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26 Internacional CAOS EN BOLIVIA MIÉRCOLES 8 6 2005 ABC EDUARDO RODRÍGUEZ VELTZÉ Presidente del Tribunal Supremo de Bolivia Como presidente, mi misión sería, básicamente, convocar elecciones Hay una situación de orden económico que nos ha puesto últimamente en dificultades. Hay diferencias de orden social, de ingresos, de equidad y de otra naturaleza pero creo que de lo que se trata es de preservar el período más largo de democracia en la historia de Bolivia TEXTO C. DE CARLOS FOTO EL DEBER (BOLIVIA) LA PAZ. Avatares dramáticos de la política boliviana anticipan a Eduardo Rodríguez Veltzé como posible nuevo presidente de la República. Abogado de profesión, estudió Derecho en la Universidad Mayor San Simón de Cochabamba y completó sus estudios en la de Harvard. Presidente de la Corte Suprema desde 1999 es el único, en la línea sucesoria, al que aceptan los movimientos sociales para suceder a Carlos Mesa. -Tras la dimisión de Mesa se espera que los titulares del Senado y de la Cámara de Diputados renuncien. En ese caso, usted, según la Constitución, será el presidente de Bolivia. ¿Cómo ve esa posibilidad? -Es la versión que más se menciona y la tratamos en el marco de diálogo que auspicia la Iglesia pero, como representante de la Corte Suprema, no puedo emitir juicios de valor, ni entrar en contiendas políticas. -La Iglesia ha pedido gestos patrióticos ¿Está dispuesto a ofrecer uno y aceptar la presidencia? -Espero seguir en Sucre (sede del poder judicial) y no en La Paz, pero sí, estoy dispuesto, claro que sí, aunque estoy bien donde estoy. Tendría la limitación de que mi misión, básicamente, sería convocar elecciones. -Hay gente que interpreta que la raíz de esta crisis es histórica y que el trasfondo son la pobreza y el racismo. ¿Está de acuerdo? -Es una realidad muy compleja que puede tener diversos vértices de aná- lisis. Yo entiendo que hay una situación de orden económico que nos ha puesto últimamente en dificultades. Hay diferencias de orden social, de ingresos, de equidad y de otra naturaleza, pero creo que de lo que se trata es de preservar el período más largo de democracia en la historia de Bolivia. Aún no está quebrado y mi esperanza es que las soluciones las encontremos dentro de ese sistema democrático. Es el único que nos permite encontrar esas soluciones. Estamos viviendo en democracia con problemas, pero sólo dentro de ella se pueden solucionar. -Usted habla de soluciones pero buena parte de los analistas locales dicen que Bolivia no tiene soluciones, lo que tiene son salidas -Es una forma muy reduccionista de resolver las cosas. Yo creo que el pueblo boliviano, que es muy diverso en su geografía, en sus etnias y en sus culturas, tiene un gran sentido de esperanza. Me permito decir que ahora esa esperanza merece algo más que una salida merece mejores horizontes. -Es una visión muy optimista... -El optimismo es lo último que puedo perder... Bolivia pasó por momentos difíciles en el pasado. Este no sería uno más, ni uno muy nuevo, lo que hay es que trabajar mucho. ¿Si no cesan los bloqueos se podría decretar el estado de sitio? -Espero que no sea necesario. Ni ahora ni después. En la medida en que haya sensatez, principalmente en La Paz, La cooperación internacional ha sido muy generosa con Bolivia. Si preserva su presencia en el país, tendría mayor valor para entender que las soluciones no se encuentran en el lado de la violencia, no hará falta. -Si usted tomara posesión como presidente, ¿podría satisfacer las demandas sociales y las de los indígenas que han provocado esta crisis, nacionalización de hidrocarburos, Asamblea Constituyente... -Ese hipotético Gobierno debe concentrarse en garantizar las elecciones para que se celebren con la mayor integridad, independencia y transparencia posibles. Una transición de orden electoral debe limitarse a eso. Serán los diferentes actores políticos, los candidatos y los partidos en campaña los que