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112 Los sábados de ABC SÁBADO 4 6 2005 ABC LECTURAS Los Austrias han desfilado por la consulta de un médico- historiador. El resultado, un libro que nos lleva de la locura de Juana a la impotencia de Carlos II. En el capítulo que reproducimos, el autor rastrea los males de Carlos I esde un punto de vista médico, sabemos que la infancia de Carlos I estuvo presidida por crisis epilépticas, algunas de ellas relacionadas con procesos febriles, tal y como padecen algunos niños actuales. Estas alferecías, si empleamos el lenguaje de la época, desaparecieron tal y como habían venido. Además padeció asma y adenoides, llamadas comúnmente vegetaciones, las cuales le obligaban a mantener permanentemente la boca abierta. Gracias a la multitud de retratos de que disponemos, sabemos que era de mediana estatura, de frente amplia, ojos azules, nariz aguileña y mentón prominente. Esta alteración anatómica es lo que en términos médicos se conoce como prognatismo. La historia del prognatismo en la nobleza española se remonta hasta Alfonso VII, quien lo transmitirá a su nieto, Alfonso VIII. Los herederos de este último, al casarse con los soberanos vecinos, traspasarán este rasgo facial allende nuestras fronteras. La desmesurada mandíbula obligaba al monarca a mantener la boca constantemente abierta, por lo que el punto de articulación lingual se encontraba avanzado, ocupando una situación interdental. Estas particularidades laringológicas, además de su interés médico, tenían su traducción lingüística, puesto que obligaban a Carlos a pronunciar con dificultad la ce y la zeta originando un ceceo permanente. Esta aberración fonética le generó un halo de extranjero permanente, que le ocasionó no pocos problemas con sus detractores castellanos. Según las crónicas de los embajadores venecianos, algunos de sus discursos eran ininteligibles. D La dentadura del Emperador en la desdentada boca imperial En cuanto al estreñimiento, para subsanarlo era preciso la aplicación de lavativas, lo que resultaba un verdadero tormento. La práctica de los enemas durante el siglo XVI estaba tan extendida que, en ciertos ambientes sociales, era considerado de mal gusto el hecho de no aplicarse un enema con cierta regularidad. La dieta del Emperador Por otro lado, el estreñimiento y las especias propiciaron la aparición de una enfermedad del extremo final del aparato digestivo: las hemorroides. Actualmente realizamos una serie de recomendaciones dietéticas a los pacientes con hemorroides como una dieta rica en fibra (fruta, vegetales y cereales) evitar el consumo de picantes (especias) alcohol, café, té, cerveza, chocolate, salazones y condimentos. los hábitos dietéticos opuestos a los gustos gastronómicos de Carlos. Es sabido que en Jarandilla sufrió dolores hemorroidales que fueron tratados por uno de sus médicos, el milanés Andrea Mola, con una hierba llamada caliopsis, que alivió en gran parte, hasta el punto de que Carlos mandó cultivar dicha planta en el monasterio de Yuste. Además, le recomendó, con buen criterio, que suspendiera el consumo de cerveza, ¿Cuál fue la respuesta del César? La que era de esperar: Y S. M. respondió que no lo haría. El soberano prefería los alimentos alemanes y flamencos, en especial las salchichas, a los nacionales, con excepción de aquellos de localización muy concreta y de sobrada fama, lo que hoy nos atreveríamos a llamar productos con denominación de origen Entre estos manjares se encontraban las anguilas de Valladolid, la ternera de Zaragoza, la caza de Ciudad Real, las aceitunas de Extremadura, los mazapanes de Toledo o, lo cual no deja de ser curioso, las ostras de Sevilla. En Yuste disfrutó Título: Enfermedades de los reyes de España. Los Austrias. De la locura de Juana a la impotencia de Carlos II el Hechizado Autor: Dr. Pedro Gargantilla Editorial: La esfera de los Libros Fecha de publicación: 7 de junio Precio: 25 gió España, y dentro de su vasta extensión, se inclinó por un lugar apartado, de difícil acceso: el monasterio de Yuste, en Cáceres. Pronto la noticia de la llegada de Carlos a la comarca de La Vera se extendió por toda la Península. A partir de ese momento cientos de paquetes empezaron a recorrer los caminos de toda España con un destino común: Jarandilla. El emperador recibió presentes de los lugares más distantes: Valladolid, Toledo, Zaragoza, Sevilla e incluso Lisboa. ¿En qué consistían estos regalos? Todo tipo de manjares que hicieron las delicias del soberano. La gula del impenitente emperador merece una consideración especial, por lo que haremos un paréntesis en nuestro relato. El prognatismo le propició problemas de masticación, y, con ellos, de digestión A Carlos, al igual que a la mayoría de sus contemporáneos, los restos alimenticios se le acumulaban por doquier entre las piezas dentarias. Por ello, utilizaba esponjas, que se insertaban en palillos de plata, para expurgar los restos de comida que tenían a bien permanecer Silla ideada por el doctor Mathys para la pertinaz gota del emperador. En la batalla de Mühlberg (a pesar de Tiziano) tuvo que quedarse en su tienda, preso de dolor. Por cierto, el pintor le retrata con signos de hepatitis viral El prognatismo determinaba el acento de Carlos I, pero también su atormentado proceso digestivo Picar a todas horas ¿Cuál fue el lugar elegido para pasar los últimos años de su vida? Carlos deseaba ante todo descansar. Así pues, esco- de algunas especialidades regionales desconocidas antes por él, como cierta variedad de perdiz conservada a base de echarle orina en el pico. Estos hábitos alimenticios fueron los responsables de la enfermedad que le atormentó durante toda su vida y que consiguió lo que los hombres no habían podido: doblegar al emperador. Nos referimos a la gota. El emperador tenía varios factores de riesgo para ser gotoso: unos hábitos alimentarios pantagruélicos, en los que predominaba la caza y las vísceras, y un elevado consumo de alcohol, fundamentalmente de cerveza. Aunque era un degustador de la práctica totalidad de las clases de cervezas conocidas en ese momento, la más placentera para