Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 Madrid PASIÓN OLÍMPICA A UN MES DE LA ELECCIÓN DEL COI LUNES 6 6 2005 ABC (Viene de la página anterior) Torrevieja estas vacaciones. Tras un cuarto de hora más caliente que el asfalto de Georgia que le decía Laura Dern a Nicholas Cage en Corazón salvaje conseguí amparar mi cabeza de la solana con uno de ellos, que al final acabó en manos desconocidas en una terraza de Recoletos. La mejor marca fue, sin embargo, para Antonio: cinco sombreros sobre su cabeza. Si vuelvo a casa sin ellos, no me dejan entrar se justificaba. Los niños, sabido es que son animales de sangre fría, podían con todo, a pesar del calor, a pesar de todos los pesares climatológicos que caigan sobre ellos. Disfrutaban como lo que son, se lo pasaban como enanos. Muy bien, muy bien, ahí, ahí hijo Ignacio ha conseguido meter un gol de penalti (con la ayuda del portero, un voluntario de la organización, eso sí) Yel hombre se va tan contento delante de la concurrencia divertida y envidiosa. Sólo le falta besarse el anillo como Raúl. Los fuegos artificiales iluminan el cielo de Madrid como broche final de la jornada festiva AP Con el asfalto (y lo que no es el asfalto) todavía hirviendo, la sensual y apasionada música de la explosiva colombiana cerraron una jornada de fiesta que miles y miles de ciudadanos de Madrid vivieron con pasión, con esperanza, con ilusión y con (casi) todo al aire Control de avituallamiento A la hora de reponer fuerzas cada quisque hizo lo que pudo. Tirar de bocata casero, tirar de bar (era divertido ver ciertas caras de los camareros de estos lugares bastante estirados ante lo variopinto del paisanaje) y también hubo un control de avituaallamiento de lujo, el Mallorca de Serrano. La tarde se entretuvo en alguna indisimulada siesta, buscar sombra, refrescarse los pies (mejor no se lo cuento) y comprobar la calidad de los cachivaches conseguidos de gratis. En los bares con televisión cada volea de Nadal era jaleada como una galopada de Ronaldo, y con el buen sabor de boca de que unos cuantos chovinistas mordiesen el polvo de Roland Garros se fueron las horas hasta el banderazo, y vaya banderazo: tres kilómetros de sueños y de esperanzas llevados por los voluntarios y por otros más voluntarios todavía, ciudadanos de a pie y sudorina que se conformaban con sólo tocarla: La he tocado, la he tocado le decía una rotunda ama de casa a su marido, más prudente él y a unos cuantos metros de distancia. Eso a la vista. Porque debajo de la bandera iban los más valientes, entre ellos Pedro Botero, tan feliz el hombre en esta caldera improvisada que ayer fueron las calles de Madrid. Las frases de muchos de éstos últimos ciudadanos, es menester dejarlas para mejor ocasión, para no provocar un incidente internacional, según andan además de revueltas las aguas europeas. Madrid se puso ayer la bandera olímpica por montera, en una jornada maratoniana en el más estricto sentido de la palabra. Mientras nos llevamos los Juegos a la faltriquera, en fuentes cercanas a RuizGallardón ya se hablaba de su proximo e inminente proyecto: no se lo digan a nadie, y menos a un parisino. El Alcalde va a poner aire acondicionado en los Madriles. Shakira le dio cuerpo (sobre todo cuerpo) y alma a la fiesta olímpica TEXTO: M. DE LA FUENTE Poco antes de las nueve de la noche, calle de Alcalá abajo, Alejandra, Luz Divina y Sheila aprietan el paso para no perderse la fugaz aparición de su cantante favorita en Madrid. Son sólo cuatro canciones, pero por cuatro canciones de Shakira, haríamos cualquier cosa Las tres son ecuatorianas, jovencísimas (dieciséis, diecisiete) y por la mañana también se han acercado por la gigantesca fiesta olímpica. Incluso han tenido tiempo (cosas de la edad, sin duda) de volverse a casa (entre la Elipa y Quintana) para cambiarse y ponerse de tiros largos. Lo de largos, se entiende, es una manera de hablar. Apretadas (como todo el día estuvieron el Metro y algunas