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ABC DOMINGO 5 6 2005 La Entrevista 11 la Iglesia puede ser el bastión más importante de los intereses conservadores de España y por eso hay más confrontación con ella, con la Iglesia. Yo creo que esto ha sido una exageración por parte de Zapatero. ¿El matrimonio entre homosexuales sería parte de esa revolución cultural de Zapatero? -Sí. Y la revolución cultural es fácil de hacer. Es muy diferente de un cambio constitucional o de la negociación con ETA. Son cambios fáciles porque legislas en el Parlamento con los votos y suscitas una oposición menor. Es un modo de lograr victorias rápidas. ¿La unidad de España está suficientemente consolidada? -No. Existe un cierto nivel de unidad, pero es un nivel incompleto. No es un nivel consumado. ¿Quién amenaza esa unidad? -Tres o cuatro cosas de dimensiones bastante diferentes. Por un lado, no hay mucho sentimiento de patriotismo español, sobre todo entre los jóvenes. No hay mucho sentimiento de entrega, de sacrificio, de querer dedicarse a ese patriotismo. Y eso es un gran problema. Otra cosa es la presión constante de los terroristas y del nacionalismo radical, mucha presión, mucho conflicto, que pueden intervenir en la existencia del país. Otra cosa también es la diferencia entre los partidos nacionales, que sufren en estos momentos de una mayor crispación en sus re- La izquierda ha invocado la memoria de la guerra como palanca o arma política contra la derecha El debate sobre las Autonomías va a ser muy difícil de resolver. Será el drama de España El nacionalismo radical no tiene que ver con libertad o identidad, es sólo una búsqueda de poder laciones mutuas. No existe la cooperación deseable entre los dos partidos nacionales. De modo que tenemos varios factores diferentes, un cierto ambiente de débil patriotismo en la sociedad, malas relaciones entre los partidos nacionales y luego la presión constante del nacionalismo radical. ¿Y con todo ello, cree que se ha superado el odio? -Depende. Hay actitudes diferentes. Hay mucho más odio, por ejemplo, de parte de los radicales en el País Vascos, que hace cincuenta años. El odio ha aumentado por parte de los radicales que han cultuvado ese odio. Odio entre los vascos y de parte de muchos vascos con respecto al Gobierno de España y a los españoles. En cambio, en otras partes de la sociedad española ha desaparecido. El odio entre las derechas, por ejemplo, en gran parte se ha difuminado. Ha habido más crispación de actitudes entre las izquierdas en los últimos años: un intento de resucitar el odio. Es difícil medir hasta qué punto esto puede alcanzar un éxito político. Espero que no. Yo creo que realmente entre gran parte de los socialistas no existe gran odio. Pero ha habido intentos de suscitar el odio político, no en los términos tan violentos como hace setenta años, pero sí en los de una crispación deseada por cietos sectores políticos. -En 1974 publicó un libro sobre el nacionalismo vasco. Un cuarto de siglo después, ¿cómo lo ve? -En aquella época tuve contactos con nacionalistas como José Antonio Aguirre, que tenía mucho que hacer. Lo admiraba desde el punto de vista positivo de ese nacionalismo. Hoy, mi perspectiva ha cambiado mucho. Veo el nacionalismo como algo que no tiene que ver con libertad, ni con identidad. El nacionalismo radical es una exigencia, una búsqueda del poder. Es exclusivista. El nacionalismo vasco vive un momento de radicalización patológica que le ha convertido en totalitario e imperialista, con lo que siempre busca más y más poder y nunca está satisfecho. En cambio, el catalanismo moderado puede ser un movimiento constructivo. -España ha amanecido últimamente con varias polémicas. Primero, el Gobierno Zapatero decide retirar las últimas estatuas de Franco. -Siempre hay cambios de símbolos históricos en todos los países, pero también es importante que estos cambios se lleven a cabo del modo más consensuado, que no se deban al sectarismo de un partido político. Debe ser algo que represente más o menos un consenso general de la nación. Lo que temo es que estos cambios muy recientes han sido el efecto de una política sectaria del Partido Socialista y no representan necesariamente un consenso mayor. -Luego asoma en lontananza qué hacer con el Valle de los Caídos. -Teóricamente, el Valle de los Caídos es lo que es: un monumento a todos los caídos. Sin embargo, al Valle siempre se le ha identificado con Franco. Por eso, si se respeta la Basílica y la tumba, la posibilidad de reconversión en un monumento más equilibrado posiblemente no sea una cosa mala, sino algo positivo. -Y se reabre la herida del Archivo de Salamanca: ¿La represión política se convierte en arma política, en historia arrojadiza? -No se trata de una cuestión sobre la represión, sino de tener un Archivo Nacional sobre la Guerra Civil. Lo que ocurre en todos los países normales es que sólo hay un Archivo Nacional, un Archivo central. La idea de que entonces parte de este archivo pertenece, más o menos como propiedad privada, a varias instituciones de Cataluña es algo que tiene su lógica desde un cierto punto de vista, pero de verdad, en cuanto a los intereses mayores de conservar un Archivo Nacional de la Guerra Civil, no es un procedimiento normal en otros países. Así que me temo que también esto es un producto de un cierto sectarismo político. Es importante para toda España tener un Archivo general. Y completo. ¿Cómo valora el tema de la inmigración y la propuesta de Papeles para todos del Gobierno Zapatero? -Es un problema enorme. Mi opinión personal es que el Gobierno de Zapatero se ha excedido en entregar tan fácilmente documentación a tantos indocumentados, a tantos inmigrantes ilegales, porque realmente está creando más problemas para el porvenir. Y se ve que es un paso realmente muy criticado y reflejado por los otros Gobiernos europeos, sus grandes aliados, como Francia y Alemania, que han adoptado una política muy diferente con respecto a la inmigración. El Gobierno español se ha colocado en una posición muy minoritaria. ¿Y el drama de las pateras? -Es terrible. Es un problema para los marroquíes. Lo que ocurre es que no hay bastante cooperación por parte del Gobierno marroquí, porque la inmigración ilegal para ese Gobierno de Marruecos funciona como una válvuPasa a la página siguiente