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110 Los sábados de ABC SÁBADO 4 6 2005 ABC VINOS DE ETIQUETA JOSÉ LUIS SILLERAS Coleccionista Las etiquetas tienen el valor de conservar una parte de la Historia de España Novillero, actor teatral, músico, fotógrafo aficionado, inspector de Banca y, desde hace unos cuantos años, el mayor coleccionista de etiquetas de vino y licores de España. Tiene en su haber más de ochenta mil que en alguna ocasión ha mostrado, aunque parcialmente, con motivo del Salón del Vino TEXTO: C. FUENTES A José Luis Silleras le entró la afición después de degustar con los amigos una botella de Vega- Sicilia Único (de esos que la bodega sólo embotella cuando la cosecha lo merece) y fue tan grande el placer que experimentó que quiso guardar la etiqueta como recuerdo de un trago insuperable. Para despegarla metió la botella en agua, la secó, la pegó en un papel y la guardó. Después vinieron otros tragos y, naturalmente, otras etiquetas y, poco a poco, sin darse cuenta, se enamoró de ellas y se encontró coleccionándolas. Guardaba no sólo las de las botellas que se bebía sino las que se tomaban sus amigos y las que le mandaban todos los que sabían de su afición. Y llegó el intercambio, la compra y el gusanillo del coleccionismo. Ahí está, deseoso de encontrar algo que merezca la pena (joseluissilleras hotmail. com Teléfono: 91. 323 57 90) Hoy, tiene la suerte de estar jubilado y poderle dedicar al coleccionismo todo el tiempo que requiere. No en vano ha logrado reunir más de 80.000 etiquetas de vinos y licores desde mediados del siglo XIX, algunas de ellas auténticos tesoros. Para guardarlas como estas joyas se merecen aprendió a encuadernar y como es un manitas él mismo se hizo los álbumes y las clasificaciones. Lo demás ha sido cuestión de suerte, paciencia y dinero. ¿Por dónde hay que moverse para encontrarlas? -Existe la Asociación Española de Coleccionistas de Etiquetas de Vino, que agrupa a más de 350 socios, y es el lugar idóneo para intercambiarlas, como hacen los niños con los cromos. Allí están desde militares de alto rango a limpiabotas de la Plaza Mayor de Madrid, porque a todos les une la afición. Ellos me ayudaron mucho y allí aprendí e hice amigos estupendos. José Luis Silleras consulta algunos de sus cientos de álbumes ¿Cuándo descubrió el mundo de las etiquetas antiguas? -En un lote de 400, todas antiguas, que compré hace años en la Plaza Mayor y que me vendieron por 150 euros, pero si me hubiesen pedido 3.000, las hubiera comprado igual porque hoy esas etiquetas no tienen precio. Me las vendió un señor que las tenía de su abuelo, que las coleccionaba. Las compré sin saber muy bien las joyas que adquiría. -Entonces, la afición al coleccionismo le vino al ver las joyas antiguas. -Pues sí. Fue cuando me empecé a mover por toda España buscando y buscando, porque hay que rebuscar mucho en bodegas y librerías de antiguo para encontrarlas. ¿Por qué en librerías? -Porque la gente las guardaba en los libros para que ni se doblasen ni se estropeasen y los libreros son los que las han encontrado. -Cuando un coleccionista muere, ¿qué hacen los herederos con su legado? -Por lo general lo suelen vender, porque no tienen afición. Además, si la intentan repartir es difícil porque nunca se hace a gusto de todos. ¿Qué satisfacción dan las etiquetas? -Como auténticas obras de arte que son, algunas tienen el valor de poder conservar una parte de la Historia de España, con sus modas, sus costumbres, sus personajes o la propia historia del vino... ¿Ha variado mucho la técnica? -Ya lo creo. Antes eran litografías y con esa técnica salían maravillosas obras de arte. Hoy, la mayoría son de diseño muy moderno, técnicas muy sofisticadas y bastante sencillas. No tienen el encanto ni el lujo de antes. ¿Se copiaban las bodegas? -Claro. Tengo ejemplares donde se ve claramente la copia de una etiqueta francesa, porque es el mismo dibujo, pero con el texto en español. ¿Cuál es la etiqueta más rara que tiene? -Quizás una que es una pieza única porque es una prueba de autor, que después se modificó y sólo hicieron esa. ¿Qué le falta por conseguir? -Muchas cosas, pero me gustaría hacerme con las cinco que no tengo de las bodegas de Agustín Blázquez (sólo poseo siete y son doce) Son de 1880, maravillosas. ¿Cuánto ha llegado a pagar por una? -No se lo puedo decir. Se enteraría mi mujer. ¿Y la más divertida? -Una de 1885 con dos ranas besándose. No deja de ser curioso que para vender un vino utilicen unas ranas, que viven en el agua.