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26 Internacional LOS RETOS DE LA UNIÓN RENOVACIÓN POLÍTICA EN ALEMANIA LUNES 6 6 2005 ABC Con la líder democristiana llegaría al poder una mujer de fuertes raíces en la antigua Alemania del Este, con una visión del mundo muy diferente a la de Schröder o Fischer Ángela Merkel, al asalto de la Cancillería POR RAMIRO VILLAPADIERNA. CORRESPONSAL BERLÍN. Con que una parte suficiente de los 20 puntos de ventaja sobre los socialdemócratas se mantuviera hasta mediados de septiembre, Ángela Merkel podría ser la primera mujer canciller de Alemania y la primera proveniente de las desnortadas regiones orientales de la antigua RDA. Es más: la germana más poderosa desde la emperatriz María Teresa. Junto a ella cerraban filas los conspiradores jefes de gobierno democristianos de 10 de los 16 estados regionales. A la cabeza, Edmund Stoiber, que tanto ambicionó la Cancillería, y cuando el bávaro bajó la cabeza y le demostró públicamente la confianza de su grupo socialcristiano (CSU) esta tenaz y autónoma fondista casi se emocionó. Nacida como Ángela Kasner en la hanseática Hamburgo, hija de un pastor luterano trasladado a la zona soviética, creció de niña en la pequeña y oscura Templin, fue miembro de la juventud comunista (FDJ) y los archivos de la Stasi han revelado que fue tanteada como posible colaboradora. Le costó entrar en la Universidad, pero entonces decidió que no quería enseñar bajo aquel régimen y optó por investigar y doctorarse en Químicas. Estos pasajes, inaprensibles para la confortable CDU occidental, han contribuido a que Merkel, de 50 años, haya sido vista con desconfianza por renanos y bávaros del viejo partido del boicot a la RDA. Además de ser mujer, protestante, divorciada y sin hijos. Pero hasta sus fieles admiten carencias de carisma, sobre todo frente a encantadores de serpientes como Schröder y Fischer. Un encuentro con la prensa no suele elevar su valoración, pues pese a sus estudios, no es química lo que le sobra a esta perseverante dirigente con un debatido corte de pelo. Los liberales existen R. V. BERLÍN. Aunque epidérmicos en una sociedad tan colectiva como la alemana, en tiempo de elecciones siempre hay que recordar que los liberales aquí también existen. SPD o CDU han necesitado casi siempre del FDP para gobernar, hasta que los Verdes raptaron esa cara parcela de poder. Siete años de travesía por la oposición del llamado partido de los empresarios ha sido tan duro que uno de sus dirigentes terminó matándose por llamar la atención; ahora su presidente, Guido Westerwelle, aspira a ser el primer ministro de Exteriores gay entre propuestas racionales antiburocráticas, con dosis de oportunismo colorista y euroescepticismo. Tal vez aún sea demasiado pronto para esas voluntariosas muestras de reconciliación generacional- -Colonia, Essen, Kassel- -que supondría una coalición CDU- Verdes. Angela Merkel, en el cuartel general democristiano en Berlín maestría en la manera en que ha conducido a la CDU a seis victorias, incluida la resonante de Renania y Westfalia que ha puesto al SPD contra las cuerdas del adelanto electoral. Pero Merkel entró tarde en política, en la concienciada Leipzig de finales de los 80: En mí hay 6 semanas de Hamburgo y 35 años de RDA. El año 89 me hizo un ser político Catapultada al primer plano de Berlín en 1990 como portavoz del primer gobierno democrático, allí AFP rango es la relación con España y, si poca comprensión ha sacado el Gobierno de Madrid de su nuevo amigo alemán, menos podría encontrar el presidente Zapatero en una canciller rebotada de neoizquierdismos. El alto dirigente Friedbert Pflüger asegura sin embargo que Merkel no repetiría una enemistad partidista como la sufrida entre Schröder y Aznar. Los que la tratan admiten que inspira respeto más que afecto y reconocen Modesta infancia Pero su modesta infancia, forzada a una esquina gris de Brandenburgo dentro de un régimen obsesivo, conforma una visión del mundo diferente a la rebelde juventud occidental aupada 30 años después a la Cancillería. Es probable que un relevo cambiase las escuetas relaciones con Washington, resultantes del oportuno antibelicismo de Schröder. Como todos los líderes del Este, Merkel apoyó para bien o para mal la guerra de Irak: Sé lo que es no tener libertad argumentó, y añadió una crítica sutil de tantos disidentes: Los occidentales no han peleado por su libertad ni saben apreciarla La relación con Francia siempre será institucional, pero, aunque educada junto a Kohl, pueden verse variaciones por el tardío acceso de Merkel al concepto franco- alemán. De menor la encontró entonces Helmut Kohl y la hizo su protegida. Lejos ya el empujón de Kohl, que la hizo ministra de Medio Ambiente con 35 años, Merkel no dudó tras la derrota del 98 en pedir un cambio generacional y mucho le ha costado abrirse camino por unas bambalinas políticas típicamente corporativas y masculinas. No es ni muy liberal ni muy radical, y subraya su compromiso con la vía alemana de mercado social así que la arquetípica comparación con Thatcher la rechaza como coger el rábano por las hojas Sí, las dos somos mujeres y las dos estudiamos ciencias Pero ella estaba contra la reunificación y yo soy un producto de ella Si ganara, sería un triunfo sobre la germanofobia de Thatcher; pero si Merkel cayera en el euroescepticismo de moda, habría ganado finalmente Thatcher. Sabido es que Schröder gana en las distancias cortas y que la generación del 68 se resistirá como gato panza arriba a salir por la gatera de la historia. Seguramente los estrategas de la CDU mantendrán presente la campaña de 2002, en la que una ventaja similar del candidato Stoiber fue decayendo, anegada por las inundaciones y la polémica de Irak. Tal vez recuerden a Washington la ayuda que entonces prestaron a Schröder y pidan a Bush un alto el fuego, al menos en campaña.