue asesinada por unos jóvenes que habían entregado sus armas para no volver a matar jamás en un conflicto armado que supera las cuatro décadas. Desde entonces el programa de reinserción, uno de los de más éxito del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, está siendo cuestionado. Mientras que en la presidencia se frotan las manos con las deserciones en los grupos guerrilleros y paramilitares- -desde 2003 hasta la fecha 11.827 combatientes han entregado sus armas- los hechos están pesando bastante más que las cifras. Ex paramilitares borrachos El último ocurrió una madrugada reciente, tras una fiesta que despertó a los habitantes del barrio Teusaquillo, uno de los más tradicionales de Bogotá. Cuando la Policía entró en el bar para acallar el ruido, fue atacada con piedras, palos, patadas y tiros. No hubo muertos, pero sí 7 heridos. Esa noche los bogotanos supieron que los borrachos eran ex paramilitares y que Guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en formación de combate los estaban hospedando en 50 albergues, 19 de ellos en Teusaquillo. Los reinsertados son una bomba de tiempo se apresuró a confesar Luis Eduardo Garzón, un ex sindicalista que en 2003 se convirtió en el primer alcalde de izquierda elegido por los bogotanos. Tras argumentar que a Bogotá llega a buscar empleo el 78 por 100 de los reinsertados, Garzón le pidió soluciones a Uribe. No puede seguir desmovilizando gente sin un programa sostenible de largo plazo insistió. Desde entonces, la sensación generalizada es que aquí se duerme con el enemigo. Llega gente rara que uno jamás ha visto en los barrios. Uno no sabe si de vecino tiene a un ex guerrillero o a un ex paramilitar, si están haciendo inteligencia para secuestrar o matar le contaba a este diario la dueña de un negocio en Teusaquillo. dados en el Ministerio de Defensa. Las razones son obvias: el gobierno debe garantizar la seguridad del desmovilizado, quien pasará los primeros meses de su nueva vida en una casa donde comerá y dormirá. Sólo podrá salir para prepararse en diferentes áreas- -electricidad, mecánica, confección y otros oficios- y recibirá dos dólares diarios para transporte. El Estado lo mantiene durante dos años y luego lo despide con un capital de 3.600 dólares para que monte un negocio que le permita vivir. Si mata, roba o se enrola en la guerrilla de nuevo, jamás se sabrá. Visto desde afuera, nadie se imaginaría que allí viven 60 personas, paramilitares y guerrilleros juntos en un mismo espacio. Los niños lloran sin cesar. Se aburren en una casa de la que no salen por miedo a todo. A que los identifiquen, a que los maten. Es la casa del tedio de la que salen sólo para estudiar y luego para volver a dormir en colchones desvencijados. No hay más mobiliario que unas sillas de plástico sucio y en los cuartos de baño ni siquiera hay jabón. Almuerzan carne, arroz y patatas. No saben qué hacer porque a muy pocos les dan una oportunidad de trabajo cuando se enteran de que llegaron de las selvas. Muchos no saben leer- -el 12 por 100 de las personas que se entregan son analfabetas- -y tienen entre 18 y 23 años, la mitad de los cuales lo han pasado en combates. No ven muy claro el futuro. Sólo saben que es mejor ser legal que ilegal. Hablan. Son una mina de secretos aprovechados por todas las fuerzas en conflicto, incluido el Estado. El go- EPA bierno me pagó 300.000 pesos (unos 140 dólares) por contarles dónde estaba una caleta de armas y otro tanto por localizar a gente de la guerrilla. Nos están pagando según la información que demos dice uno de los cuatro desmovilizados que hablaron con este periódico. Aumento de los asesinatos La semana pasada, la Policía de Bogotá lanzó un SOS. Los homicidios en la capital aumentaron un 12 por ciento en mayo, cifra que no se conocía desde hace más de una década. Y aunque no señalan directamente a los desmovilizados, los reinsertados de la guerrilla reconocen en los periódicos que los paramilitares les están buscando en los albergues y les están ofreciendo cerca de 180 dólares para trabajar como urbanos ajusticiando enemigos y comprando o suministrando armas La pregunta que todos se hacen es ¿de qué está sirviendo desmovilizar? La localización de los albergues es quizás uno de los secretos mejor guar- SE NECESITA COMPRAR AUTOBUS DE 2 PLANTAS ABIERTO EN LA PARTE DE ARRIBA EN BUEN ESTADO PRECIO RAZONABLE Por ofertas llamar al 669- 775- 801 o enviar e- mail a: anteros greencom. net