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12 Nacional SÁBADO 11 6 2005 ABC LECCIONES ANDINAS olivia vive jornadas cruciales. Es un país tremendamente pobre empeñado en suicidarse; un país que vive en un golpe de estado permanente desde octubre de 2003 en que el presidente constitucional Sánchez de Lozada fue derribado por una violenta coalición de cocaleros, indigenistas y radicales antisistema. Entre la incredulidad, la complacencia y hasta el aplauso de un occidente ensimismado, el pueblo boliviano camina hacia el abismo. Pero se trata de acabar con el neoliberalismo, como afirma orgullosamente Evo Morales, uno de los cabecillas de la revolución, imponer la fuerza del pueblo a la democracia capitalista y devolFERNANDO verle sus recursos natuFERNÁNDEZ rales. Siento un inmenso pesar por ese país que está desperdiciando su oportunidad de salir de la pobreza extrema. Pero siento verdadera indignación por la actitud de buena parte de la opinión pública occidental. El mito de la buena revolución tiene un inmenso atractivo popular, siempre que la hagan otros. Con la edad me he hecho menos mitómano y me contento con desear para los demás lo que a nosotros nos ha ido bien. Que en este caso se trata precisamente de las reformas políticas y económicas liberales que han funcionado, en occidente y en Asia, para sacar a millones de la miseria. Porque digo yo que en ninguna democracia avanzada aceptaríamos que las manifestaciones callejeras derribaran gobiernos. No lo hemos hecho recientemente en España. Ni siquiera se le exigió a China después de la matanza de Tienamen. Como tampoco nadie ha pedido la nacionalización de las empresas de petróleo y gas, o de la banca que es la próxima, desde que el PSOE abandonó el marxismo allá en los albores de la Transición. Es más, nos enorgullecemos de que gracias a su privatización, las empresas han crecido, se han hecho más eficientes, convertido en multinacionales, creado riqueza y empleo. Pero en Bolivia, esas mismas mutinacionales son explotadoras y hay que someterlas al control popular. El gas para el pueblo es el equivalente boliviano a aquel otro lema que hizo fortuna en la república: la tierra para el que la trabaja. Y contiene la misma visión radicalmente errónea del desarrollo económico que durante años frustró las esperanzas de bienestar de los españoles. Esta semana hemos conocido que algunos intelectuales se han atrevido a denunciar el pensamiento único en Cataluña y el régimen de ostracismo y represalias al que está conduciendo. Muchos colegas comparten en privado mis puntos de vista de la tragedia boliviana, pero casi todos me han sugerido que no los publique. El lobby tercermundista es muy poderoso y se nutre de la bondad humana. Pero algún día habrá que decir también Basta ya al mito bolivariano y denunciar a Fidel, Chávez y Evo Morales por lo que son: puro fascismo. Y empezar a exigir una política exterior en América Latina de menos púlpito y caridad y más inteligencia. B Aguirre Lete y Pototo (en segundo término) dedican sonrisas al público que acudió ayer a su juicio POOL EFE El funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, cuyo destino estuvo en manos de ETA durante 532 días, se enfrentó ayer a los fantasmas del pasado. Los dos etarras que ordenaron su secuestro fueron juzgados en la Audiencia Nacional Olvidar los detalles de mi secuestro me ha servido para seguir viviendo TEXTO: NATI VILLANUEVA MADRID. 30 de junio de 1997. Las imágenes de José Antonio Ortega Lara demacrado, desorientado y esquelético daban la vuelta al mundo y dejaban a España con el corazón encogido. El funcionario de prisiones, fiel rostro del sufrimiento, acababa de ser rescatado por la Guardia Civil cuando, después de 532 días, ya había perdido toda esperanza- -e ilusión- -de salir con vida del zulo (poco más que un armario empotrado y bajo tierra) en el que los terroristas le mantuvieron privado de libertad. Han pasado ocho años del secuestro más largo de la historia de ETA y Ortega Lara ha debido enfrentarse al duro trance de recordar lo que con tiempo, tratamiento y voluntad estaba consiguiendo superar. La Audiencia Nacional celebró ayer el juicio contra los dos etarras que dieron el visto bueno a la muerte en vida del funcionario de prisiones: Julián Achurra Egurola, alias Pototo y José Luis Aguirre Lete, presuntos jefes de ETA en Francia durante el tiempo que duró el secuestro. Era la primera vez que Ortega Lara declaraba en un juicio, pues ni siquiera fue capaz de testifi- car en el que fueron condenados sus secuestradores. El paso del funcionario- -ahora concejal del PP en Burgos- -por la sala de vistas fue fugaz. A preguntas del fiscal se remitió a la declaración que prestó en 1997 ante el entonces juez Javier Gómez de Liaño y pidió al presidente del Tribunal que no le hicieran recordar. Muchos de esos detalles los tengo olvidados, porque olvidarlos me ha servido para seguir viviendo dijo con voz temblorosa y oculto tras una mampara. Sonrisas criminales Esta fue la única frase que pronunció en relación con su secuestro, después de haber recorrido cientos de kilómetros y haber esperado más de tres horas en una sala de la Audiencia Nacional. Ortega Lara estaba molesto por este motivo y se lo hizo saber a los jueces al término de su declaración. El funcionario de prisiones no llegó a ver los rostros de sus secuestradores, juzgados y condenados ya por estos hechos. Tres de ellos declararon como testigos momentos antes de que lo hiciera Ortega Lara y desvincularon a Pototo y a Aguirre de este secuestro. Entre tanto los dos procesados, que únicamente reconocieron ser miembros de ETA, compartían sonrisas y se ponían al día de sus vivencias en el habitáculo blindado y ante la atónita mirada del público, entre el que se encontraba el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz. El fiscal, que elevó a definitivas sus conclusiones provisionales, pide para cada uno de los dos etarras 32 años de cárcel por detención ilegal y conspiración para el asesinato. Considera que los terroristas eran conscientes del estado en el que se encontraba Ortega Lara y que estaban dispuestos a dejarle morir. Fue especialmente duro escuchar cómo, ante la pregunta de si eran conscientes del delicado estado de salud de Ortega, uno de los secuestradores- testigo respondió con frialdad: Si Mayor Oreja (entonces ministro del Interior) se hubiera puesto al teléfono, este secuestro hubiera durado 24 horas