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104 DOMINGO 5 6 2005 ABC Gente Hollywood se deja seducir por Broadway Decenas de estrellas del cine se han pasado al teatro en Nueva York, que hoy celebra sus Tony TEXTO: ALFONSO ARMADA, CORRESPONSAL FOTOS: ABC Kelly Osbourne, de tal palo tal astilla. La hija del cantante de heavy metal Ozzy Osbourne ha vuelto a someterse a un tratamiento contra las drogas. Kelly, de 20 años, ya ingresó el pasado año en una clínica para tratar de superar unos problemas compartidos no sólo con su padre, sino también con su hermano Jack. Unvi ejo adagio de los amantes de Talía dice que para dar fe de verdadero talento interpretativo es imprescindible exponerse en un escenario, donde no hay trucaje posible, nueva toma, correcciones en la lente o en la mesa de montaje. Desde que Marlon Brando demostrara su incomparable arte en Broadway antes de iniciar una procelosa carrera en el cine, hasta que Antonio Banderas se probara a sí mismo con notable éxito en un musical el año pasado, los teatros de la meca neoyorquina parecen galvanizados por estrellas de Hollywood que necesitan algo más que cine para alimentar su sed de ser otros y de palpar la devoción del público. Esta noche se fallan los Tony, los Oscar de Broadway, y entre los aspirantes a hacerse con uno de los galardones más cotizados de la escena estadounidense figuran Kathleen Turner, que protagoniza la reposición de la agria ¿Quién teme a Virginia Woolf? de Edward Albee, mientras que actores de dos generaciones, Alan Alda y Liev Schreiber, se disputan con otro compañero de reparto, Gordon Clapp, el galardón al mejor actor secundario por vibrante desempeño en otra reposición, Glengarry Glen Ross el crudo retrato que David Mamet hizo del mundo de los vendedores de fincas que fue bien acogido como filme y ha recibido excelentes críticas en su reencarnadura teatral. Otros pesos pesados del elenco hollywoodiense, como Denzel Washington, en un levemente controvertido Julio César no han pasado el corte para los Tony. Lo mismo le ha ocurrido a John C. Reilly, que le da la réplica a otra renombrada actriz, Natasha Richardson, en una nueva versión de Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams. Ethan Hawke y Elizabeth Berkley, que encabezan el extenso reparto de Hurlyburly una cáustica mirada bañada en sexo y drogas de los entresijos de Hollywood, se han evitado el mal trago de no ser candidatos a los Tony o el más amargo de no llevárselos de calle gracias a la decisión estratégica de los productores de la obra de David Rabe de presentarla en un nuevo complejo de teatros fuera del perímetro de Broadway. El matrimonio de conveniencia entre Hollywood y Broadway repite esta temporada una variante que cada vez se juega más a menudo en locales de Manhattan que contribuyen a afiebrar Times Square: la traslación al musical- -el género por excelencia de Broadway- -de recientes y antiguos éxitos cinematográficos: a Spamalot (basada en Los caballeros de la mesa cuadrada de los procaces Monty Python) uno de los taquillazos de la temporada pese a la guillotina de la crítica, hay que sumarle las calculadas adaptaciones al teatro musical de películas que dieron buenos dividendos, una de las razones, además de la falta de imaginación y gusto por el riesgo, que parece atenazar a los productores de Broadway: Un par de seductores El color púrpura Chitty Chitty Bang Bang y Karate Kid mientras clásicos contemporáneos como El fantasma de la ópera El rey León Chicago Los productores y La bella y la bestia o nuevas producciones de emblemáticos títulos, como Sweet charity siguen atesorando años en cartelera. Arriba, Sara Ramírez, protagonista del musical Spamalot del grupo británico Monty Python debajo, Christina Applegate en la nueva producción de Sweet charity