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ABC JUEVES 9 6 2005 Opinión 7 caba con la participación en los ideales de libertad, progreso y democracia No quisiera que el lector creyera que el sentido del Estado y el consenso me hacen olvidar otros instrumentos tan esenciales para las relaciones internacionales como el diálogo. Simplemente lo doy por supuesto, es imprescindible por definición. Elimino sólo de esta fuente clara de concordia y comprensión el diálogo de sordos, el diálogo de tontos y el diálogo envilecedor. Aunque sea una cuestión académica, ¿sería hoy posible contar con el consenso de todas las fuerzas políticas para entrar en Europa, si no estuviéramos ya en ella, alegando una razón de Estado? Y ello sin un cambalache de condiciones y de sus correspondientes adherencias: siempre que siempre y cuando según y conforme con ¿a cambio de que? LA ESPUMA DE LOS DÍAS CORRUPTOS O CRETINOS O sé en otros países, pero en España existe una perversa propensión a establecer juicios sobre las intenciones, y pocas veces sobre los hechos. Sobre las personas, y no sobre las conductas. Y sucede que, después de un tránsito tan tortuoso por el laberinto de los prejuicios y las fobias, cuando unas y otros- -conductas y hechos- -viajan de regreso hacia el escrutinio público se nos devuelven tan deformados que resulta casi imposible restablecer la realidad sobre la que estamos discutiendo, y más aún debatir serenamente sobre ella. Tal fenómeno infesta especialmente las pugnas políticas y produce estragos en los combates mediáticos, en los que con demasiada EDUARDO frecuencia importa poco SAN MARTÍN qué se hace o qué se dice, y mucho más quién lo hace y quién lo dice. Y dependiendo de quién es ese quién, el qué merecerá los más encendidos elogios o las más tonantes de las descalificaciones. Tomemos, por ejemplo, las manifestaciones multitudinarias de los últimos tiempos. De la épica matagigantes con que se adornaron algunas de ellas en un pasado aún cercano al relato miserable de propósitos inconfesables y traiciones por confesar que se adjudica a otra más reciente, el análisis de unos mismos observadores que se pretenden desprejuiciados desenfunda el escalpelo del maniqueísmo para trazar a sangre la raya que establece dónde se encuentra el bien y dónde el mal. O mejor dicho, quién encarna el bien sobre todas las cosas y quién representa el mal haga lo que haga. ¡Cómo va a ser lo mismo! es el recurso oratorio del que se echa mano para consumar una distinción que poco tiene que ver con la naturaleza de la propia acción y sí mucho con el juicio previo que merecen los actores. Dadme un prejuicio y moveré el mundo hace decir a uno de sus personajes Gabriel García Márquez. O sobre las víctimas del terrorismo, otro ejemplo. Los mismos que en su día invocaron el libre discernimiento de los ciudadanos para rechazar cualquier posible manipulación de los electores entre los días 11 y 14 de marzo del año pasado, certifican ahora con todo desparpajo la indemostrable manipulación del dolor de quienes sufrieron, en sus carnes o en las de los suyos, el zarpazo de la insania. Quienes formulan ese inapelable juicio de intenciones, ¿habrán caído en la cuenta de que, si su dictamen concordara con la realidad, estarían calificando a las víctimas del terrorismo de corruptos o de cretinos? Corruptos, porque si se dejaron manipular conscientemente habrían traicionado los fines para los que fueron creadas sus organizaciones; y cretinos si es que se dejaron manipular sin haberse percatado de ello. De tal forma que quienes claman por preservar los sentimientos de las víctimas de toda utilización espuria acaban, ronda rondando, por poner en tela de juicio su honradez o su inteligencia, lo que es mucho peor. Seguramente, los afectados preferirían otros abogados defensores. N CARLOS KILLIAN sión (5 de febrero de 1979) dijo que contaba para ese esfuerzo colectivo con el respaldo inicial de todas las tendencias políticas que alcanzaron representación parlamentaria en las elecciones de 1977 Sin la razón de Estado y el consenso, ¿qué sentido tendrían las palabras del presidente del Gobierno, Felipe González, cuando en su discurso oficial (12 de junio de 1985) de la firma del Tratado dijo que la integración de España era una cuestión de Estado que reflejaba