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ABC JUEVES 9 6 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS MAREAR LA PERDIZ NSISTEN Zapatero y la oposición en amasar y dar vueltas al asunto de la negociación del Gobierno con la banda etarra, que ahora cobra actualidad a propósito de la gigantesca manifestación del sábado en Madrid. Ayer mismo se reprodujo de nuevo ese diálogo en el Senado entre el presidente del Gobierno y el senador del PP Pío García Escudero. Naturalmente, se trata de un diálogo entre sordos, en el que Zapatero repite que él intenta y seguirá intentando acabar con el terrorismo, y sus interlocutores del PP se empeñan en saber a qué precio se dispone Zapatero a comprar la paz. Los discursos de uno y otros se repiten, siempre idénticos, una y otra vez, y no es que la perdiz esté ya JAIME mareada; es que ya está en CAMPMANY el suelo medio muerta. Sin embargo, en el discurso que Zapatero pronunció ayer en respuesta a García Escudero se puede encontrar un elemento nuevo que tal vez sea significativo. Zapatero siempre ha declarado que él está dispuesto a negociar tan pronto como los terroristas abandonen las armas. Ayer introdujo una variante en esta afirmación. Hablo de negociar si los terroristas muestran voluntad de abandonar las armas Y hasta un diplomático tan obtuso como Moratinos puede entender que no es lo mismo abandonar las armas que mostrar voluntad de abandonarlas. Lo primero denota una acción previa y lo segundo sería una acción condicionada. Y ahí está el quid de la cuestión y la madre del cordero. Porque se trata de conocer quién pone las condiciones, si el Estado negocia con la condición de que los etarras acudan desarmados, o son los terroristas quienes imponen al Estado condiciones previas para sentarse a la mesa de negociación. Y eso de dejar las armas, ya lo veremos. Por de pronto, ya han manifestado públicamente que no van a desarmarse así como así Claro está que no se trata de un tiquismiquisdevanidad, sinodeunacuestióndeprincipio, porque el Estado no puede ni debe ceder ninguna benevolencia a una banda de asesinos bajo la amenaza de seguir matando a la gente y bombardeando las ciudades. La clemencia sólo se puede usar con los vencidos. Y sospecho que Eta no admite la clemencia de los vencedores, sino que aspira a la tregua pactada entre dos contendientes con capacidad- -ambos- -de seguir combatiendo. Hay dos maneras de negociar. Que los etarras se presenten ante Zapatero y digan: Hemos dejado de matar y entregamos las armas. Nos hemos rendido. Sé compasivo con nosotros en favor de la paz futura O que presenten esta alternativa: Tenemos las armas sobre la mesa. Una de dos: o nos das lo que pedimos, o seguimos matando, extorsionando y poniendo bombas Desgraciadamente, por lo que llevamos visto hasta ahora y por el cambio introducido en el discurso de Zapatero, nos encontramos ante la segunda situación. Y además, con voluntad de dar todo o parte de lo que piden. O sea, por muy duro que suene, la traición a los muertos. Dios quiera que esté equivocado. I SALVAR LA VIDA EN LA CATÁSTROFE E RA curioso ver en la noche del 29 de mayo, triunfo del no francés, a los trotskistas hermanados con los ultras de Le Pen, entusiasmados, exultantes en las calles de París, coreando los mismos eslóganes. Esas imágenes, repugnantes para muchos, muestran algo sabido: las mayorías a veces aciertan y a veces yerran. Porteras de la rue de Rennes, viejos profesores sartrianos, militantes de ultraderecha, socialistas nacionalistas, todos juntos, ¡vamos allá! aparentemente felices, a punto de perecer ahogados en ese lago de alegría artificial (una parte de Francia quiere protección, no competir en el mundo, no hacer reformas, seguir así. José Bové: el progreso tecnológico se traduce en pérdidas de empleo) Hay lados menos tristes de la política. Bill Clinton, el lunes, con Jacques Chirac. Muchos en Estados Unidos, vino a decir, seguimos creyendo en Europa, defendemos a Europa. DARÍO Sostener que el vencedor tiene VALCÁRCEL siempre razón es moralmente despreciable, políticamente demagógico e irrisorio en la práctica. El no del 55 por ciento de los franceses indica no sólo el grado de distanciamiento entre los responsables del poder y los votantes. Gobierno, Partido Socialista, UMP, UDF- -no sólo el presidente de la República- -se habían adentrado poco a poco en un camino sin salida. El centro derecha votó con mayor disciplina (a favor del sí, naturalmente) como refleja el resultado de París. El resultado final para los creyentes en Europa, digámoslo sin eufemismos, es una catástrofe. Fragilidad de las cosas humanas, diría el estoico. Prueba del peligro de la ambigüedad, decimos de tejas abajo. Dar ocasión al electorado para votar contra sus dirigentes (gobernaran o no) era desviar la atención del proceso europeo, concentrarla en los miedos y venganzas nacionales. Cuando el votante mira angustiado el porvenir, su voto hace temblar. La vajilla está hoy en el suelo, en pedazos. Veamos el mañana. Los nórdicos proponen una respuesta práctica. Son apenas 20 millones, sin embargo de gran calidad democrática. Su propuesta: salvar las partes I y II del tratado constitucional. Francia y Holanda acaban de producir una pieza maestra de la chapuza política, escribe el vicepresidente del Parlamento finlandés, Kimmo Kiljunen (FT, 6 junio 2005) Olvidemos las partes III y IV. Insistamos en la I y II: qué es la Unión y qué no es. Cómo toma sus decisiones. Cuál es su carta de derechos ciudadanos. Si esas tres partes decisivas se aprueban antes del fin de 2006, Europa, de nuevo, se habrá librado de la muerte. Agonía es lucha, a veces se agoniza para vivir. Esas tres partes del tratado, modestas y esenciales, incluyen, primero, la personalidad jurídica de la Unión. Segundo, su política exterior y de defensa común, plasmadas en el ministro y ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión. Tercero, el sistema de mayoría cualificada en el Consejo junto al mecanismo de cooperaciones reforzadas. Tres bases sin las cuales la Unión no vivirá. Los votantes nacionalistas, defensores de sus paisitos, caperucitos franceses o británicos, parecen disfrutar con sus ojitos vendados hasta que, ¡zas! hace su aparición el lobo chino. La democracia es, como la vida, a veces clarividente, a veces ciega. La dictadura suele ser ciega. Quizá esos ejemplares demócratas, seguidores de Le Pen y de Trotsky, ayudados por tantos socialistas, hayan dado la puñalada de gracia a la bella, poderosa, posible Europa real. Las grandes ideas también pueden morir apuñaladas (y se puede saltar sobre sus intestinos, tal como recomendaba Truman Capote a una elegante neoyorquina) Alguien ha recordado cómo la iglesia protestante alemana, la Kirchentag, cita y vuelve a citar estos días al versículo del Éxodo, 12- 26: cuando vuestros hijos os pregunten... Nuestros hijos nos preguntarán, escribe Daniel Vernet, por qué dejamos pasar la oportunidad de construir una Europa que pusiera algún orden, modestamente, en el vocerío global.