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12 La Entrevista DOMINGO 5 6 2005 ABC Viene de la página anterior Rindo homenaje a Adolfo Suárez por su papel decisivo Stanley G. Payne está considerado como uno de los historiadores más objetivos de la Historia de España. Es profesor emérito de Historia de la cátedra Hilldale- Jaume Vicens Vives, en la Universidad de WisconsinMadison de Estados Unidos. Miembro de la American Academy of Arts and Sciences y codirector del Journal of Contemporary History ha consagrado casi toda su obra a la historia contemporánea española. Su tesis es que un historiador ha de ser un activo participante. ¿De dónde viene su amor por España? ¿Qué le enamoró? -De mis orígenes geográficos en el suroeste de Estados Unidos, de las tierras del viejo Imperio español. El idioma que enseñaban entonces en las escuelas era el español. Así que empecé con un cierto conocimiento limitado del idioma, pero verdaderamente en parte es por una serie de sucesos. Cuando comencé los estudios de Doctorado no tenía ningún plan definido, pero el verano anterior leí dos libros sobre España que me dieron una visión de la Historia de España como algo muy interesante y poco estudiada en EE. UU. Luego tuve unos profesores que me alentaron en el proceso de hacerme un autodidacta. No había especialistas y decidí hacerme autodidacta de la Historia de España. El colapso de la República está dedicado a Adolfo Suárez y a los líderes y militantes de la Unión de Centro Democrático, que demostraron cómo construir una democracia en España. Su historia fue breve, pero gloriosa -Mi relación con Suárez Hay mucho más odio de parte de los radicales del País Vasco que hace cincuenta años. El odio ha aumentado Las fuerzas de izquierda creen que la Iglesia puede ser el bastión de los intereses conservadores de España la de escape, de reducir la presión dentro de la sociedad marroquí, y por eso no tiene demasiado interés en eliminarla. -En su ensayo El colapso de la República (La esfera de los libros) usted define a Azaña como un sectario, perseguidor del clero. ¿Era maquiavélico Azaña? -No, yo no definiría a Azaña como maquiavélico, porque el verdadero maquiavélico, si siguiera los planes del propio Maquiavelo, es alguien que analiza de un modo muy frío, muy objetivamente la situación política. Azaña cometió grandes errores de táctica política. Su sectarismo era muy simple, de base elemental y por eso fracasaba. -Hace nueve años aparecieron las memorias de Azaña y el entoces presidente Aznar se las llevó a su retiro invernal para leerlas. ¿Observa usted similitudes? -No creo que el señor Aznar realmente tenga mucha devoción a las ideas políticas de Azaña. Hace años quería presentarse como un hombre de intereses intelectuales progresistas y por eso invocó el ejemplo de la lectura de Azaña. -Usted ha publicado un ensayo titulado Cómo los nacionalismos destruyeron el imperio soviético ¿Pueden acabar los nacionalismos con la nación española? -Pueden hacerlo, siempre existe esta posibilidad. Yo espero que el nacionalismo no sea extremo como en el caso de la Unión Soviética, que fue una creación de toda clase de naciones diferentes. España tiene dos o tres nacionalismos importantes. Pero existe España y existe también la nación española y yo creo que la nación española, siendo mayoritaria en España, puede mantenerse de un modo u otro. El porvenir siempre es algo indescifrable. Habrá algunos cambios importantes, pero España no se va a colapsar como la Unión Soviética. No habrá una balcanización concreta de España. ¿Azaña fue el culpable del colapso de la República? -Tenía la responsabilidad principal del Gobierno de la República. Su rechazo y su negativa a una situación de mayor consenso, a la posibilidad de un Gobierno más estable, más amplio y ancho para representar a otros sectores y para dar Gobiernos más estables y menos sectarios, fue una responsabilidad muy grande. Azaña no quería ninguna Guerra Civil, pero tampoco quiso tomar las medidas necesarias para evitar la Guerra Civil. Luego, la noche del 18 al 19 de julio sí que nombró al Go- es casi nula. Le conocí en un Congreso de UCD en 1978. Conctactos personales, poquísimos. He querido homenajerle con mi absoluta admiración por su obra, por su papel tan importante y decisivo en la Historia de España y en su democratización. -Su hijo, Adolfo Suárez Illana, reveló días pasados que su padre ya no recuerda que fue presidente del Gobierno y ya no conoce a nadie -Es una lástima. Aunque él no pueda leerla, es de justicia la dedicatoria. -Entre los historiadores españoles parece que se han abierto varios frentes y trincheras con respecto al tratamiento de la Guerra Civil. ¿Con cuál se alinea? -No hay mucho debate en España entre los historiadores sobre la Guerra Civil. Ha habido un montón de publicaciones en los últimos cinco años sobre la represión de Franco, pero no acerca de la Guerra Civil ni sobre las cuestiones más trascendentes y más importantes. Es muy fácil criticar a Franco, políticamente rentable. Pero en las cuestiones fundamentales no hay debate. Parece que existe casi un consenso entre los catedráticos de Historia de España de no estudiar estos temas de modo muy serio, ni dedicarse a otras cuestiones como las de antes de la República. Para llenar esta laguna es por lo que he decidido publicar este libro bierno de Martínez Barrio. Fue un Gobierno de conciliación, pero ya era tarde porque había comenzado la Guerra. -Usted sostiene que el golpe lo dio Mola y no Franco. -Fue el golpe de Mola y fue muy difícil de organizar debido a la división de los militares. El Ejército español se dio cuenta de que realmente una sublevación sería un paso muy extremo, muy difícil, muy violento, con posibilidades totalmente inciertas de éxito. Y por eso resultó muy difícil para Mola lograr un consenso y ganar bastante apoyo entre los militares para crear una conspiración. Mola se dio por vencido en varias ocasiones por la división de los militares. Tampoco lo quería hacer Franco, que era de los menos entusiastas en cuanto a alzarse. Así que dio su aprobación solamente después del asesinato de Calvo Sotelo. Franco pensaba que una sublevación podía originar una Guerra Civil muy difícil y con resultado muy incierto. -Mantiene usted que la Guerra Civil se pudo evitar. ¿Cómo? -Había toda clase de propuestas, como un Gobierno más amplio de proyec- to, no tan sectario como el de Casares Quiroga, con una política más firme en cuanto a mantener el orden, a controlar la indisciplina social y a dominar el Ejército. La propuesta del Gobierno de Prieto hubiera sido una de las salidas más deseables, pero fue vetado por el sector caballerista de su propio Partido Socialista. Había otros intentos por parte de personas del partido del propio Azaña, que querían un Gobierno con poderes fuertes. Más o menos, una dictadura republicana, pero ese intento fue desechado por Azaña. Fue demasiado tarde.