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ABC DOMINGO 5 6 2005 Los domingos 63 Vamos a hacer como hace la Lila -Ahora ustedes han empezado a trabajar con los propios niños. Me refiero a estos libros de Lila (Ed. Bearcon) que acaban de lanzar, con sus dibujos y su lenguaje para los pequeños... -Nosotros no somos escritores, sino científicos. Después de darle muchas vueltas y de consultar, hemos conseguido aprovechar nuestra experiencia para canalizar la enseñanza de esas pautas que necesitan tener los niños, a través de un personaje que les resulte divertido y al que puedan imitar. Porque los niños aprenden sobre todas las cosas por imitación. Más que lo que decimos les influye lo que hacemos, o lo que hacen sus hermanos, o sus amigos, y esto último tiene sus consecuencias cuando se trata de adolescentes que no han tenido las cosas muy claras. Nuestra idea era que imitasen a la Lila, -dicen la Lila un toque catalán, que es lo que ambos son, al fin y al cabo- una niña de cinco años con los problemas y las preocupaciones de una cría de esa edad. Se trata de un material muy didáctico, pero plasmado de forma atractiva, gracias a un estilo de letra, por ejemplo, pero también a las ilustraciones de Purificación Hernández. En cada cuento se trata un problema concreto: desde los primeros días en el colegio, hasta la muerte de un ser querido. Iremos sacando las historias a lo largo del tiempo. El objetivo es que los padres tengan una herramienta para animar a los niños a hacer como su amiga Lila: lavarse los dientes, vestirse, no tener miedo, ordenar sus cosas... -Lo del orden me parece una aspiración muy optimista... -Pero el orden también se aprende. Aunque ahora es cierto que los niños tienen montones de juguetes y a veces están desbordados... La oferta que tienen es enorme tanto en juguetes como en comida. De todas formas no nos pongamos a dramatizar. El problema no está en la oferta, sino la actitud de los padres. Si manejan esa oferta o cualquier situación con tranquilidad, los niños tomarán nota. El niño siempre capta lo que el adulto le transmite. Los cuentos de Lila quieren ayudar a los niños a reforzar sus buenos hábitos. Y pretenden ayudar a los padres con un cuaderno pedagógico que se añade al final de cada historia en el que se contestan las preguntas más frecuentes sobre el tema de que se trate. acentúan esa sensación de soledad de los padres: solos ante el peligro de imponer la ley los hábitos de que ustedes hablan... -Y, sin embargo, si las pautas se introducen pronto, si les enseñas en el primer año esos hábitos, los tienen para toda la vida. Niños y adolescentes necesitan normas y límites claros y concretos. Necesitan ver ante ellos un camino marcado por los padres- -y sobre el que los padres no se van a volver atrás en ningún momento- Tiene que ser un camino lo suficientemente amplio como para que se muevan y se revuelvan a veces, pero muy claro. Si el camino es demasiado estrecho intentarán romperlo con más dureza. -Como en tantas cosas- -señala Montse Domènech- -solemos pasar de unos extremos a otros. Ahora se está recuperando el sentido de la disciplina. Hay, incluso, centros escolares que la ofrecen como una señal de distinción. Habrá que evitar pasarse, pero yo creo que se está en una disposición mejor. -Un posible factor de distor- El problema no está en la enorme oferta de cosas que tienen los niños, sino en la actitud de los padres sión en la creación de pautas o en el establecimiento de una disciplina es el de las separaciones... -No tiene por qué. O no tendría por qué. Los padres y sus posibles nuevas parejas deberían tener claros unos principios y mantenerlos. Tal vez no muchas pautas, pe- ro que los niños las vieran siempre. Ese orden es, además, fundamental para sus vidas. Los niños sufren mucho por una separación durante el momento en que se produce, pero luego su capacidad de adaptación es extraordinaria. Mucho más grande que entre los adultos.