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ABC LUNES 6 6 2005 7 ra confrontar racionalmente diferentes ideas de Europa con diferentes grados de integración y orientaciones ideológicas. Desde hace unos años, los dos principales Estados miembros, Francia y Alemania, habían dejado de funcionar como motor de Europa y sus propuestas no se han basado tanto en una idea de Europa, como en una orientación defensiva ante los efectos negativos de la ampliación y de la globalización. En asuntos de seguridad y defensa no han propuesto alternativas reales al pacto atlántico ni han mejorado las casi inexistentes capacidades de defensa europea. Los Gobiernos de París y Berlín además no han impulsado las reformas económicas necesarias ni el plano doméstico ni en el europeo, alrededor de la Agenda de Lisboa de 2000, han debilitado el Pacto de Estabilidad y niegan una solidaridad suficiente hacia los países del Este en los siguientes presupuestos 2007- 2013. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LOS INSTITUTOS RAS el golpe francés en el referéndum constitucional europeo, los miembros del jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades han tenido el sentido común y el acierto de premiar a la Vieja Europa y sus lenguas viejas en las instituciones del Cervantes, el Británico, el Goethe, el Camoes, la Alianza Francesa y la Sociedad Dante Alighieri. Estoy seguro de que no a todo el mundo le parecerá bien premiar a la torre de Babel europea, sobre todo en tiempos tan críticos para la construcción europea imaginada desde arriba por las elites, pero se me hace difícil concebir, a toro pasado, mejor elección en el contexto actual. Ahora se J. J. ARMAS acusa a las clases polítiMARCELO cas europeas de dirigismo. No sólo es una hipótesis- -porque la práctica ha venido a demostrarlo- -el que las elites políticas, en particular, y las clases dirigentes europeas, en general, hayan concluido con frivolidad excesiva que ellas y sólo ellas eran las llamadas a fabricar la Europa del futuro inmediato por el simple hecho del peso de la púrpura. Más aceite da un ladrillo. La crisis está servida y muy dura ha sido la caída, no precisamente en un colchón de plumas. Mientras tanto, los institutos de las grandes lenguas europeas, en digno y noble torneo, divulgan en la Europa vieja y en el resto del mundo culturas tan añejadas y seculares que sólo los paletos y patanes se siguen preguntando quiénes somos, de dónde venimos y como expresa con sarcasmo un chiste tan viejo como renovado, adónde vamos a cenar Se dijo que el bolsillo, en su más vulgar acepción, era el concepto que uniría a los países grandes y pequeños de Europa en un solo mercado. Se añadía la cultura, lujoso furgón de cola, como lugar común de entendimiento, a pesar de la diferencias lingüísticas y las distancias culturales de nuestros países. Y para colmo, y de manera sospechosamente interminable, se le otorga a la cultura europea una excepcionalidad que no a todo el mundo nos resulta cómoda, porque huele a resabio intervencionista y a sociedad subvencionada. Y sociedad subvencionada, sociedad fracasada. Pero sucede que, si hay una excepción en la cultura europea que se ha ganado a pulso el título de excelencia en todos los territorios donde ha puesto su geografía e historia, esa excepción se encuentra en los institutos europeos galardonados justamente con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Por eso hay que resaltarlo con moderado pero firme optimismo en estos momentos: en tiempos de crisis, unir lo que de verdad es europeo- -porque es del común interés para todos los europeos y para el resto del mundo- -en un solo universo es un acierto histórico digno de ser aplaudido. T ÁNGEL CÓRDOBA antiguos y permite preguntar a todos los europeos. Todos los ciudadanos y los gobiernos nacionales deben tener la misma legitimidad a la hora de decidir el futuro común y para eso habría que terminar de escuchar a los pueblos europeos, de modo que cada gobierno tuviese un mandato claro. No obstante, puede que no sea posible seguir ratificando una vez Francia y Holanda han dicho no, ya que la decisión depende de cada Estado miembro. El riesgo entonces no sería quedarnos sin Constitución sino que este parón reflejara una Unión sin utopías ni pulso pa- A pesar de ello, en medio de este repliegue sobre sí