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ABC VIERNES 10 6 2005 Madrid 43 El rostro de Simancas aquel 10 de junio de 2003 se convirtió en la imagen más elocuente del terremoto político que se avecinaba Hoy se cumplen dos años de la crisis en la Asamblea regional. El plante de los dos ex diputados socialistas Tamayo y Sáez abrió una crisis sin precedentes en la política madrileña. Eduardo Tamayo, uno de los protagonistas, asegura no arrepentirse Tamayo: Lo volvería a hacer TEXTO: SARAH ALLER FOTO: CHEMA BARROSO MADRID. Dos años han transcurrido ya desde que los diputados socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez sumieran a la Asamblea madrileña en su verano más negro. Su ausencia premeditada en el hemiciclo regional aquel martes de junio dejó a Rafael Simancas a las puertas de un Gobierno compartido con IU y originó una crisis institucional sin precedentes que nos trajo una nueva cita con las urnas. Ahora, tiempo después de aquella crisis, los protagonistas del plante más famoso del Parlamento madrileño viven alejados de la arena política. Eduardo Tamayo retomó meses después su antiguo oficio de abogado y María Teresa Sáez sigue en su puesto de auxiliar administrativo en el Doce de Octubre. Ninguno se arrepiente. Lo volvería a hacer con más convencimiento incluso que antes- -dice Tamayo- Ahora tengo infinitas razones más. Veo el tripartito catalán, los problemas en el País Vasco... y pienso que un Gobierno de izquierdas para Madrid hubiera sido un Gobierno de corrupción y ruina Su decisión, dice, fue personal. No estuvo vinculada a nadie, más que a mi conciencia. En política, como en todo, no siempre hay que decir sí a quien manda. Tomar una decisión así ante un partido poderoso debería ser ejemplo para muchas personas honorables que hay en política. Los que van a la sopa boba, los pesebristas y los estómagos agradecidos son una lacra Cómo pude estar ahí En el camino perdió amigos, sólo aquellos que no lo eran y prefiere olvidar sus años de militancia en el PSOE. Ahora pienso cómo pude estar ahí dentro. Creo que ha sido el mayor fracaso de mi vida personal, el elegir esa opción De la actual presidenta regional, Esperanza Aguirre, también habla. Valoro su arrojo político y tiene todo mi respeto Cierto es que con los dos escaños que quedaron vacíos aquella mañana, a Simancas ya no le salieron las cuentas. Iba a ser presidente regional con el apoyo de IU, pero la presencia de 109 diputados- -de un total de 111- -dio al tras- te con sus planes de Gobierno. Su rostro, demudado al conocer la deserción de los suyos, fue la imagen más elocuente de la jornada. Lo que vino después, un episodio esperpéntico que superó cualquier expectativa. La espantada de los dos socialistas abrió la veda para las descalificaciones y lo que comenzó como crisis política derivó en un complejo puzzle de supuestos intereses económicos y urbanísticos. Según Simancas, la traición se cocinó al calor de una trama inmobiliaria. Según Tamayo y Sáez, fue la respuesta más contundente al olvido del socialista, que obvió los acuerdos alcanzados con Renovadores de la Base- -una corriente del PSOE- -al negociar con IU la composición del Gobierno. De broche, una investigación El PSOE descargó entonces su artillería y habló de escándalos urbanísticos, de comportamientos poco éticos, de maletines llenos de dinero... Al rompecabezas de la Asamblea no le faltaron ingredientes para convertirse en el folletín del verano de 2003. La tormenta política dio pie a una auténtica caza de brujas y puso en el ojo del huracán a una larga lista de personajes, muchos de ellos anónimos hasta aquel momento, a los que se relacionaba con Tamayo: los constructores Francisco Bravo y Francisco Vázquez, que compartieron negocios con el ex diputado y con el líder de Renovadores, José Luis Balbás; el abogado José Esteban Verdes, a su vez marido de la concejal del PP Paloma García Romero; el entonces secretario general del PP de Madrid, Ricardo Romero de Tejada... Todos ellos se vieron sometidos a interrogatorio en el seno de una comisión de investigación, que puso el broche mediático al escándalo del tamayazo En total, 28 comparecientes y más de 168 horas de explicaciones y reproches que no arrojaron ninguna luz al asunto. Los maletines nunca aparecieron y la supuesta trama inmobiliaria jamás se demostró. Tampoco se encontraron pruebas de que el PP estuviera detrás de la deserción de los dos diputados socialistas.