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66 Espectáculos VIERNES 10 6 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO El internado Familia rodante Patochada sin tres en uno JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Una roadmovie con la abuela E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Virginie Ledoyen Director: Pascal Laugier Intérpretes: Virginie Ledoyen, Lou Doillon, Dorina Lazar Nacionalidad: Francia. 2004 Duración: 98 minutos Calificación: Resulta díficil creer que alguien piense que, hoy en día, puede asustar a la gente con chirridos de puerta mal engrasadas, ventanas sin tres en uno, sombras aquí y allá o maquillajes desmejorados. La historia viene a decir mucho de lo que nos espera: un internado que se cierra y a ella llega una chica, con no se sabe muy bien qué cometido, para, más que cerrarlo, abrir secretos. Dichos secretos en sí no se acaban vislumbrando, ni tampoco nada de lo que pasa. El argumento es casi inexistente y toda la realización está orientada a dar sustitos ridículos y pasados de moda y rosca. Para colmo, el ritmo que Laugier impone a la cinta es como el de Figo en el último mes intentando irse de los defensas, es decir, inexistente, con lo que la continua pausa arrastra la película, que de por sí es pelma y tostonazo. Para alivio de los sufridos espectadores que vayan a ver dicho bodrio está la presencia de Virginie Ledoyen, una francesita monísima, en plan Jennifer Connelly, que lograba salir a flote del aquel fiasco de DiCaprio llamado La Playa pero que aquí apenas se agarra al madero en ese papel de metomentodo, entrometida y cotilla, tanto que dan ganas de que, efectivamente, los muertos le den con la cabeza putrefacta en la cabecita sin seso que exhibe. Por manido, hasta abusan del clásico no entres ahí, no vayas ahí, no escuches ahí, que te van a dar Pues nada, entra, va, escucha y le dan, y todo por nada y sin motivo alguno. A uno se le queda una cara de pasmado, después de perder el tiempo en patochadas de esta índole, que dan más ganas de llorar que de temblar... Parece que al argentino Pablo Trapero le pillaran sus películas a él, en vez de él a sus películas; ocurre una historia y él está justo allí para filmarla... Ésa es la impresión de frescura que transmite su cine, de puro hecho con sus propias manos. El director de Mundo grúa y El bonaerense asume aquí un riesgo abrumador que se podría resumir a botepronto y aunque suene a chiste: el tío tiene la ocurrencia de hacer una roadmovie con su propia abuela. Naturalmente, la cosa es algo más profunda y compleja: Trapero reúne en una caravana a una familia entera, desde la abuela a un biznieto, y emprende con ellos un viaje por el páramo argentino. La cosa es, y ahí está la gracia, que la gran protagonista, la excelente actriz Graciana Chironi, que envuelve la historia entre telas de humanidad y descaro, es también la abuela del director. La idea de la película es mostrarnos a sus personajes en el puro trance del deterioro por el roce; personajes llenos de carne y de alma, retratados a una distancia tan corta que prácticamente los olemos, los vemos venir, nos vamos con ellos... La abuela, dos hermanas, dos cuñados, un terreno resbaladizo entre ellos, unos cuantos primos, un perro que se suma al viaje... Tiene algo que ver tanto en el físico como en la química con aquella familia Graciana Chironi Director: Pablo Trapero Intérpretes: Graciana Chironi, Liliana Capuro, Ruth Dobel, Federico Esquerro Nacionalidad: Argentina, 2004 Duración: 103 minutos Calificación: Ulises de la contraportada del TBO... El ritmo de Familia rodante es exactamente el mismo que el de cualquier viaje de cualquier memoria familiar: los acelerones, las paradas, los calentones, las trifulcas, los perdones, las ganas de estar solo pero no en manos de la soledad... El punto de vista cambia de carril, de dirección, de sentido, lo mismo estamos en el corazón de unos que de otros; lo mismo queremos a unos que detestamos a otros... La cámara de Trapero es íntima y cálida, pero también rotunda: toda la fealdad, todos los trapos sucios que empapan la vida cotidiana de los personajes están ahí colgados y a la vista, como en una callejuela napolitana. Los trapos de Trapero... y observados al tiempo con absoluta ternura y con brutal sinceridad: desde los torpes avances anatómicos entre los primos quinceañeros hasta las sórdidas embestidas de buey viejo del impresentable cuñado a la hermana de su mujer... Familia rodante, pendiente arriba, pendiente abajo... Kops La Policía no es tonta (aunque lo disimule) JAVIER CORTIJO Cualquier excentricidad es poca en el país que inventó Ikea y el pelo sintético. Ni siquiera que Bergman siga pensando en incesto naturalista a los ochenta y tantos años (ver, aunque haya que pedir audiencia en la embajada de Suecia, la gigantesca Saraband Así que encontrarse con una simpática charlotada producida por Memfis Films dirigida por un libanés de Estocolmo y protagonizada por el hermano de éste, un tal Fares Fares (cuyo próxima película también tiene un título fetén: Bang bang, orangutang tampoco choca demasiado. Y mucho menos toparse con la consabida aunque desubicada tajada Matrix tapa del día en cualquier filme de acción humorística del último lustro. Porque, en el fondo, Kops tira de un carro tan costumbrista y acostumbrado como el de los delincuentes disfuncionales, solo que con el agravante de que son los propios policías quienes se meten a villanos para disparar la criminalidad regional y salvar del cerrojazo a su comisaría de bolsillo. Alternando con salero las gansadas escandinavas (a veces, con el humor propio de un pato a la naranja) principalmente surtidas por el bufonesco Director: Josef Fares Intérpretes: Fares Fares, Torkel Petersson, Göran Ragnerstam Nacionalidad: Suecia- Noruega, 2004 Duración: 90 minutos Calificación: Torkel Petersson, y los impasses y callejones dramáticos y hasta románticos a la inglesa, la película se nutre de una agitación gamberra que ya sacaba el tirachinas en ¡Jalla! ¡Jalla! lo anterior y carismático de Fares. Al- guno juzgará más atrevida y descacharrante la puesta en escena de la línea tribalista de Eurovisión, pero para pasar la tarde bien vale esta muestra de una cinematografía, la sueca, digamos que en transición (y evitemos el chiste fácil de decir que se hace la ídem De todas formas, mejor que lo último del enfant terrible oficial y local Lukas Moodysson, cualquier cosa. Los del festival de Gijón ya nos entienden...