mismos, París y Berlín impulsaron en 2001 una reforma ambiciosa de los Tratados. La Convención y los veinticinco gobiernos acordaron al final de las negociaciones mantener la mayor parte de lo conseguido en cincuenta años, seguir con un método comunitario de integración e incluso ampliarlo a nuevos ámbitos como la cooperación judicial y policial. Ha sido sin duda el futurista nombre del texto resultante, Constitución europea lo que ha provocado los referendos, las expectativas y también los rechazos y ha animado un proceso de deliberación democrática sobre la Europa que queremos. Más allá del sí o no a esta Constitución, lo que importa ahora es mantener vivo el espíritu constitucional. Es decir, no tanto acertar con los planes B sino promover más debates ciudadanos sobre una Europa con más o menos competencias, liberal o socialdemócrata, federal o intergubernamental, laica o cristiana. En lo posible, debemos hacerlo sin filtros de gobiernos nacionales, que con frecuencia se apropian de las noticias buenas sobre Europa y atribuyen al sistema europeo las noticias malas, lo que promueve el juicio político negativo de los ciudadanos sobre la Unión. Al fin y al cabo, una vez pase la polvareda pesimista, en buena medida nos seguiremos gobernando desde Bruselas y negociando en las instituciones europeas los síes y noes de cada día. PALABRAS CRUZADAS ¿Puede llegar a ser Nadal el mejor tenista del mundo? PUES, VA A SER QUE SÍ NO, PORQUE LE FALTAN ADJETIVOS AFA Nadal viene de Mallorca, tiene modos de pijo- Iglesias, es madridista y juega al tenis, donde defiende el fondo de la pista con la misma contundencia que su tío el futbolista defendía la media luna del área. Por sus maneras de mirar, con ellos nunca sabe uno dónde irá a caer la pelota. Pero ete vos... ¿a quién se lo desís? se guaseaba el guapo Esnáider de Nadal el futbolista cuando éste se quejaba de haber recibido en un córner un codazo del chulo argentino. ¿Y a quién le dice Nadal el tenista por qué lado meterá el passing- shot Yo no nací, perdonadme, en la edad de la pérgola y el tenis, pero, con todos sus méritos a cuestas- -esa formidable mentalidad suya de ganador, etcétera- a Nadal le sobran gritos y le faltan adjetivos para ser número IGNACIO RUIZ uno de la historia. Acústicamente, la final QUINTANO de Roland Garros resultó una berrea de cérvidos fuera de temporada, cosa, por cierto, que también ocurre con los toreros modernos, a quienes el psicólogo- -esta generación ha sustituido el alma por la psique- -les recomienda gritar para sacudirse el miedo. ¿Y los adjetivos? Los estilos tenísticos se dividen, como los literarios, en dos categorías: estilos activos, con el máximo de verbos y el mínimo de adjetivos, y estilos cualitativos, con el máximo de adjetivos y el mínimo de verbos. El estilo de Rafa Nadal es activo, y nadie con un estilo así se ha mantenido mucho tiempo en lo alto de ese deporte de urbanización que es el tenis. E S zurdo, como Paul Newman en el papel de Billy el Niño. Y de Mallorca, como esas gigantescas obleas espirales y azucaradas que se llevan los guiris al hielo para pasar el invierno. Tiene un brazo (dos, se entiende) como un jamón de recebo y una mirada tan poco tranquilizadora como la de Eastwood dentro del traje oscuro de Harry Callahan. Y empuña la raqueta igual que el otro la magnum 44... Desde luego, a uno no le gustaría ponerse en la piel del villano ante ninguno de los dos (la piel del villano, en el tenis, es puro cuero y lo asume la pelota) La impresión de los entendidos en este deporte (entre los cuales, sinceramente, no me hallo: lo mío es el ping- pong, que es lo mismo pero sin suOTI R. birse al tablero) es de que el destino inMARCHANTE mediato del joven Nadal es ser el mejor del mundo porque reúne los cuatro o cinco órganos y organillos imprescindibles para ello: corazón, cabeza, brazo, piernas y lengua... ¿lengua? Sí, para lamer las rayas del campo) Como verán, entre las virtudes necesarias para ser el mejor del mundo, no está la de tener un gusto impecable en el vestir: se puede ser un gran campeón y llevar puestos unos pantalones horrorosos. Desde luego, como gane en Wimbledon y vaya a recoger el premio con ese trajecillo de Peter Pan a dos lejías, a la Duquesa de Kent le da algo. R ¿Y usted qué opina? Déjenos sumensaje o su voto enla página web www. abc. es eldebate