líneas de autobus) ceñidas hasta el ahogo, pero con los ojos ecuatorialmente negros y chispeantes, son tres de las miles, y miles, y miles de personas que acabaron el festivo olímpico en el concierto de la joven artista colombiana que, circunstancias de promoción aparte, fue una elección atinadísima. Como siempre, Shakira lo derrochó todo. De cintura para arriba, y de cintura para abajo. Será casualidad, pero en uno de sus bailes (que más parecen experiencias tribales) un termómetro de ésos que han puesto en las paradas del bus estalló. Había superado el punto de ebullición. Y es que la cantante de los pies descalzos consiguió lo que nadie podía imaginar, subir aún más la temperatura de un día que no se lo saltan ni en Nairobi ni en las mismísimas callejuelas de El Cairo. Los niños reían, las abuelas reían, hasta algún latin king despistado se lo pasaba en grande, con tres o cuatro kilos de colorao colgándole del cuello y una litrona entre las manos. Cerca de él, una pandilla de jóvenes norteafricanos también disfrutaba de lo lindo, pe- ro a su manera, sin que las risas y las bromas salieran de su pequeño círculo. Para arriba, para abajo, para los lado, docenas y docenas de adolescentes que tienen mucho que enseñar y, no sólo eso, que lo enseñan muy generosamente. Amor correspondido Shakira quiere a Madrid y Madrid ama a Shakira: Hoy me voy otra vez, hoy te dejo Madrid, las rutinas de piel, y tus ganas de huir, yo no quiero cobardes que me hagan sufrir, mejor le digo adiós a tu boca de anís se estrenaba con su Servicio de lavandería Mientras, todas las lujosísimas calles de los alrededores (incluida la de Salustiano Olózaga, donde se encuentra la Embajada de Francia, precisamente) estaban absolutamente atestadas. Y casi todos con casi todo al aire. Anochecida de ombligos, bikinis, taparrabos varios, volúmenes cóncavos, volúmenes convexos, delanteras vertiginosas, traseras volcánicas, vamos, lo que suele ocurrir cuando el pueblo se echa a la calle bajo un diluvio de grados centígrados. Por si fuera poco, la colombiana logró el más difícil todavía, conse- Fue una noche de ombligos, corpiños, volúmenes cóncavos, volúmenes convexos y formas por todas partes, El oso ha dejado la confortable sombra del madroño y ya entrena con la pértiga en sus muchas horas libres guir que Alejandro Sanz cruzara el Charco y se presentase en la Puerta de Alcalá para echar una mano. En calles diminutas como la de Pedro Muñoz Seca, a cien metros del escenario, la estabilidad de los matrimonios veteranos se ponía a prueba: Que no, Jesús, que yo no meto otra vez por ahí Ese ahí eran miles y miles de personas que no se querían perder la fiesta. Matrimonios, novios, amantes, y mujeres, muchísimas mujeres, que para algo sobre el escenario estaba una de armas (musicales) tomar. Y, por supuesto, muchos amigos que esta mañana se habrán levantado siendo bastante más, mucho más que amigos, porque a esas horas, y con el torrente de carnalidad y sensualidad que llegaba de las tablas, no sólo estaba caliente el asfalto. Eso queda para los amantes de las estadísticas, pero todo parece indicar que allá por marzo, más o menos, le vamos a dar un buen empujón a nuestra depauperada demografía. Por supuesto, al final del concierto apareció por allí don Alberto Ruiz- Gallardón, arremangado y descamisado él, y se le veía más contento que unas Pascuas, aunque nos queden un poco lejos. Él y su equipo se lo merecen, en la cuestión olímpica se está currando lo que no está en los escritos. El oso ha dejado la confortable sombra del madroño y pértiga en ristre se hará un deportista de elite. La Cibeles ensaya para los cuatrocientos metros vallas. Y el bueno de Neptuno, ha puesto sus barbas a remojar y entrena a marchas forzadas los cien metros mariposa. Una fiesta que Shakira nos regaló desde el fondo de su corazón y también desde el fondo de su pecho. Y ya se sabe, que a lo hecho, pecho. Que quede entre nosotros, pero hemos tomado la delantera.