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6 Opinión JUEVES 9 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA RAIMUNDO BASSOLS EMBAJADOR DE ESPAÑA ZAPATERO Y SUS VÍCTIMAS D EJANDO a un lado a Pilar Manjón, cabeza visible de la Asociación 11- M de Afectados por el Terrorismo y tan fervorosa sindicalista que confunde la condición administrativa de una pensión con la afectación moral de un parentesco, y olvidándonos de Gregorio Peces- Barba, que reivindica unos valores morales, académicos y políticos que nadie discute para justificar su rechazo por la mayoría de las víctimas, debe reconocerse que los puentes que José Luis Rodríguez Zapatero tiende con las distintas asociaciones que las agrupan son de quita y pon. No es decir mucho, que Zapatero es así, pero conviene explicitarlo por si le ayuda a alguien M. MARTÍN a entender lo que pasa. FERRAND Después del éxito multitudinario de la manifestación, organizada por la AVT, la del pasado sábado, el presidente del Gobierno manifestó su deseo de reunirse con las distintas organizaciones que vertebran esa gran y dolorida familia de las víctimas. Aun con el recelo de muchas de ellas, era de justicia reconocer, o suponer, que el líder socialista había recibido y entendido el mensaje de los manifestantes. Nada más irreal. Los zigzagueos de Zapatero no facilitan el seguimiento de sus jugadas según los códigos tradicionales de la lógica y la apariencia. Ayer mañana, en el Senado, Zapatero retiró ostentosamente el puente tendido para el entendimiento con las víctimas del terrorismo. Dejó bien claro que si ETA tiene voluntad de dejar sus armas para siempre dialogará con la banda asesina para lograr lo que quiere la inmensa mayoría de los españoles Pío García Escudero es testigo de lo que cuento, puesto que Zapatero se expresó de ese modo en respuesta a una pregunta del portavoz del PP en la Cámara. ¿Qué es lo que pretende Zapatero, y a quién quiere proyectar su mensaje cuando hace y dice, con solo unas horas de distancia, una cosa y su contraria? Es cierto, como señala el presidente de la sonrisa perpetua, que la inmensa mayoría de los españoles no desea que haya más víctimas de ETA; pero ¿a cualquier precio? ¿Incluso comprometiendo la dignidad del Estado? Las leyes en vigor, mejores o peores, nos obligan a todos, también a Zapatero, y lo democrático es cumplirlas. Ampararse en el bien común para anteponer la hipótesis de un resultado deseable a la certeza de un procedimiento incorrecto no es que no sea democrático, que no lo es, sino que entra en una espiral de despropósitos y se cisca en el ordenamiento jurídico: hablar con quienes, primero, debieran ser detenidos y puestos a disposición del juez. Bien es verdad que, en el mundo de la Justicia, el Gobierno prosigue su infatigable tarea de deslegitimar las instituciones del Estado. Véase la operación de relevo de Eduardo Torres- Dulce, sospechoso por profesional, algo que no le ocurre a Cándido Conde- Pumpido. SEÑORÍAS, POR FAVOR... Ex secretario de Estado para las Relaciones con las Comunidades Europeas, el autor cree que la razón de Estado y el consenso- -que tanto se echa en falta en la política de hoy- -fueron el motor para la entrada de España en Europa, de la que estos días se cumplen veinte años A medida que se acerca la fecha del 12 de junio, en la que celebraremos el vigésimo aniversario de nuestra entrada en Europa, se multiplicarán los artículos, intervenciones y loas dedicados a nuestra afortunada incorporación a la UE. Es difícil negar que los beneficios de aquel salto histórico fueron múltiples y que los más visibles han sido nuestro anclaje en la democracia y una creciente prosperidad económica. Pero no es éste el objetivo de estas líneas. La sociedad civil asiste a la crispación política por la que atraviesa nuestro país. Una nube de descalificaciones y martingalas nos abruma, es decir, llena de brumas lo que debería ser un 12- J soleado en el tiempo, la política y la economía. Fecha soleada sobre todo por el recuerdo de aquellos años comprendidos entre 1977 y 1985, en que fuimos capaces de entender lo que son el sentido del Estado y el consenso. ¡Parece que haya pasado un siglo! Es justo rendir un homenaje a los políticos de izquierdas, de centro y de derechas que hace unos años nos dieron un ejemplo de cordura. Y a un Pueblo que los siguió esperanzado. La entrada en Europa fue posible porque, desde finales de 1975, se esforzaron en coincidir en este objetivo las fuerzas políticas de todo el arco parlamentario, los sindicatos, la patronal y la sociedad civil. Y si alguien piensa que al pueblo español le tenía sin cuidado nuestra entrada en Europa, le mencionaré que después de tantos años todavía recuerdo la presencia en el Palacio Real, el 12 de junio de 1985, en el acto de la firma del Tratado de Adhesión, que presidían Sus Majestades los Reyes, de un mundo heterogéneo de deportistas (Manolo Santana y otros) de poetas (Rafael Alberti y otros) de actrices y actores (Nuria Espert y otras y otros) de banqueros (Alfonso Escámez y otros) de profesores (Rafael Termes y otros) de sindicalistas (Nicolás Redondo y otros) y no digamos de políticos nacionales y extranjeros y de diplomáticos, cuya lista sería interminable, aunque hubiera unos huecos muy tristes. Se me antoja que nuestros políticos eran por entonces muy conscientes de estas realidades sólidas que se llaman cuestión de Estado y consenso. Si no fuera por esas dos realidades y por la conciencia colectiva de que ambas eran necesarias, ¿qué explicación tendría que el Congreso apoyara, el 27 de junio de 1979, la decisión de integrar a España en las Comunidades Europeas, por 285 votos a favor y solo 2 en contra? Sin razón de Estado ni consenso, ¿qué sentido tendrían las palabras del ministro de Exteriores, Marcelino Oreja, (26 de julio de 1977) al emprender el viaje a Bruselas para pedir oficialmente nuestra entrada en Europa: La opción adoptada por el Gobierno de solicitar el ingreso de España en el Mercado Común es auténticamente nacional Sin la razón de Estado y el consenso, ¿qué sentido tendrían las palabras del ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas, Leopoldo Calvo- Sotelo, cuando en el acto de apertura de las negociaciones de adhe- -A ver: ¿puede usted llorar con fuerza?