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ABC MARTES 7 6 2005 Madrid 39 MADRID AL DÍA SOL Y SOMBRA IGNACIO RUIZ QUINTANO D Gallardón, Narbona y Aguirre, durante la inauguración de la depuradora de La Gavia IGNACIO GIL Una nueva depuradora tratará las aguas residuales de un millón de madrileños El Ministerio de Medio Ambiente se la cederá en medio año al Ayuntamiento b Aguirre pide al Gobierno que garantice el agua en la región, y Narbona insiste en que se puede incrementar hasta 200 hectómetros cúbicos sin nuevos embalses MARIO DÍAZ MADRID. El aumento poblacional de Madrid requería más capacidad de depuración de sus aguas residuales. En medio año, y tras un periodo de pruebas, las que generan el equivalente a 950.000 de sus habitantes serán tratadas por la depuradora de La Gavia, inaugurada ayer cerca de Mercamadrid. Esta depuradora se convierte en la más moderna de España, lo que permite que el agua que depure se pueda destinar a cualquier uso excepto al consumo humano, según explicaron fuentes del Ministerio de Medio Ambiente, institución que ha puesto en marcha el proyecto tras invertir 57 millones de euros, el 85 por ciento costeados por la Unión Europea. El acto fue presidido por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que explicó que la nueva depuradora colaborará en el incremento de la reutilización del agua en Madrid. Según sus datos, actualmente no llega al 0,5 del agua total consumida- -3 hectómetros cúbicos- mientras que el Ministerio pretende que llegue hasta los 40 hectómetros cúbicos anuales. Junto a la EDAR inaugurada ayer, se aspira a conseguir este objetivo con las dos nuevas depuradoras que se construyen en Fuenlabrada y Getafe. Junto a la ministra, también asistieron a la inauguración el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón; la presidenta regional, Esperanza Aguirre; el presidente de la Confederación Hidrográfica del Tajo- -ejecutora del proyecto- José María Macías; concejales y empresarios. El alcalde resaltó la importancia de la permanente cooperación entre las administraciones Aguirre, por su parte, incidió en solicitar al Gobierno central una garantía del abastecimiento para los madrileños, que no puede depender de si un año es más o menos seco; las restricciones son un fantasma tercermundista Aguirre había reclamado el aumento de los recursos hídricos en la Comunidad en 400 hectómetros cúbicos. Ayer, Narbona reiteró que su departamento contempla la posibilidad de incrementar hasta 200 hectómetros cúbicos la disponibilidad de agua en Madrid sin la necesidad de hacer más embalses y expresó su especial satisfacción porque con el agua que empezará a depurarse se regarán todas las infraestructuras olímpicas necesarias e España se ha dicho siempre que es continuidad épica: Aragonés contra Lituania ¿o era Estonia? Nadal contra Puerta, y así. De aquí su original y permanente fisonomía: castrense, impulsiva. Ésa de la que Pemán decía que está siempre más dispuesta a la estridencia de un dos de mayo que a la ciudadana convivencia del tres, del cuatro o del cinco. Ocurre, más bien, que España se mueve, como los mansos, a base de arreones. Y el arreón popular del sábado en Madrid fue espectacular. El pueblo español está acostumbrado a ver los toros desde la barrera, a camorrear en los tendidos, y de aquí no pasa... -escribe Pérez de Ayala en Don Tancredo No creo que haya ningún español partidario de la intervención armada en la guerra europea. Y llevaba razón. En contra de todas las apariencias, España no es brava; es mansa, y por tanto, arreona. El sábado, en Madrid, España pegó un soberano arreón en memoria de los muertos, y en las calles atestadas no se oyó una voz más alta que otra. La falta de ruido, de Bono y de los Bardem llevó a Angelito Méndez o Constantino Galarza a calcular el número de manifestantes en unos doscientos mil. Los ingleses definieron una vez la yarda como la distancia entre la punta de la nariz y el dedo pulgar de la mano extendida de Enrique VIII. La unidad de medida de los progres para cuantificar una manifestación es el bardem que se puede definir como el número de manifestantes que caben entre usted y lo que a mí se me ponga en la punta de los compañones. Ya antes, cuando la moruchada organizada por el hijo de Pepe, el de la tienda, el mismo comisario político había previsto una concentración de doscientas personas que luego resultaron ser treinta mil. Saber sumar era lo único que pedía Aristóteles para considerar racional a un animal, y lo del sábado en Madrid escapó a los alcances de un señorín de Pontecesures, contra quien, sin embargo, no se escuchó ni un reproche. Tampoco contra Savater, cuya coherencia es intachable: estuvo con González y con Aznar, está con Zapatero y estará... De más, el sábado, sólo estuvo el número de la chica de la prensa que parece una tradición de la manifestación española: Rosa María, Gemma, y ahora, Isabel. La política es otra cosa.