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6 MIÉRCOLES 8 6 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MIKEL BUESA CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE AMENAZAS DE PESAJE C UANDO el boxeo era deporte de moda y algunas de las mejores plumas del periodismo español, como la del maestro Manuel Alcántara, encontraban en él desahogo y o disimulo, el atractivo de cada combate comenzaba en el momento del pesaje de los púgiles. Ahí se forzaba un cruce dialéctico entre ellos, tan poco sutil como enfervorizador de las multitudes, que merecía los titulares de la Marca- -los lectores de los sesenta llamaban en femenino al diario deportivo- -y calentaba el ambiente para que, un suponer, Pedro Carrasco se enfrentara a Boerg Krogh con el éxito del no hay billetes No tanto como en los EE. UU. donde se inventó el método, pero M. MARTÍN también aquí las leves FERRAND amenazas o los dichos grandones le añadían emoción al espectáculo. Ahora, huérfanos de boxeo, el papel del cacareo amenazante se lo reparten los segundones de los distintos partidos políticos. Así, por ejemplo, José Blanco, que no pasa de peso mosca, se engrandece y envalentona, en vísperas de las elecciones gallegas, pidiéndole al PP que sepa perder en las urnas. Ignoro quién gobernará en Galicia después del día 19; pero está claro que, con mayoría absoluta o insuficiente, Manuel Fraga encabezará la lista más votada. Fraga, que ha ganado muchas veces y perdido otras tantas, tiene bien probado que sabe asumir el gozo y la pena, y como él todo el PP, que en el pasado mes de marzo dio un último gran ejemplo de señorío en la derrota. Como en el boxeo, esos gritos del pesaje tratan de quebrar el ánimo del adversario, de calentar las apuestas o de agotar la taquilla; pero no forman parte del juego limpio, del que cabría esperar de los grandes partidos que representan la mayoría de la ciudadanía española. Pero ¿qué puede esperarse de un partido y de un Gobierno capaces de trabajar abnegadamente por el fracaso de una manifestación contra ETA? Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los grandes mentores e intérpretes de la política de José Luis Rodríguez Zapatero, ha gastado mucho tiempo y muchísimo teléfono para impedir que unos cuantos nombres de respeto, próximos a su propia causa, acudieran a la manifestación convocada por la AVT. ¿En beneficio de quién? Las amenazas de pesaje, o de campaña electoral- -tanto montan- tienden a ser raqueras y zafias y sirven para retratar con precisión a quienes las emiten. Es triste; pero, más por la izquierda que por la derecha, entretienen a nuestros partidos y a sus partidarios más notorios en un juego estéril y nada recomendable. Claro que, por otra parte y ya que nos fijábamos en José Blanco, ¿qué puede decir de enjundioso y profundo, en esta o en otras circunstancias, quien ha hecho oficio de correveidile con tanta aplicación que, sin obra conocida, es el número dos en el partido del poder? La insidia puede ser, a falta de otros medios, un recurso eficaz. DESPUÉS DE NUESTRA MANIFESTACIÓN El autor analiza los prolegómenos y el resultado de la manifestación de las víctimas de ETA celebrada el pasado sábado, cuyo balance fue, a su juicio, un éxito de tan notables proporciones que para el Gobierno ha llegado la hora de la rectificación A manifestación del pasado sábado en exigencia de rectificación al Gobierno respecto a su política antiterrorista ha sido, sin duda, un éxito. Tal valoración hay que extenderla primero a la AVT, que tuvo la valentía de convocarla, y después a las organizaciones cívicas que, como el Foro Ermua, la hemos secundado, así como al conjunto de los ciudadanos que, celebrando una verdadera fiesta de la solidaridad con las víctimas del terrorismo, sin el menor incidente y con la satisfacción de estar diciendo la verdad, estuvimos allí dando nuestro apoyo a aquella reivindicación: no queremos que el Gobierno negocie con ETA, apoyándose en una engañosa resolución parlamentaria maquinada para dar satisfacción a nacionalistas de toda procedencia, más ocupados en deshacer lo que todavía queda de nuestra nación española que en construir un futuro en libertad; y sí queremos que el Gobierno se proponga, sin el menor asomo de duda, derrotar a ETA, pues ha sido con este objetivo con el que, finalmente, en los últimos años, utilizando todos los instrumentos legales, policiales y judiciales, el Estado ha logrado reducir, hasta su menor expresión, el terrorismo nacionalista vasco. L una ocasión, y que, en estos asuntos, no cabe otra fe que la que se refleja en los hechos palpables, en las realidades inequívocas de la acción política. Y los hechos han mostrado que, en este caso, ese Gobierno no ha dudado en emplear todos los resortes del poder para impedir la presencia de los que, desde el Partido Socialista, están con nosotros y nos han hecho llegar su vehemente deseo de que tuviéramos éxito. Se ha dicho también que esta manifestación estaba manejada por el Partido Popular- -como sugiriendo, de paso, que esta opción política carece de pedigrí democrático, e incluso de legitimidad, para convocar a los ciudadanos- cuando el hecho cierto es que el PP ha sumado su voluntad a la nuestra sin exigir nada a cambio. Y lo ha hecho porque ello responde al compañerismo y a la mutua confianza que se ha ido forjando en la lucha que, durante muchos años, hemos llevado juntos, sin preguntarnos por nuestro origen ideológico, en el País Vasco por la libertad, contra el terrorismo y el nacionalismo que inspira su desprecio a nuestro ser y existir como españoles. Se ha dicho, sobre todo por quienes hubiéramos deseado que nos acompañaran, que la convocatoria no era oportuna porque había que dar un cierto margen de credibilidad al Gobierno, olvidando que su presidente, tratando de halagar nuestros oídos, ya nos había engañado en Así pues, la manifestación era oportuna y necesaria. Y nosotros, los que hemos trabajado sin descanso para organizarla, como dijo una vez Jean Cocteau, sin saber que era imposible, fuimos y la hicimos Y nos han acompañado en ella centenares de miles de ciudadanos venidos de todos los rincones de España, procedentes del norte y -Qué clase de amistad hispano- marroquí es esta: Zapatero evita defender al pueblo saharaui para que Ceuta y Melilla no se sientan amenazadas por Mohamed VI.