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ABC DOMINGO 5 6 2005 Los domingos 61 ward mantuvo su amistad con Felt hasta volver a integrarse en la plantilla del Post reparando siempre en el gran valor de este contacto pero sin poder aprovecharlo. En ese momento, que coincide con la muerte de Edgard Hoover en mayo de 1972, se producen dos circunstancias decisivas en la transición del entonces número dos del FBI a Garganta Profunda La Administración de Nixon decidió no ascender a Felt y optó por cubrir la vacante de Hoover con una persona de su confianza, Patrick Gray. Al mismo tiempo, un solitario pistolero a las afueras de Washington casi acaba con la vida del gobernador de Alabama, George Wallace. Un ultra- conservador, tan sureño como racista, con ambiciones presidenciales y demostrada capacidad para dividir el voto republicano. Watergate, Mark Felt se convierte en Garganta Profunda -sobrenombre inspirado por una película porno de moda- pero no sin antes establecer unas estrictas reglas de secretismo para no dejar en evidencia su ilícita colaboración con el Washington Post Nervioso y aplicando toda su experiencia dentro del FBI en tareas de contraespionaje, empezando por la caza y captura de infiltrados nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Felt prohíbe a Woodward cualquier contacto telefónico, visita o reunión en público. Y como alternativa subrepticia, ambos se ponen de acuerdo en un elaborado ritual para salvaguardar sus vínculos. Un trapo rojo en una maceta Woodward vivía en el sexto piso de un edificio de apartamentos, Webster House situado en el número 1718 de la calle P, junto a la plaza Dupont. Su vivienda era la número 617, con vistas a un patio interior. Para establecer contacto con su fuente confidencial, el plan consistía en cambiar de posición una maceta con un trapo rojo en su balcón. Señal que implicaba una cita para ese día, a las dos de la madrugada, en el último nivel de un aparcamiento subterráneo situado en la zona de Rosslyn, no muy lejos de la Universidad de Georgetown cruzando el puente Key. Para despistar, Woodward salía por la puerta trasera de su edificio para acudir a estos nocturnos encuentros, utilizaba múltiples taxis y caminaba varias manzanas antes de llegar al aparcamiento. Si Mark Felt quería iniciar un encuentro, el código pactado era una marca en la página 20 de la suscripción del New York Times que el periodista recibía en su casa. Durante un periodo de dos años de una cobertura del caso Watergate compleja y competitiva, Garganta Profunda compartió sus secretos en una decena de ocasiones. Tres décadas después de ese pacto de confidencialidad que no ha resistido la tentación de hacer dinero, las lecciones periodísticas de Garganta Profunda no se pierden precisamente en las profundidades de un aparcamiento. Pese a recientes fiascos como el de Newsweek y el asunto del Corán, la profesión en Estados Unidos insiste en que el uso de fuentes anónimas sigue resultando crucial para sacar a la luz abusos de poder. Pero al mismo tiempo, se insiste en que todas las historias de Woodward y Bernstein en el Washington Post -espaciadas a un ritmo impensable en la era de Internet- -estuvieron cimentadas en un monumental y analógico ejercicio de reporterismo, con cientos de entrevistas y revisión de toneladas de documentos. Una legendaria trastienda ocupada por intereses particulares, suerte y sacrificado trabajo. Historias de portada Durante los días siguientes, Mark Felt facilitó múltiples informaciones confidenciales sobre el tiroteo a Bob Woodward, que el joven periodista supo transformar en historias de portada para el Washington Post Un mes después, el 17 de junio de 1972, cinco individuos con un montón de dinero en billetes de cien dólares, sofisticados artefactos de espionajes y sospechosos vínculos con la CIA y la Casa Blanca eran detenidos mientras intentaban infiltrarse en las ofi- Woodward y Bernstein, en 1973. A la derecha, esta semana EFE cinas que el Comité Nacional del Partido Demócrata ocupaba en el exclusivo complejo de edificios conocido como Watergate a orillas del río Potomac. De forma casi inmediata, Bob Woodward y Carl Bernstein- -Woodstein- -escriben su primera información conjunta identificando a uno de los detenidos, James W. McCord, como coordinador de seguridad en la plantilla del Comité para la Reelección de Nixon. Y pre- cisamente al intentar confirmar la relación de los detenidos con Howard Hunt, ex agente de la CIA empleado en la unidad anti- filtraciones (los famosos fontaneros de la Casa Blanca, Woodward recurre a su amigo Mark Felt. En ese verano inicial del caso Las consecuencias de un robo de tercera Watergate es un exclusivo complejo de apartamentos, oficinas y hotel en el centro de Washington con una famosa lista de inquilinos donde figuran nombres como Monica Lewinsky, Alan Greenspan, Plácido Domingo o Condoleezza Rice. Lo que empezó como un robo de tercera terminó provocando una de las peores crisis constitucionales de Estados Unidos. Al final de este lío de dos años, el presidente Nixon se vería forzado a dimitir para evitar un proceso de impeachment y más de treinta altos cargos del Gobierno federal y del Partido Republicano terminarían en la cárcel por delitos de perjurio, robo, escuchas ilegales y obstrucción a la justicia. Toda esta ristra de cargos conspirativos fue una especie de metástasis, consecuencia de intentar ocultar la intrusión en las oficinas demócratas; es decir, consecuencia de operaciones de espionaje y trucos sucios ante las elecciones presidenciales de 1972, en las que Nixon obtuvo sin dificultades un segundo mandato frente al candidato demócrata George McGovern. Las pesquisas del Washington Post implicando a la Administración de Nixon, provocaron una investigación en El futuro periodista servía en la Armada cuando conoció a Felt: Teniente Bob Woodward, señor se presentó Watergate, un complejo de apartamentos, oficinas y hotel el Senado y el nombramiento de un fiscal especial. En ese contexto, el letrado de la Casa Blanca John W. Dean reconoció haber hablado con Nixon en 35 ocasiones sobre tácticas de encubrimiento, y el ayudante presidencial Alexander Butterfield confirmó la existencia de grabaciones secretas en el despacho oval. La caída de Nixon, protegido de toda responsabilidad penal por un polémico perdón de Gerald Ford, se precipitó cuando el AFP Supremo forzó la entrega de sesenta y cuatro grabaciones comprometedoras y el tumultuoso intento de destituir al fiscal especial Archibal Cox, que provocó una cadena de dimisiones en el Departamento de Justicia conocida como la masacre del sábado por la noche Cuando la Cámara de Representantes se disponía a formalizar una serie de acusaciones contra Nixon, el presidente anunció su dimisión, el 8 de agosto de 1974.