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100 Deportes MIÉRCOLES 8 6 2005 ABC Fernando Hierro va a cerrar en un armario su carrera deportiva. Ya no pisará más como profesional un terreno de juego. Pero antes de guardar en el baúl sus recuerdos, aceptó hacer un repaso de ellos. Su imagen de futbolista duro y de hombre arisco cambia por completo en persona La cara oculta de una leyenda TEXTO ENRIQUE ORTEGO FOTO IGNACIO GIL MADRID. Llega a la casa de ABC con los mismos andares con los que se ha ganado la vida como profesional durante 18 temporadas. Cabeza alta, pasos firmes, cuerpo estirado. Para los que no están acostumbrados a ir a su lado parece incluso más alto. No se diría que acaba de colgar las botas, un giro futbolístico que nadie quiere hacer propio porque realmente es una jubilación (tiene 37 años) disfrazada con otras palabras. Ni una gota de grasa, con cuatro o seis kilos menos que cuando llegó al Real Madrid. Saluda con educación a todo el que se le acerca. Es Fernando Hierro, el capitán por excelencia en la última década del Real Madrid y de la selección (89 partidos) un auténtico desconocido para el gran público. Así lo quiso él durante toda su carrera y se salió con la suya. Pocos han sabido guardar su vida privada de forma tan espartana. Hasta el punto de vivir con resignación con la imagen de tipo huraño y malencarado que muchos le habían aplicado por algunos de sus comportamientos sobre un campo de fútbol y, sobre todo, por su escasa colaboración con los medios de comunicación, para los que en términos generales nunca fue un futbolista simpático, accesible ABC compartió unas horas con él en el momento del adiós. No era cuestión de hacer la penúltima entrevista, simplemente era el reconocimiento de un medio a una leyenda del fútbol español. Fue una charla deliciosa, improvisada, sin orden preestablecido, sin preguntas ni respuestas. Fueron reflexiones en voz alta, anécdotas vividas que permiten descubrir la cara más oculta de un profesional ejemplar. Sentarse sobre el balón a ver quién la pinta más A mí que nadie me diga que sabe de fútbol después de la final de la Champions... Son sus palabras cuando analiza los distintos equipos del Madrid en los que ha jugado. Es imposible decir cuál ha sido el mejor Madrid. El de Capello era equilibrado, coordinado, cada uno hacía lo que tenía que hacer. Y decían que éramos defensivos, pero jugábamos en rombo en el medio con Seedorf por delante de Redondo, Víctor y Raúl en las bandas, Mijatovic y Suker arriba... Esa generación es para mí la que impulsó el club, ganamos la séptima y dimos un salto en el tiempo. Y es que vimos que se nos pasaba el tiempo, que nos hacíamos viejos y no habíamos ganado nada El de Valdano también era un equipo bien trabajado tácticamente, con una defensa en zona que tiraba bien la línea... Del Bosque buscaba siempre el rendimiento de los jugadores y le legitiman los resultados, siete títulos en cuatro años. Posiblemente el equipo más bonito fue el de la Quinta con Hugo, Gordillo, Maceda... Pero ¿quién puede decir que el de ahora no es la leche? Había días que me daban ganas de sentarme encima del balón y ver quién la pintaba más, si Zidane, Figo, Ronaldo, Roberto, Raúl... Este Madrid es impresionante. Pero sí faltan dos jugadores, si acaso, para hacer el póster perfecto Del Atlético por un día Y pensar que casi ficho por el Atlético. ¡Como que me hice una foto con su camiseta! Estábamos en el Vicente Calderón y Gil y el presidente del Valladolid me dijeron que acababan de llegar a un acuerdo para mi traspaso, que mi representante ya lo sabía. Me hablaron de cuatro años y la verdad es que me ofrecían más dinero de lo que luego me dio el Real Madrid. Me pidieron hacer la foto y la hice. Menos mal que no me puse la camiseta. La sorpresa llegó cuando pude hablar con mi representante, que era Miguel Santos entonces. Como no había móviles y no paraba de comunicar lo hice al día siguiente y me dijo que él no sabía nada, que no habían contado con nosotros para nada. Volví a Valladolid y le dije al presidente que no me iba al Atlético bajo ningún concepto. No porque tuviera nada contra ese club, simplemente porque me habían engañado. Le dije que o me iba al Madrid, que había hecho una oferta, o me quedaba en el Valladolid. Y me vine al Bernabéu Todavía no sabe qué va a ser de su futuro. Su pensamiento pasa por un año sabático. El fútbol es mi pasión. Yo me iría ahora mismo, bueno, cuando descanse unos meses porque mentalmente aún no me he retirado, a un club en el que me sintiera útil, del que me llamaran no porque soy Hierro, sino porque pensaran que podría aportar mi experiencia de 18 años. Si me tengo que equivocar que me equivoque yo, no porque me digan lo que tengo que hacer y no pintar nada. Nunca seré entrenador. Me parece la profesión más ingrata del mundo. Me gustaría algo más didáctico. Coger a los chavales y enseñarles lo que he aprendido, mis cosas, mis experiencias... La conversación salta sin rumbo. Juan María Gastaca le plantea si tiene la sensación de que ha sido uno de los futbolistas más determinantes del fútbol español en las últimas décadas. Fernando hace un breve silencio. nunca. Yo nunca he tenido la sensación de ser un jugador importante. Todavía no tengo asumido la magnitud de lo que he hecho. Mi hermano Manolo me leía el otro día los números, mis partidos, las veces internacional, los títulos... Sí, son estadísticas, pero yo no tengo hecha la valoración de mi carrera. Seguro que dentro de unos meses o de unos años pensaré que he ganado 17 títulos, que he jugado cuatro Mundiales y dos Eurocopas, que he estado doce años en el Madrid. Yo no encuentro la felicidad en mirarme el ombligo. Puede que sea un futbolista importante, pero no percibo el significado que he podido tener el fútbol español Su carácter, su forma de ser y su presunta poca mano izquierda sale a relucir. Yo soy así y no me ha ido tan mal en el fútbol. No me arrepiento de nada. Es verdad que a veces he creído que tenía que pensar más en mí y menos en los demás, pero soy una persona comprometida por naturaleza. Siempre he tenido un compromiso con todo lo que hacía. Cuando eres capitán del Real No encuentro felicidad en mirarme el ombligo, no percibo el significado que haya podido tener en el fútbol español Soy comprometido por naturaleza, el brazalete de capitán no es para llevarlo 90 minutos y recoger las copas Madrid o de la selección lo eres para lo bueno y para lo malo. El Madrid o la selección eran algo mío y si alguien hacía algo contra ellos o contra un compañero, lo hacía contra mí. El brazalete no es para llevarlo 90 minutos y recoger las copas. Mi obligación era pelear por el colectivo. Ayudar al compañero que necesitaba algo o tenía un problema. Lo que se hace fuera se refleja en el campo. Si les ayudaba fuera era bueno dentro. Ningún equipo se hace grande sin el hoy por ti mañana por mí. A la gente se la gana más con pequeñas cosas que con dinero y ha habido momentos que he tenido que hablar con el club para detalles de fulano o mengano. Era mi compromiso Negro futuro para el fútbol Y lo dice con una naturalidad que sorprende a los que nunca se habían sentado con él. Los futbolistas somos egoístas de nacimiento. Sólo pensamos en que nos vaya bien a nosotros. El egoísmo es bueno para jugar, para intentar ser titular, pero hay que respetar al