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32 DOMINGO 5 6 2005 ABC Internacional En plena crisis europea, los suizos votan hoy sobre su acercamiento a la UE Los helvéticos pueden decir también no al proceso de integración de la Unión del sí temen el aislamiento de Suiza, frente a quienes creen que la cooperación con la Unión Europea mermaría su sagrada soberanía nacional RAMIRO VILLAPADIERNA ENVIADO ESPECIAL SCHWYZ (SUIZA) Schwyz es un lugar lejano pero en el centro de Suiza, que es un país lejano en el centro de Europa. Esto es lo que preocupa al agitador diputado liberal por Zúrich Filippo Leutenegger, que preferiría seguir en un lugar desconocido pero soberano y no en el poroso centro de una UE que seduce con la abolición de fronteras. Suiza se debate hoy entre poner fin al aislamiento de la fortaleza alpina, defendida por cortadores de troncos con Rolex pero temerosos de la globalización, y un escepticismo que, tras los rechazos en Francia y Holanda, amenaza por extenderse de Dinamarca a los países checos y Austria. Pero Francia sigue siendo Francia, con el sí o con el no, y Suiza sigue siendo Suiza, sólo que tal vez en peor posición insiste Bruno Frick, autor del acuerdo bilateral en juego que prevé nuevos vínculos de cooperación con la UE en seguridad, lucha contra el crímen y asilo político. Aprovechar las ventajas de Schengen no tiene nada que ver con la Constitución europea declara Frick a ABC. b Los partidarios Los dos filos de la navaja R. V. SCHWYZ. Pese a una campaña con carteles aterradores, como denuncia la ministra de Exteriores, Michéline Calmy- Rey, Leutenegger asegura que su lucha no es xenófoba. Yo mismo soy romano si bien no de los que invadieron y nombraron a Helvetia, en tiempos de César, sino de la aquí denostada Roma de burócratas y ladrones dice. Uno de los méritos de la pequeña Schwyz es haber suplantado el nombre romano a la provincia, ofreciendo un sustituto conciso para la confederación; ésta echó aquí a batallar, pues la neutralidad se logró muy belicosamente. Tras vencer a la familia Habsburgo, los montañeses schwyzer se hicieron célebres como mercenarios, con fama en el saqueo de Roma; maestros en hacer del arma negocio, y valga el ejemplo del vecino Carl Elsener que, en 1884, inventó el que es ya símbolo nacional, la navaja suiza de Victorinox. Chirac y Schröder, con Doris, la esposa del canciller alemán, ayer en Berlín El país de Heidi Pero para oponentes como Leutenegger lo que está en juego es la soberanía: tras estos pasos se esconde la adhesión Buena parte de Suiza, que recientemente aceptó incorporarse a la ONU, no desea entrar en la UE, pero una mayoría de los jóvenes sí quiere estudiar y trabajar en Europa explica el publicista Roger de Weck: Tienen pánico a quedarse aislados, aquí arriba, en el país de Heidi Ciertamente, parte de Suiza vive como la aldea de Maienfeld, en la montaña sobre el Rín, donde Johanna Spyri localizó el cuento tras el que algunos suizos se esconden de la modernidad. Para los que abominan de Bruselas, Frick avisa de que el no a Schengen será en realidad un camino hacia la adhesión, porque Bruselas lo replanteará todo El último arroja un 55 por ciento a favor del nuevo acuerdo con la UE, frente a un 35 por ciento en contra. Los cantones franceses son más proclives a la UE que los germanos, que mantienen una airada autonomía de Alemania: Los alemanes son caóticos por más que se esfuercen argumenta un empresario textil en Zúrich. Schengen rompe el esquema suizo de la sagrada libertad interior en unas fronteras seguras admite Frick, quien también es notario en el cantón de Schwyz. La política suiza se hace en horas libres, aquí no vivimos del pueblo explica Leutenegger, al frente de la campaña contra la renovación de tratados con un ente enfermo y deforme como la UE Pero un rechazo ahora- -teme Frick- -sería comparable al desastre de los 90 cuando se votó contra la incorporación al Área Económica Europea (AEE) Para Leutenegger el aislamiento no está tan mal y su idea de abrirse al mundo no tiene nada que ver con el yugo de Bruselas Schröder y Chirac intentan reactivar el eje franco- alemán a costa del cheque británico R. VILLAPADIERNA El canciller Gerhard Schröder ha reaccionado en el poco espacio político que le queda, sorteando las invocaciones a la dimisión con una nueva salida a la arena internacional y con promesas de acuerdo para la futura financiación europea. Sin embargo, la llamada a permanecer por encima de los intereses nacionales no aclara si se refiere a su propio gobierno o a los que quedarían en inferioridad si prospera la contención presupuestaria para 2007- 2013 impuesta por los grandes. La iniciativa de Schröder de reunir a los seis fundadores de la UE para hacer frente a la crisis ha acabado en un mero tête à tête con Chirac. La foto puede buscar reforzar la maltrecha imagen del motor francoalemán pero no evita las diferencias con Londres, especialmente respecto a su intención de mantener el privilegiado cheque de en torno a 5.000 euros anuales; pero en pocas semanas será Blair quien presida los destinos de la Unión. Fuentes del Ejecutivo en Berlín aducen que, de reducirse el cheque, al que Alemania aporta una cuarta parte, Schröder estaría dispuesto a ceder en el límite del 1 por ciento del PIB comunitario. Chirac y Schröder