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26 Internacional SÁBADO 11 6 2005 ABC EDUARDO RODRÍGUEZ Presidente de Bolivia Discreto, educado, de hablar pausado y con el máster de Harvard bajo el brazo, tiene una ventaja: La sociedad no tiene ni idea de quién es Un juez para un caso imposible C. DE CARLOS Un niño boliviano es atendido en el hospital que atiende en Santa Cruz la doctora Yolanda Herns La doctora Yolanda lucha contra la desesperanza del cáncer infantil en Bolivia, consciente de que los recursos que necesita para sus niños son una de las últimas prioridades sanitarias de este país LA PAZ. Sin aspiraciones políticas, resignado a ser presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez Veltzé, de 49 años, se dispone a encarar una de las transiciones más complejas del continente. Abogado, al frente de la Corte Suprema desde marzo de 1999, con anterioridad ocupó puestos donde el estudio del Derecho le tenía como experto. Entusiasta de su carrera, su sello quedó impreso en la Ley de Servicio Exterior, así como en un grueso paquete de Reglamentos de Cancillería elaborados con su asesoría. Técnico por encima de cualquier otra cosa, fue responsable de la preparación del Estudio del Sistema Judicial en Bolivia y consultor en la elaboración de Proyectos de Ley de Procedimiento Administrativos y Estatuto del Funcionario Público. Nacido en Cochabamba (como Evo Morales) está casado y tiene cuatro hijos. Discreto, educado, de hablar pausado y con el master de Harvard bajo el brazo, tiene una ventaja. La advierte Jorge Lazarte, uno de los cinco notables que estuvo encargado de depurar la Corte Nacional Electoral: La sociedad no tiene ni idea de quién es este señor y en este país, a la gente, se la conoce por sus defectos, por sus desviaciones. Por eso, le concedemos el beneficio de la duda Popular o desconocido, lo cierto es que a Eduardo Rodríguez Veltzé, presidente de la República, juez al fin y al cabo, le ha tocado el caso más difícil de su vida: Bolivia. Los más olvidados de Bolivia TEXTO Y FOTO ÁLVARO YBARRA ZAVALA ENVIADO ESPECIAL SANTA CRUZ DE LA SIERRA. Una pequeña sala con seis camas y un viejo papel que adorna la pared. Así es la sala de oncología infantil del hospital público de Santa Cruz. Hacemos lo que podemos, aquí luchamos por estos niños, los olvidados de los olvidados en Bolivia, pero aquí cada niño que entra es una ilusión y cada niño que se pierde un fracaso nos dice la doctora Yolanda Herns, responsable de la unidad. Mama Yolanda, como así la llaman sus pequeños pacientes, lleva gran parte de su vida luchando contra esta terrible enfermedad en un país como Bolivia en el que hablar de la lucha contra el cáncer resulta una utopía. En este país se han olvidado de que existe la palabra cáncer, el niño boliviano con cáncer no tiene ni siquiera el derecho del seguro universal básico Sin embargo aunque ella misma exige que se les dé una oportunidad a estos chicos es consciente de que el contexto social en el que se vive en su país convierte a sus niños en los últimos de la lista de prioridades. Tampoco se pueden exigir muchas cosas porque con lo que se cura un niño con cáncer puedes curar a 10.000 niños con neumonía o 20.000 niños con diarrea y vacunar a una población entera, entonces con que cara puedo pedir yo al ministerio que me ayude si estamos en un país que está con lo elemental, que está luchando todavía contra las enfermedades infecciocontagiosas Pero la peor barrera a la que se en- frentan estos pequeños pacientes, no es sólo la falta de ayuda por parte del Estado o la ignorancia social frente a la enfermedad sino la indiferencia de una parte del sector de la medicina boliviana que ve a los niños sin recursos enfermos de cáncer como casos terminales sin ningún tipo de esperanza en las UVI de los otros hospitales. Seguir luchando Jamás me dan una cama para mis niños, tienen la idea de que son casos terminales y no entienden por qué los mando, cuando el niño no se está muriendo de un cáncer sino de una complicación perfectamente manejable que, en caso de ser controlada, la quimioterapia le daría una oportunidad para seguir luchando La doctora sabe muy bien que no va a recibir mucha ayuda en su país y sobre todo en el aspecto económico, otro de los puntos que marca la diferencia en las expectativas de vida para superar la enfermedad. Cosas que parecen tan tontas como el sueldo de un pediatra de guardia marca una gran diferencia en las esperanzas de sobrevivir de Tampoco se pueden exigir muchas cosas porque con lo que se cura a un niño con cáncer puedes curar a 10.000 niños con neumonía estos muchachos. Los datos son escalofriantes entre siete meses con pediatra y siete meses sin él. En los siete meses que contó con el pediatra de guardia murieron nueve niños, cuando no tuve pediatra 19 niños. Así de triste, pero es la verdad Actualmente la situación es dramática, la falta de recursos llega a tal extremo que no disponen ni del dinero para realizar los exámenes inmunohisquémicos y citogeneticos claves en la elaboración del diagnóstico y que apenas alcanzan el coste de 100 euros. Tenemos muchos niños enfermos de leucemia, y no podemos hacer un diagnóstico preciso, es una desgracia porque actualmente y bajo otras circustancias, la leucemia tiene un elevado índice de cura En estos momentos la pequeña sala con seis camas del oncológico de Santa Cruz tiene 34 pacientes, en su mayor parte enfermos de leucemia, pero todos ellos saben que al menos no están solos, les cuida Mama Yolanda que no les abandonará Aunque muchos piensen que estos chicos no tienen esperanza sí la tienen, y ahora un poco más, gracias a Dios recibimos ayuda del extranjero y sobre todo de España v de la fundación Afanic dice la doctora, y eso da mucha fuerza porque saber que existen muchas personas anónimas que te ayudan para que los niños enfermos sin recursos de Bolivia sigan viviendo es el mejor tratamiento contra la sin esperanza del cáncer infantil en mi país