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ABC DOMINGO 12 6 2005 31 Nuevas protestas en El Aaiún en demanda de libertad para los últimos detenidos políticos Líbano vive hoy la fase más reñida de sus comicios legislativos en medio de la polémica entre Siria y EE. UU. Eduardo Rodríguez, nuevo presidente, y su antecesor, Mesa (derecha) el viernes -Debí apelar un poquito antes al apoyo internacional. Confié mucho en la gestión de la Iglesia católica. La Iglesia tenía y tiene un prestigio muy grande AP en el país. Supuse que podía lograrlo. El resultado fue menos exitoso de lo que yo esperaba... Si lo hubiera sabido, quizás habría optado por recurrir an- tes a ese camino. ¿Por qué no sancionó la ley de Hidrocarburos (caballo de batalla de la crisis) -No creo que fuese una ley racional, coherente y útil para el país. No podía aprobar una ley que no beneficiaba a Bolivia, pero la situación de ahora es peor, es una locura (pedir la nacionalización) ¿Por qué no veté la ley? Si lo hubiera hecho, no llegaba al 9 de junio. Empresas como Repsol- Ypf, Petrobras y otras han congelado inversiones y algunas amenazan con demandar a Bolivia en tribunales internacionales. ¿Cree que tienen las de ganar? -Es una batalla que se puede dar, y argumentos pueden tener. Es un riesgo muy alto que el país tiene que encarar. Lo peor que le puede pasar a la inversión extranjera es una guerra civil. En consecuencia, si hay una mirada mínimamente sensata, las multinacionales deberían darle a Bolivia un compás de espera y no presionar. ¿En qué se equivocó? -Creo que debí intentar un acuerdo político con el Congreso después del referéndum (ley de hidrocarburos) Era difícil por la naturaleza de los parlamentarios, que me veían como un enemigo. En cuanto a la autocrítica, cuando un país llega a un punto como éste es que todos hicimos muchas cosas mal. La ironía más dolorosa es que dicen que hice un gobierno gandhiano y a mí me duele que estemos donde estamos. ¿Cuáles fueron sus aciertos? -He demostrado que se puede hacer un gobierno tolerante, de paz y de diálogo en medio de las condiciones más adversas del planeta. Con una salvedad, hemos tenido un costo de falta de presencia del Estado de Derecho que yo reconozco. En cuanto a los resultados de mi gestión económica, son impecables: he reducido el déficit al 5 por ciento, mantuve las cifras macroeconómicas inalterables en el escenario político más desastroso que hayamos vivido de inestabilidad social y hemos logrado, por vez primera en siete años, que el desempleo descienda, moderadamente, pero descienda. ¿Tiene previsto presentarse más adelante a las elecciones? -En Bolivia, cuando has tenido una borrachera muy grande y la has terminado, dicen que estás de chaqui de resaca. Todavía estoy de chaqui político... Es pronto para decirlo. Estas tres últimas semanas han sido devastadoras, pero, si se refiere a las próximas, constitucionalmente no puedo y no creo que estuviera en condiciones ni espirituales ni mentales de hacerlo. ¿Quién es capaz de sacar el país adelante? -Estaba pensando que Bolivia necesita un Nelson Mandela o un De Klerk... Los busqué, pero no los encuentro.