deban hacer sus propuestas en las materias pendientes para que se diriman en la urnas. -Desde su punto de vista, como jurista y como ciudadano, ¿cuál es la solución ideal a esta crisis? -Prefiero no aventurar un criterio en este momento porque desde el poder judicial no debemos pronunciarnos sobre asuntos políticos. Pero, a lo que aspiro como ciudadano boliviano es a que seamos capaces de encontrar un ambiente de paz y de fe para preservar el orden democrático y la unidad del país. Confío en que seamos capaces de enfrentar, con más serenidad y racionalidad, los grandes desafíos que están pendientes en los últimos tiempos. -La provincia de Santa Cruz ha convocado, unilateralmente, un referéndum para su independencia, Estado Federal o autonomía... ¿Es legal la convocatoria? -Santa Cruz ha seguido un procedimiento relativamente nuevo. Es posible que haya algunas dificultades, pero no voy a refererirme a la legalidad porque, como le dije, aún soy juez. Encuentro que hay una gran iniciativa en Santa Cruz y en otras regiones para mejorar su capacidad de desarrollo y de bienestar. Eso ha llevado a plantear nuevos ordenamientos de orden constitucional. Lo que tenemos que encontrar es un mecanismo debidamente legitimado y representativo para que canalice esa y otras demandas. ¿En cuánto tiempo podrían celebrarse las elecciones? -La última ley electoral señala un plazo de 150 días. CHÁVEZ Y LA CONQUISTA DE LA ZONA ANDINA CARLOS ALBERTO MONTANER A renuncia de Carlos Mesa era predecible desde que él mismo, con una dosis grave de irresponsabilidad y oportunismo, contribuyó al derrocamiento del presidente Sánchez de Lozada en octubre de 2003. En aquella fecha el país se estremeció con los desórdenes provocados por los cocaleros, el indigenismo radical y el sindicalismo trotskista- -tres fuerzas envenenadas por el colectivismo, el odio a Occidente y el rechazo a la modernidad- a las que se sumaba el conflicto entre Santa Cruz y La Paz, enfrenta- L miento que trasciende la geografía y se mezcla con choques raciales y culturales de muy difícil solución. Veinte meses más tarde la crisis volvió a repetirse, pero con un mayor grado de intensidad. Era un giro de 360 grados que devolvió a Bolivia al amargo punto de partida. El caos es la normalidad boliviana. Así ha sido casi desde su fundación. Sólo que ahora ese permanente desasosiego se inscribe dentro de un conflicto generalizado que Hugo Chávez alienta desde Caracas. Me lo confirmó melan- cólicamente Sánchez de Lozada, poco después de su apresurado exilio, cuando coincidimos en un programa de televisión dirigido por Andrés Oppenheimer en Miami: a mí me tumbó Chávez Y era cierto. Los petrodólares alimentaban a Evo Morales y a Felipe Quispe en Bolivia, a los golpistas hermanos Humala en Perú, a los indigenistas radicales en Ecuador, a las narcoguerrillas comunistas en Colombia. Ahora Chávez ha contribuido a la caída de Mesa y no se detendrá hasta que siente a Evo Morales en la casa de gobierno. Su primera línea de actuación es la zona andina, precisamente el territorio que D. Simón liberó de España a principios del siglo XIX. El asunto es muy grave. Como suele oírse en Caracas, Chávez es tan responsable como un mono borracho con una pistola en la mano El problema es que los gobiernos latinoamericanos carecen de política exterior y son incapaces de defender las libertades de manera colegiada. El cono sur vivió felizmente 35 años con el señor Stroessner instalado en el gobierno paraguayo. Mesoamérica ignoró cuatro décadas la dictadura de los Somoza y los diez espantosos años de los sandinistas. Todo el continente ha convivido 46 años con Fidel Castro, y todavía recibe al Comandante, le ríe sus ocurrencias seniles y le da homenajes. Para eso se inventó la doctrina de la no intervención. Para enterrar la cabeza en la arena o para ponerse a silbar nerviosamente cuando surge el zarpazo intervencionista de quiénes, como Chávez, aunque sea monstruosa, sí tienen política exterior.