el deseo abrumadoramente mayoritario de los ciudadanos para los que la integración de España en Europa se identifi- Mi libertad de pensar y hablar va siempre acompañada por la responsabilidad y por el respeto a toda la clase política y, por supuesto, a nuestros políticos de hoy. Pero me ensordece el ruido de la desesperanza que percibo a nuestro alrededor y me pregunto si mi propensión a perder las gafas y las llaves tiene que ver con la sensación de que no encuentro tampoco en el panorama actual la tan necesaria razón de Estado y el consenso que España reclama para moverse en los grandes temas de la política. Amparado sólo en los esfuerzos que dediqué durante tantos años a nuestra entrada en Europa, y sin ninguna factura que pasar a nadie- -porque todo quedó generosamente saldado el día en que me pude considerar un español europeo- quiero rendir hoy un homenaje emocionado y agradecido a los políticos de entonces, a los que nos metieron en Europa. Sé que no están el tiempo ni el ánimo para excursiones, pero el caso es que las hicimos, y nada menos que a Europa, cuando calzábamos simplemente alpargatas. No quiero ponerme nostálgico de nuestra Transición, pero, ahora que usamos buen calzado, tampoco quisiera tener que exclamar como el bueno de Alonso Quijano en su lecho de muerte y ante sus amigos: Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño... Y después de todo esto, si ustedes me lo permiten, me vuelvo a los jóvenes y menos jóvenes políticos de hoy, para pedirles que no nos hagan perder la esperanza. A mí me basta con perder con demasiada frecuencia las gafas y las llaves... Señorías, por favor... PALABRAS CRUZADAS ¿Es el objetivo de las conclusiones de la comisión culpar a Aznar del 11- M? LO QUERIAN MACHACAR ESDE el primer día la dichosa comisión tenía un tufo antiAznar que tiraba para atrás. Las conclusiones se podían haber escrito en sobre cerrado antes de la primera sesión, y habrían sido idénticas a las ahora conocidas. Lo único que nadie habría adivinado es el odio de ERC, un rencor que roza lo miserable. Se están cubriendo de gloria los esquerros pero esa es otra historia. Ya en esos días dramáticos se vio claramente que la entonces oposición culpaba a Aznar de todos los males y le llamaba mentiroso a gritos, a él y a sus compañeros de Gobierno; y la comisión parlamentaria no nació con intención de investigar nada, sino de poner a AzPILAR nar en la picota. Los fallos de los serviCERNUDA cios de información se han utilizado en su contra, los fallos en las investigaciones a terroristas islamistas se han utilizado en su contra, y la imposibilidad de conseguir desde el primer momento datos contundentes que apuntaran a los islamistas también se han utilizado en su contra. Aznar no gestionó bien las horas y los días posteriores al atentado, pero de ahí a convertirle en culpable del atentado y de instrumentalizarlo para no perder votos hay un trecho. Pero a veces los políticos pierden la compostura con tal de machacar al adversario. SERÍA UNA SANDEZ... D E CHAR la culpa de todo aquello a Aznar sería como acusar a Recaredo: una tontería falaz. Aznar es un ex, relevante pero no significativo ya. Déjenme, ante todo, que diga dos cosas: una, me parece lamentable este juego falsamente acusica de una comisión de penoso desarrollo como la del 11- M; dos, todo lo que se relaciona con aquella fecha terrible lo hemos gestionado mal todos, la comisión incluida. Las conclusiones que han salido me parecen acordes con la ciega y sorda trayectoria de la propia comisión: una nada para olvidar. Si realmente querían (confío en que no) hacer a Aznar culpable de todo, menuda conclusión absurda. Aznar gestionó pésimamente FERNANDO aquellos días tremendos, del 11 al 14- M, JÁUREGUI no me lo nieguen. Se tenía merecida una reprimenda, quizá. Pero no ser señalado como casi el colocador de las bombas. Ni lo pretenden estos torpes redactores, creo. A Aznar, la Historia lo pondrá en su sitio, ni tan bueno como él piensa ni tan malo como le tiran a la cabeza. Y de las conclusiones de la comisión del 11- M, que tanto ruido están haciendo y harán en el pleno del 30, qué quieren que les diga: mejor acostumbrarse a pasar de ellas. De todas ellas: la verdad del 11- M no está ahí. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate