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ABC DOMINGO 12 6 2005 Nacional 19 ÁLVARO DELGADO- GAL CONJUROS sta semana, durante una sesión de control en el Senado, Zapatero afirmó que trágicamente, no podemos conocer la última voluntad de las víctimas del terrorismo de ETA Y añadió que el mejor tributo que se podía rendir a las víctimas era la paz. El primer enunciado es tautológico: no sabemos, en efecto, qué opinan los muertos sobre un desarrollo político que no estaban en grado de prever. Y el segundo enunciado resulta ambiguo. Se puede interpretar de muchas maneras, aunque la más derecha consiste en suponer que se ha apelado virtualmente a los muertos, y que éstos han contestado, también virtualmente, con un sí Si los muertos pudiesen hablar, aprobarían los esfuerzos del Gobierno para que ETA abandone las armas, así como las concesiones que esos esfuerzos llevan implícitas. Esto nos coloca en una suerte de contradicción: no tiene sentido decir que la voluntad de los muertos es incognoscible, e invocar al tiempo esa misma voluntad en apoyo de tal o cual acción de Gobierno. Pero a Zapatero no le arredran las contradicciones, de modo que la interpretación que he sugerido no es del todo inconcebible. E A ella se ha atenido, al menos, Mikel Buesa. Y se ha indignado, y ha hecho explícita su indignación en unas declaraciones muy duras y apasionadas contra el presidente. El equívoco ha contaminado a todo el espacio político. ¿Qué significa la consigna No en mi nombre con que se convocó la manifestación del 4 de junio? Comprendo por qué acudió Buesa a la manifestación, o por qué acudieron a ella otras víctimas del terrorismo. Buesa ha explicado su posición con claridad absoluta. Según Buesa, el perdón constituye un acto personal e intransferible. Buesa perdió a su hermano a manos de ETA. Esta desgracia provocó en Buesa un dolor que sólo él o sus familiares han experimentado en su concreción terrible, integral. Si Buesa perdona, habrá conseguido sublimar su dolor, o hacer compatible su dolor con una apertura moral hacia los asesinos. Buesa podría comprender tal vez que se le instase al perdón. Lo que no acepta, es que otros hagan por él lo que sólo él puede hacer. A lo que se ha negado Buesa el 4 de junio, es a que le expropien su dolor. Yo acudí también a la manifesta- ción. ¿Acudí por las mismas razones que Buesa o Alcaraz? Evidentemente, no. La idea de que ni el dolor ni el perdón admiten testaferros, me excluye también a mí como partícipe del dolor, o como agente autorizado a rehusar o conceder el perdón. ¿Por qué fui entonces? ¿Fuimos todos los que fuimos dominados por un pensamiento único? No lo creo. La mayor parte deseaba expresar su simpatía hacia las víctimas. Y a esto se mezclaron otras emociones. Algunos bajaron a la calle para oponerse genéricamente al Gobierno. Otros lo hicieron por estimar que la unidad de España está en peligro. Otros perseguían que la protesta popular prevaleciera sobre los decretos del Parlamento. Sobre mí operó un motivo más oblicuo, más difícil de formular. No se relaciona con los muertos y su indescifrable visión de las cosas. Pero sí con lo que esas muertes significaron. Ha expuesto este punto, admirablemente, Aurelio Arteta en un artículo reciente publicado en El País Juan Aranzadi, en un artículo anterior, había escrito que es abusivo atri- Yo acudí también a la manifestación. ¿Acudí por las mismas razones que Buesa o Alcaraz? Evidentemente, no buir a los asesinados por ETA una actitud colegiada y común. Los muertos son plurales, y plurales sus hipotéticos puntos de vista. Luego no es dable hablar en nombre de todos ellos, como si todos ellos fueran uno. Arteta repuso que el análisis de Aranzadi invertía el orden de los factores. No conocemos, de acuerdo, las opiniones de los muertos. Pero sabemos por qué los mató ETA, y en consecuencia sabemos lo que esas muertes colectivamente significan. ETA ha querido quebrar la democracia, y este propósito constante confiere un sentido inequívoco a los atentados y su estela letal. Imaginemos que se está procesando a un estafador. El estafador se ha dedicado a vender billetes falsos de lotería. Las razones que en cada caso han llevado a los estafados a adquirir un billete, serán todo lo distintas que se quiera. Pero lo que convierte al falsario en falsario, y justifica la condena, es el engaño sistemático. La división de las víctimas no arguye nada contra la naturaleza ostensible del delito y la intención que lo ha inspirado. No podemos representar a los muertos. Pero estamos en la obligación de saber lo que esas muertes representan. Ignoro si se producirán o no cesiones. Y prefiero no entrar ahora en si serían o no evitables. Con todo, existe algo que sí percibo con nitidez: y es que resultaría penoso rebajar la gravedad de las cesiones mirando hacia otro lado. Ha padecido mucha gente. Existen cosas más urgentes que aliviarse haciendo un ejercicio espurio de buena conciencia.