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ABC SÁBADO 4 6 2005 Los sábados de ABC 115 EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO LAS COLINAS AZULES Empaparse de imágenes Cristina García Rodero ha respondido a la invitación de Notodofotofest. com con la serie que ha titulado Aquaria Unas fotografías en las que el agua es el medio material por el que se transmiten las emociones. Fotografías que se bastan a sí mismas, que alcanzan directamente al espectador, sin necesidad de mayores explicaciones. Esta autosuficiencia de la fotografía la recalcan la cita de Raymond Depardon que García Rodero (quien acaba de sumar la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes- -en la modalidad de Fotografía- -al Premio Nacional de Fotografía que ya le había sido concedido en 1996) añade a la serie: Si fotografías, no hables, no escribas, no te analices, no respondas a ninguna pregunta Todo un baño de imágenes cargadas de sensibilidad. T ¿Llegada al Paraíso? Una serie En Madrid compuesta por tres autorretratos anónimos Quien aparece en las imágenes es el autor, pero podría ser casi cualquier otro inmigrante. Tres momentos de vida: el viaje (donde todo el mundo es invisible) el amor (el refugio, quizá el único) y la familia (la ausencia, la soledad) Tres piezas de vida, de una vida auténtica. También el realismo puede ser arte. Gary Manríque Robles nació en Lima (Perú) en 1972. En su país natal trabajó como fotógrafo para varios diarios. Reside en Madrid desde 2001. En algún otro lugar. El mundo pasa por otro lugar, en otro plano de las cosas, paralelo a mí Estas palabras, escritas por Robert James en su novela Los puentes de Madison County acompañan la serie Luz de noche El mundo es ajeno (también ancho) y la visión del artista muestra su extrañamiento. De noche la luz es la vida, pero la vida de otros, a la que uno no puede asirse, de la que uno no puede apropiarse. Javier Arroyo Martínez, nacido en Castellón hace treinta años, es un habitual de proyectos y asociaciones fotográficas de toda España. uve yo un archivador con la fotografía de unas colinas azules que lamento haber perdido, ahora que las he encontrado. No sabía que estuvieran entonces tan cerca, a diez horas de vuelo y tres de carretera, ni hoy tan alejadas, a treinta años de vida, las colinas azules, al norte del sur de África, donde ahora es otoño. Cuando se hace de día, el azul de estas colinas, que es más bien una bruma azulada que lo envuelve todo, empieza, como en una suerte de reacción química que la luz del sol precipitara, a disociarse en nítidos colores, y todo el azul sube al cielo, y todos los amarillos del sol bajan hacia una hierba muy alta que crece donde se inician las colinas que eran azules pero que con la realidad del día son naranjas, rosadas, por este otoño africano de frutos que cuelgan de las ramas con las más variadas formas, algunas voladoras, tan grandes que hacen pensar que aquí el viento tiene que soplar mucho más fuerte para que sus semillas se dispersen. Los troncos de estos árboles son casi todos grisáceos y siempre parece que hay entre ellos una manada de elefantes. Se llega a dudar de si estos árboles imitan las patas de los elefantes para defender sus frutos igual que con sus espinas blancas pues, al contrario del rinoceronte, las cebras, el león o las jirafas, el elefante invade todos los territorios, y aunque parta las ramas y algún tronco, en el fondo defiende de otros animales a estos árboles; o tal vez es el elefante el que se ha adaptado a ellos, y tiene patas en forma de tronco, y cuerpo que empieza a la altura de las copas, para tomar la sombra tranquilamente. Todo en el paisaje está escondido, la vida y la muerte, pero no hay crueldad porque no hay juego, y nada hay más cruel que jugar con la vida, y dejarte vivo, el resto de la vida. Ya en Madrid, hace un calor de feria de libro, y los tilos han florecido. Inmóviles, los árboles del mundo, viven de los movimientos de la Tierra, que parece detenida, en este aire de persianas bajadas de la casa de mis padres, en la sombra y el silencio del torneo de Roland Garros, como cuando yo estudiaba con mi archivador de colinas azules, aquí mismo, a treinta años de distancia.