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ABC VIERNES 10 6 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS EL CERROJAZO L QUÉ PESADITO ES USTED, RODRÍGUEZ NSISTE Rodríguez. Negociará con ETA si la banda muestra la voluntad de abandonar las armas. Atención, Rodríguez, pregunta: ¿sólo la voluntad? ¿con la voluntad ya basta? O sea, a ver si me aclaro: ¿con que uno de ellos diga que, a lo mejor, puede que se piensen la cosa de los tiros y los chantajes ya basta para que mande usted a uno de sus emisarios a discutir lo que sea? Si la expresión del presidente en el Senado es un simple desliz arquitectónico de su vacua fraseología, la cosa queda en una arenga más, pero si se trata de una frase medida y calculada, nos encontramos entonces ante una invitación al diálogo con los terroristas en toda regla. Decirles a los malos que sólo con la voluntad de dejar las pistolas ya se sentará a discutir sobre sus pretensiones o sobre el futuro de sus presos significa no haber entendido nada del mensaje que dejaron escrito en el aire los manifestantes del pasaCARLOS do sábado. HERRERA Tanto como le gusta a Rodríguez eso de construir un mundo distinto desde las pancartas y el vocerío, podría aplicarse el cuento y no hacer lo que achaca a Aznar: no escuchar a la calle. Insiste Rodríguez en recordarnos que las víctimas son los muertos y que si les brindáramos una última voluntad antes de expirar éstos expresarían el deseo de ser las últimas, cosa que rápidamente interpreta nuestro fenómeno como un apoyo indudable e inequívoco a su política antiterrorista, que es también la que absorbió Carod en Perpiñán, todo sea dicho. Como los muertos tienen la costumbre de no hablar, El Estadista Pacificador podría preguntarles lo mismo a los que han sobrevivido, que, aunque en la escala manjonista del sufrimiento no pueden ser considerados víctimas, todavía tienen entendederas para manifestarse verbalmente. No están los muertos, Rodríguez, pero sí los vivos: ánimo, que el día 21 se traga el I sapo del sábado y les recibe por separado. Es un gran momento para insistir machaconamente en eso de querer dialogar hasta el amanecer: mire a las piernas de Irene Villa cuando esté diciendo eso, Rodríguez. El gran experto en política forense española, Puigcercós, ya dijo que la política la hacen los vivos, no los muertos. Le faltó decir que los muy vivos. Pues los vivos son, en este caso, los que han sobrevivido. Los que hemos sobrevivido, si me permite incluirme. Los vivos tal vez no tengan derecho a opinar sobre la política antiterrorista- -ya lo aclaró el conocido melón vasco Emilio Olabarría- pero resultan contumaces en la defensa de sus criterios. Hasta se manifiestan. Y no se desaniman por el hecho de que Rodríguez se ponga poético y hable de la paz como si la paz fuese un elemento aislado de la libertad. La paz sin libertad no resulta tan interesante como parece, Rodríguez, acuérdese del franquismo: la paz como consecuencia de las claudicaciones no satisfará a los que se la brindan a cambio de ventajas políticas que usted no puede dar, ni lo hará tampoco a los supuestos beneficiados por ella, los ciudadanos, cuando descubran el precio que han pagado a cambio. Porque, aunque no quiera reconocerlo, Rodríguez, le van a pedir un precio y usted con sólo sentarse ya les está pagando. Créame, no nos aburra más con frases de telenovela, no nos suelte ninguna de esas peroratas que espera ver reproducidas en mármol algún día. Sé que la posibilidad de pasar a la historia como El Pacificador es muy excitante, y ya se ve usted dentro de unos años aclamado en Naciones Unidas poco antes de pronunciar su conferencia Cómo veo yo la posible paz mundial gracias al diálogo incesante pero olvídelo, desgraciadamente no le llamarán. En pocas palabras: no sea usted pesado, Rodríguez. www. carlosherrera. com AS ilustrísimas señorías de la Comisión parlamentaria del 11- M han trabajado durante casi un año (once meses) con poco provecho. Los socialistas han dado cerrojazo a una Comisión de Investigación que no quería investigar. La atmósfera de nieblas y tinieblas que envuelve el macabro episodio del atentado de las estaciones no se ha despejado y los misterios, las dudas, las sospechas y las sombras persisten. Algunos rayos de luz que han penetrado en la oscuridad envolvente no provienen precisamente de la Comisión, que se ha negado repetida y tercamente a convocar y escuchar a los testigos más cualificados y de más interesante testimonio. Mejor cerrar ese chiringuito parlamentario. Mejor dar cerrojazo a la Comisión investigadora sin vocación, sin ganas, sin JAIME curiosidad y sin interés CAMPMANY por investigar. Las acusaciones mutuas entre las fuerzas políticas allí representadas, mientras se renunciaba una y otra vez a escuchar a los testigos que habrían podido aclarar algunos aspectos del suceso y sus consecuencias, eran un espectáculo deprimente desde el punto de vista político, que dejaba malparada la dignidad de los representantes del pueblo. Ninguna señoría y ningún partido buscaban allí la verdad entera y verdadera. Los famosos versos de Machado sonaban en aquel recinto como una terrible acusación; ¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela Al final, los socialistas han renunciado a aprobar unas conclusiones donde se acusaba al PP de imprevisión del atentado y de engaño masivo en la información posterior a la opinión pública. Y los populares, por su parte, insisten en que la autoría intelectual del atentado queda sin desvelar y no descartan la participación de la banda etarra. Una de las circunstancias no investigadas suficientemente la constituyen los contactos entre los islámicos autores materiales del atentado y miembros de Eta o las oscuras relaciones de unos y otros con miembros de las fuerzas del Estado, con sus confidentes y sus colaboradores. Lo que vamos sabiendo de aquel episodio terrorífico y de sus consecuencias políticas imprevistas e importantísimas lo debemos a la investigación casi heroica de los medios de comunicación y de algunos periodistas tercos, audaces y arriesgados. Por otro lado, la investigación judicial avanza con la lentitud lógica y acostumbrada en este tipo de indagaciones. Supongo que lo más probable es que pasen años antes de que las miles y miles de páginas de los sumarios judiciales arrojen algunas luces sobre esas tinieblas que hoy cubren todo lo que rodea al 11- M, antes del atentado, en el atentado y después del atentado. La miserable utilización política que se hizo de aquella tragedia de los doscientos muertos y los mil heridos durante las horas que siguieron a la masacre constituye una vergüenza formidable para algunos políticos y para algunos medios de comunicación. Eso es lo que tenemos más a la vista. Pero el intríngulis de todo aquello todavía está escondido bajo una tierra infame. Luz, más luz